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Las dietas no funcionan ni garantizan la salud, pero pueden someterte a la ira del doctor

Vanitatis Vanitatis 16/04/2016 Marita Alonso

La máxima que rige en la actualidad parece ser la de que es imposible estar sano si pesas más de lo debido. Sin embargo, una investigación publicada en el 'European Heart Journal' ha determinado que la gente con sobrepeso no tiene más posibilidades de sufrir cáncer o problemas cardíacos que una persona con peso normal. La clave está en estar metabólicamente en forma. Otro estudio presentado en un 'meeting' del 'European Society of Cardiology' determinó que es más peligroso tener grasa localizada que ser obeso. Por ejemplo, aquellas personas con mucha grasa abdominal tienen más riesgo de padecer un infarto que una persona con notable sobrepeso. Además, no importa tanto la cantidad de grasa como el tipo de grasa. La subcutánea -tradicionalmente asociada a las mujeres- se ve más a primera vista, pero la que se acumula en capas internas y en órganos -más habituales en los hombres- es mucho más dañina.

Por si fuera poco, otro estudio del 'Journal of the American Medical Association' hace hincapié en lo que se llama la paradoja de la obesidad: los diabéticos de tipo 2 obesos viven más que los diabéticos delgados. La tasa de muerte de los diabéticos obesos al año es del 1,5%, comparado con el 2,8% que corresponde a los pacientes delgados. Esta paradoja indica que los obesos con enfermedades crónicas viven más años que los que están en su supuesto peso ideal. En un reciente número de 'European Heart Journal', se publicó que de los 65.000 pacientes con problemas cardíacos que participaron en el estudio, aquellos con sobrepeso vivieron más que los pacientes que tenían un peso moderado. La ciencia demuestra que estar delgado no es sinónimo de estar sano. Sin embargo, millones de personas se someten a dietas para bajar un par de tallas. Somos dietistas estéticos.

El 97% de los que están a dieta recuperarán el peso que han perdido en menos de tres años. Los estudios demuestran, por si fuera poco, que es más que probable que conozcamos a más de un 'gordo delgado', término que se utiliza para nombrar a aquellos que teniendo un peso bajo, tienen problemas de salud tradicionalmente asociados a la obesidad. Pero el mercado de las dietas y de los productos adelgazantes reporta millones de euros anuales. El 3% de los que consiguen mantener resultados saben que para hacerlo no solo basta con vivir prácticamente a dieta el resto de sus vidas, sino que pasará por un eterno suplicio para mantener su peso. Janice Bridge es una de las pocas personas que forma parte de 'National Weight Loss Registry', que sigue la trayectoria de 10.000 personas que han logrado perder peso sin el temido efecto yoyó.

La web Slate.com señala que Bridge pesa su lechuga diariamente e ingiere 500 calorías menos de lo recomendable. También quema 500 calorías al día en el gimnasio. Aunque según la medicina estaría prácticamente muriéndose de hambre, la realidad indica que sigue por encima de su peso ideal. En el libro 'Confronting the failure of behavioral and dietary treatments for obesity', de Garner & Wooley, hablan de las dos máximas que se aplican al tratamiento de la obesidad mediante dietas. "La primera es que todos los programas de pérdida de peso parecen tener éxito a corto plazo. La segunda es que no hay ninguna evidencia que indique que la pérdida de peso pueda mantenerse a largo plazo por la mayoría".

© Proporcionado por Glamouratis

La revista del 'New York Times' habla en su artículo 'The fat trap' de las dificultades por las que pasan aquellos que luchan por mantener su talla. En un estudio realizado con 50 pacientes, 34 consiguieron mantener su nuevo peso. Para ello, continuaron a dieta y comenzaron a hacer ejercicio. Aunque contaron con nutricionistas que les daban asistencia telefónica, todos fueron subiendo de peso hasta recuperar todo lo que habían perdido. Por si fuera poco, reconocieron pasar mucho más hambre que antes del experimento y estar obsesionados con la comida que ingerían. ¿La conclusión? Los investigadores determinaron que tras un año a dieta, sus pacientes estaban en un estado biológico alterado.

La sociedad tiende a pensar que la gente que tiene sobrepeso es culpable de tenerlo. La lección parece ser que estar delgado es una elección. Este pensamiento tiene consecuencias. En primer lugar, los doctores culpan al paciente de no estar perdiendo peso. Subir a la báscula ante un doctor se convierte en un gesto aterrador, y la falta de empatía al ver que los resultados no son los idóneos verá la luz de la mano del médico en cuestión. Una investigación de Lenny Vartanian, una psicóloga de la Universidad de New South Wales, mostró que aquellos que creen que no sirven para nada por no ser suficientemente delgados, tras intentar perder peso, tienen menos posibilidades de hacer ejercicio que la gente obesa que no ha interiorizado esos pensamientos negativos.

La periodista Kelly Brook se pregunta en su artículo 'Do doctors lack empathy for overweight patients?', publicado en 'Johns Hopkins Magazine', si realmente los doctores no son empáticos con sus pacientes obesos. Los resultados de la investigación determinaron que no solo es así, sino que los pacientes responden peor a la terapia como respuesta a esta actitud. La doctora Kimberly Gudzune lleva años tratando a pacientes obesos, y asegura que todos se quejan de la falta de empatía de amigos, familia y doctores. “Poder establecer un vínculo con tu doctor es esencial para escuchar sus recomendaciones. Cuando los doctores son empáticos, sus pacientes controlan mejor su conducta y tienen mejores resultados de presión sanguínea y colesterol", afirma la doctora.

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Si estás a dieta tienes que pasar por momentos que son ciertamente poco agradables, pero necesarios. Subir a la báscula con un especialista delante que hará algún sonido poco agradable al ver la cifra que marca, ver cómo esa dieta de 1.500 calorías diarias que te recomiendan tiene mucha más comida de la que ingieres normalmente (algo que el doctor se negará a creer) y aguantar un seguimiento periódico que te dará más temor que el examen del carné de conducir son algunos de los pasos necesarios.

Perder peso no es sinónimo de salud. Lo dice la ciencia. Lo dice el asombroso número de gordos delgados y el hecho de que perder peso no quiera decir que vaya a mejorar nuestra salud. Quizás usted sea más feliz si no se somete a la tortura de aguantar que un doctor poco empático le acuse de ser un fraude. Preocúpese por comer sano y por hacer deporte, porque esos son los garantes de la salud. Tener una talla 36 o una 46 no es la clave que le haga vivir más tiempo.

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