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Las Alpujarras, Cadaqués y otros tres lugares mágicos donde despedir el año

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 29/12/2016 Ángeles Castillo


© Externa

En este día tan especial hay que irse a lugares que también lo sean. ¿Cadaqués y el mar de Cabo de Creus con ecos de Dalí y toda la cuadrilla? ¿Almagro y esa plaza prodigiosa en blanco y verde con promesa de corral de comedias? Estos cinco destinos son la prueba de que el paraíso, ya sea de mar o muros de piedra, también está a la vuelta de la esquina.

1. Cadaqués: el sueño de Dalí (y el nuestro)

El bello Cadaqués, tan blanco y junto al mar tan azul © Proporcionado por Glamouratis El bello Cadaqués, tan blanco y junto al mar tan azul

Quien dice Cadaqués y su bella estampa, sobre todo desde la iglesia de Santa María, su inigualable paseo junto al agua o su ambiente bohemio, dice Port Lligat, el pequeño puerto de pequeñas barcas de colores donde se levanta la blanca casa de Dalí (con huevos), y por supuesto el imponente Cabo de Creus, con su geografía casi de filigrana. Lo curioso de Cadaqués es que siendo tan turístico como es –en ocasiones, sobre todo veraniegas, insoportablemente turístico– conserva su espíritu de pueblo marinero del alto Ampurdán. El que fascinó no solo a Salvador, sino también a Picasso, Duchamp, Lorca, Magritte o Max Ernst. Y luego está que es el pueblo más oriental de la península, lo cual suma puntos para esto de decir adiós al año.

Para comer: el restaurante Compartir, en una casa del siglo XVIII con magnífico patio donde hacer honor al nombre y ser feliz (C/ Riera Sant Vicenç s/n).

Para dormir: el hotel Mas de Torrent, toda una referencia del Ampurdán, un Relais & Châteaux de aúpa. Está a 68 km de Cadaqués (Gerona). Si quieres quedarte allí mismo, el Compartir tiene apartamentos.

2. Cáceres, la ciudad de película

Una vista de Cáceres (Foto: Turismo de Extremadura) © Proporcionado por Glamouratis Una vista de Cáceres (Foto: Turismo de Extremadura)

Ni que decir tiene que esta ciudad es patrimonio de la humanidad, porque es, la mires por donde la mires, una joya. Da igual el rincón del casco antiguo por el que te pierdas porque todos te dejarán con la boca abierta. Atesora el segundo mayor aljibe del mundo entre sus murallas árabes, además de un barrio judío, restos de los primeros asentamientos romanos (por aquí pasa la Vía de la Plata) y un conjunto arquitectónico medieval y renacentista único. Toda una lección de historia y todo un espectáculo. Hay tantos palacios, tantas iglesias y tanta piedra que no se pueden contar. Ahí está la Torre de Bujaco presidiendo la plaza Mayor, cuajadita de bares con terraza, y al lado el arco de la Estrella. Y tras el arco, el palacio episcopal, el de Carvajal, la concatedral de Santa María, la Casa de los Golfines de Abajo, la de los Becerra, el palacio de los Veletas, la Casa Mudéjar… En cuanto llegues ya estarás pensando en volver. Es lo que tiene la ciudad extremeña.

Para dormir: el hotel Hospes Palacio de Arenales & Spa (Carretera N-521, km 52) que fue el palacio de verano de los Golfines, vinculados a los Reyes Católicos. Desde 115 euros.

Para comer: el restaurante Atrio, prodigioso también en lo arquitectónico (Plaza de San Mateo, 1).

3. Almagro, lo suyo es puro teatro

La plaza Mayor de Almagro (Foto: Turismo Castilla-La Mancha) © Proporcionado por Glamouratis La plaza Mayor de Almagro (Foto: Turismo Castilla-La Mancha)

Uno viene atendiendo a la llamada del teatro y la magia de su corral de comedias, que se ha conservado intacto y en activo desde aquel XVII hasta ahora, orgullo del Festival Internacional de Teatro Clásico, y luego se encuentra con una plaza mayor rectangular con soportales y galerías en dos pisos que es toda una virguería y de la que uno, para ser sincero, no querría irse nunca. Almagro, que es popular, palaciega y muy monacal, se hizo grande y rica a partir del siglo XVI gracias a las minas de mercurio de Almadén y a la presencia del todopoderoso Jacob Fugger, banquero de Carlos V. Abandonó la sobriedad medieval y se entregó al renacimiento. Y así luce. A solo 200 km de Madrid, camino a Cádiz, tan blanca y tan bella. Una vez aquí puedes acercarte al castillo de Calatrava la Vieja, a las lagunas de Ruidera o las Tablas de Daimiel.

Para dormir: el Parador de Turismo, un antiguo convento del siglo XVI. Desde 120 euros.

Para comer: restaurante La Muralla, en lo que fue la casa de un inquisidor allá por el XVI también. Mucha caza y mucha inspiración quijotesca hay por aquí.

4. Las Médulas, un paisaje que vale oro

Las Médulas, en el corazón del Bierzo (Foto: Patrimonio Castilla y León) © Proporcionado por Glamouratis Las Médulas, en el corazón del Bierzo (Foto: Patrimonio Castilla y León)

Este paisaje te parecerá de fábula, misterioso por demás y ciertamente fantástico (de fantasía). Y esta vez no se lo debemos a la erosión, sino a los romanos, concretamente a sus explotaciones auríferas y un sistema de extracción de oro muy llamativo llamado 'ruina montium'. Los picudos farallones que tiñen de color rojizo un entorno poblado de robles y castaños están en el Bierzo, al noroeste de los montes Aquilanos y son, atención, patrimonio mundial de la Unesco no sin polémica (por su alteración del medio ambiente). En la Casa del Parque de las Médulas encontrarás explicaciones sobre estas minas a cielo abierto que dieron mayor gloria al Imperio romano, con especial protagonismo para el monte Teleno y sus 2.000 metros.

Para dormir: un gastrohotel rural en pleno Bierzo, El Tiempo Recobrado (Avenida de Vilanueva, 33. Villamartín de la Abadía. León). Habitación doble: 65 euros.

Para comer: en el restaurante El Lagar de las Médulas, en Orellán (León).

5. Las Alpujarras, en las faldas de Sierra Nevada

Una estampa de Capileira, compitiendo en blanco con la nieve (Foto: Ayuntamiento de Capileira) © Proporcionado por Glamouratis Una estampa de Capileira, compitiendo en blanco con la nieve (Foto: Ayuntamiento de Capileira)

Podríamos haber ido a Granada a ver Sierra Nevada desde el mirador de San Nicolás, pero en esta ocasión hemos seguido dirección al mar por la montaña hasta dar con ese lugar mágico que sin duda es la Alpujarra granadina, con Capileira a la cabeza, pero seguido muy de cerca por Pampaneira, Bubión o Trevélez. Queremos tener esa sensación de casi poder tocar el Mulhacén (3.478 m de altura). Estamos en la parte alta del espectacular barranco de Poqueira: en Capileira, que es conjunto histórico artístico y paraje pintoresco, blanquísimo y con casas de piedra, laberínticas callejuelas o viejos lavaderos. Aquí las cumbres son poderosas y el valle inmenso.

Para dormir: el Castañar Nazarí. Desde 124 euros.

Para comer: El Corral del Castaño (Plaza del Calvario, 16). Capileira (Granada).

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