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La importancia de estar hasta el...

Logotipo de Glamour Glamour 07/08/2017 Glamour

Ya sabes la palabra que falta. Los eufemismos que se usan para hablar de las “cosas de tías”, incluídos nuestros genitales, solo sirven para enmascarar una realidad.

“Mira papá se le ve el …”. No alcancé a escuchar cómo llamaba a mis genitales el niño de unos seis años que pasó a mi lado de la mano de su padre abochornado el pobre. Yo, que estaba tendida tranquilamente en una playa de Cabo de Gata, leyendo Canción dulce de Leila Slimani (merecidísimo Premio Goncourt que os recomiendo furiosamente) y tomando el sol en pelotas como acostumbro, me quedé pensando “¿cómo lo llamarán en casa de este niño?”. Y es que, como decía hace unos días la periodista Patricia Gosálvez en su artículo de El País 'Vulva hay que decirlo más', podría ser cualquier cosa. Chirri, chirla, toto, chocho, pipi, pepe… prácticamente existe una palabra, que suena a nombre de personaje de Pixar, por cada unidad familiar.

En el caso de los genitales masculinos, la terminología, aunque igual de variada está un poco más unificada: pito para públicos infantiles, “pene” aséptico y cortés y el omnipresente “polla”. Pero en lo tocante a los genitales femeninos, no hay consenso y además parece que cuanto más lejos de “vulva”, mucho mejor. En mi casa, por ejemplo, preferimos el castizo “parrús”, en mi ámbito laboral, usamos “coño con alegría y profusión.

1 © Proporcionado por Glamour 1

Sucede lo mismo con la menstruación. Ya sabéis. “Esos días”, “ese momento del mes”, “estar mala”. Sucede con frecuencia con muchas de las características y procesos que nos atañen solo a las mujeres. Todas estas expresiones son a la realidad, lo que el líquido azul de los anuncios de compresas es a la sangre: un sucedáneo que hace más digeribles las “cosas de tías”.

Recuerdo un buen ejemplo, en el ámbito de lo público, para ilustrar todo esto que quiero decir y que, aunque no lo parezca, forma parte de la misma estructura por la que el niño de la playa llamó a mis genitales dios sabe qué. En 2016, la CUP de Manresa propuso promover métodos de gestión de la menstruación más prácticos, baratos, inocuos para las mujeres y menos contaminantes que los tampones y las compresas. Tanto la oposición como los medios les atacaron y ridiculizaron. ¿A quién se le ocurre hablar de “esos días” en el pleno?

Por lo visto un proceso biológico por el que pasa la mitad de la población humana cada mes, que genera toneladas de desperdicios y miles de euros en gastos, no es digno de ser nombrado en las instituciones. Es una pequeñez, algo escatológico y bochornoso. Cosas de tías.

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Los eufemismos y nombres ridículos que rodean a los “asuntos de mujeres” no son algo intrascendente, forman parte de una manera de entender el mundo según la cual lo masculino es universal, y lo femenino es, pues eso, “femenino”, que lleva implícito, “secundario”.

Creo que es importante señalar que nosotras nos permitimos estar hasta el mismísimo coño solo de unos pocos años a esta parte y es que aunque anatómicamente por lo general nos fuera complicado estar hasta los huevos, aquella era la fórmula. De nuevo: lo masculino, lo universal.

El lenguaje moldea nuestra manera de ver el mundo y todas estas palabrejas inventadas, domésticas, bobas, infantiles pronunciadas siempre con pudor y nerviosismo no están a la altura de nuestras dignas vulvas, ni todos esos acertijos son necesarios para hablar de nuestras frecuentes menstruaciones. Niño, eso que se me ve, se llama vulva.

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