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La ruta de las camelias, otra excusa más para viajar a Galicia (de pazo en pazo)

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 24/03/2017 Ángeles Castillo

Nos sobran las excusas para ir a Galicia. Que si ya los barcos que arriban a las Cíes empiezan a zarpar, que si tenemos morriña de ría (de Muros y de Noia), que si nos gustaría conquistar otra vez la marinera Muxía, que si quisiéramos alcanzar el Cabo Vilán y su faro y luego recrearnos con los encajes de Camariñas, que si la dunas de Corrubedo al atardecer… Pero ahora hay una que es muy primaveral, la ruta de la camelia, aunque la flor en cuestión nazca llevando la contraria en invierno (florece ya en enero), y que nos lleva de jardín en jardín, de flor en flor y de pazo en pazo, de la mano de Rosalía (de Castro). Y, claro, también de Margarita Gautier, la 'dama' de Alejandro Dumas.

1. Ellas también vinieron de China. La verdad es que la ruta de esta flor que compite directamente con la rosa en romanticismo, que se lo digan a Chanel, podría ser también la de la seda, porque llegó directamente de China y Japón a finales del XVIII por obra de los navegantes portugueses. Y lo hizo para quedarse. Por supuesto, en los pazos y casas señoriales de la nobleza, sembrando de colores sus jardines, y extendiéndose después por la región hasta hacerse bandera, no tanto como el hórreo, el pulpo o Valle Inclán, pero casi.

Camelias en el pazo de Oca. © Proporcionado por Glamouratis Camelias en el pazo de Oca.

2. Como pez en el agua. La cuestión es que en Galicia la camelia lo tiene todo para ser feliz. Un clima húmedo, humedísimo; temperaturas suaves, de lo que se encarga paradójicamente el tantas veces violento mar, y suelos fértiles y ácidos. Este cóctel tan natural es lo que ha obrado el milagro: un crecimiento espectacular digamos 'cameliense' que tiene maravillado a medio mundo, incluidos nosotros. Hay hasta 8.000 variedades de camelia: japónica, sinensis, reticulata, sasanqua... Sobre todo, en La Coruña y Pontevedra.

3. Todo por la camelia. El plan con camelias no es solo que vayamos de pazo en pazo recreándonos la vista o querramos colocarnos una en la solapa para dar la bienvenida a la primavera, aunque llueva, sino que hay todo un calendario de actividades a su alrededor. Este fin de semana (25 y 26 de marzo), sin ir más lejos, hay exposición en la Capilla de San Roque de Sada (La Coruña) y la suma de conferencia, visita y menú en ‘Ven a comer la camelia’, en el pazo Quinteiro da Cruz, que está en Ribadumia (Pontevedra). Las actividades siguen en abril, con el certamen de exaltación de la camelia en las plantas ornamentales, en Mañón (La Coruña), por ejemplo.

La ruta pasa por el pazo de Rivadulla, muy cerquita de Santiago. © Proporcionado por Glamouratis La ruta pasa por el pazo de Rivadulla, muy cerquita de Santiago.

4. De flor en flor. La ruta de la camelia es un plan institucional tramado, a mayor gloria del viajero, por Turismo de Galicia y la Sociedad Española de la Camelia, que como las meigas haberla hayla. Se trata de hacer un recorrido por 12 pazos y jardines, públicos y privados, y de flor en flor. Primavera manda. Entre ellos, el pazo Quiñones de León (Vigo), que atesora un camelio cuya copa mide más de 15 m de diámetro; el de Oca, en A Estrada (Pontevedra), o el de Santa Cruz de Rivadulla, también llamado de Ortigueira, en Vedra (La Coruña), que presumen de ser los más antiguos de Europa. Auténticas joyas que nos hacen amar aún más la decadencia (estética).

5. De pazo en pazo. Siguiendo el rastro de la camelia llegamos al castillo de Soutomaior y a los pazos de A Saleta, Lourizán, Mariñán o Gandarón. No hay construcciones como los pazos, estas viviendas de arquitectura noble tan gallegas y, en honor a Emilia Pardo Bazán, tan literarias, que gozaron de un esplendor máximo entre los siglos XVII y XIX y que tienen más que ver con lo campesino y lo monástico que con lo militar y defensivo. Aquí lo que reina es la paz. Hoy tienen ese aire decadente que sitúa al visitante al borde mismo de la leyenda, la de las gárgolas, con sus torres, su capilla y su solana. Se respira melancolía por estos pagos.

Los pazos tienen más de monástico que de militar. En la imagen, el de Mariñán. © Proporcionado por Glamouratis Los pazos tienen más de monástico que de militar. En la imagen, el de Mariñán.

6. ¿El Versalles gallego? Nos tendremos que quedar extramuros, porque la mayoría solo se pueden visitar los jardines, pero verlos por fuera, admirar su majestuosidad, ya merece y mucho la pena. Además no hay dos iguales. El paisajismo en Rivadulla, que por cierto está habitado, es voluptuoso y selvático, al estilo inglés, junto al río Ulla, mientras que en Oca, que pertenece a la Casa Ducal de Medinaceli, se afrancesa, se vuelve coqueto y decorativo a la sombra del Pico Sacro; de ahí que se le conozca como el Versalles gallego o el Generalife del norte. El bucolismo es al por mayor. Las camelias mezclándose con carballeiras, bojs, olivos, magnolios, mirtos, en el primero. En el segundo, jugando al laberinto con rosas, castaños y demás, haciéndose el jardín dieciochesco, con un acueducto labrado y estanques propios de una villa cardenalicia, por lo menos.

El soberbio pazo de Oca. © Proporcionado por Glamouratis El soberbio pazo de Oca.

7. Del pazo al hotel boutique. Lo suyo sería alojarse en un pazo, pero no habiendo encontrado la posibilidad, hemos optado por darnos el lujo de hacer lo propio en un hotel boutique que es una casa solariega que fue una fábrica de papel, rodeada de robles centenarios, con jardines y fuentes. En A Quinta da Auga, un Relais & Châteaux de quitar el sentido al ladito Santiago de Compostela, que además tiene un paquete turístico para la ocasión.

La fachada de la lujosa y tentadora Quinta da Auga. © Proporcionado por Glamouratis La fachada de la lujosa y tentadora Quinta da Auga.

El pack incluye dos noches de alojamiento en habitación doble, desayuno bufé, masaje desestresante, acceso libre al spa, cena en el restaurante Filigrana del hotel con menú degustación y una visita guiada a los pazos de Oca, Santa Cruz de Rivadulla, donde el escritor Gaspar Melchor de Jovellanos dijo haber pasado los 54 días más felices de su vida, y Faramello, otra vez piedra, flores y agua, todo muy barroco, donde se disfrutará de un picoteo campestre antes de volver al hotel. El precio es de 884 euros para dos personas. Dónde: Paseo de Amaia, 23 B. Santiago de Compostela.

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