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Las 7 mejores 'croissanteries' de París

Harper's Bazaar Harper's Bazaar 05/04/2016 harpersbazaar.es

Bradley y Logan forman un dúo de artesanos de la harina que ha recogido el espíritu vienés de la bollería. Con él abrieron hace un par de años una de las nuevas panaderías de referencia. Son hermanos y entre sus maravillosos pasteles rellenos de frutas y panes encontramos unos croissants de mantequilla clásicos, de pequeño formato y algo alargados y apaisados, perfectos para los que quieren tomarlo a la plancha.¿Dónde? 225, rue de Charenton; 42, rue Réaumur.

Bradley y Logan forman un dúo de artesanos de la harina que ha recogido el espíritu vienés de la bollería. Con él abrieron hace un par de años una de las nuevas panaderías de referencia. Son hermanos y entre sus maravillosos pasteles rellenos de frutas y panes encontramos unos croissants de mantequilla clásicos, de pequeño formato y algo alargados y apaisados, perfectos para los que quieren tomarlo a la plancha.¿Dónde? 225, rue de Charenton; 42, rue Réaumur.
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Cuando las tropas del gran visir Mustafá Pachá pusieron cerco a Viena a finales del siglo XVII, tenían planes de anexionar Austria al Imperio Otomano. Lo que no entraba en sus planes era que su derrota diera lugar a uno de los iconos internacionales del desayuno: el croissant.

La estratagema del militar turco fue invadir Viena mediante un túnel que pasara bajo las murallas de la ciudad y que se construiría solo de noche. A esa hora, solo los panaderos estaban despiertos, por lo que fueron ellos los que alertaron al ejército Austrohúngaro y, así, fueron estos los que sorprendieron y vencieron al enemigo. En recompensa, Leopoldo I les reconoció honores y privilegios al gremio, que con gratitud inventó una serie de panes, entre ellos el croissant.

Sin embargo, cuando pensamos en esta rica pieza de bollería a base de dos tipos de harina, azúcar, mantequilla, levadura y agua no trasladamos la mente a Austria, sino a Francia; y más concretamente a París. La culpa la tiene August Zang, un oficial austriaco que decidió en 1839 abrir una panadería vienesa en la calle Richelieu de París. Su éxito puso de moda la pastelería del país centroeuropeo en la capital gala, lo que permitió desarrollar y mejorar las recetas hasta dar con el croissant actual, cuyo nombre como tal se marca a finales de ese siglo (hasta entonces se llamaba halbmond, 'media luna' en alemán, un guiño a la bandera otomana).

Más de un siglo y medio después, París sigue siendo la capital internacional de este bocado dulce, un titulo que no están dispuestos a perder así como así. De eso se encargan locales como los siguientes, considerados los mejores de la Ciudad de la Luz para probar el auténtico croissant francés.

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