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Louron, vacaciones blancas

ELLE ELLE 03/02/2016 Texto y Fotos: Kris Ubach y Ricardo de la Riva
Louron, vacaciones blancas © Copyright © 2016 Hearst Magazines, S.L. Louron, vacaciones blancas

Sitúate frente a un mapa y busca la cordillera pirenaica. En la vertiente francesa, justo al otro lado del Pirineo de Huesca, se encuentran los Hautes-Pyrénées, una región pequeña pero que esconde atractivos de fama mundial. Los Altos Pirineos son punto de paso obligado para los corredores del Tour de France: Tarbes, Cauterets o las ascensiones al Col d’Aspin y al Col du Tourmalet, se incluyen en las etapas míticas de la carrera.

También en este pequeño rincón pirenaico se encuentra Lourdes, localidad a la que llegan más de seis millones de peregrinos al año. Otro enclave de cifras récord es el Pic du Midi, en cuya cumbre se sitúa uno de los primeros observatorios astronómicos de Francia y el museo a más altitud de Europa.

Puedes comenzar tu recorrido en Loudenvielle, situada en el valle del Louron, al que se accede por la D-618 desde Vielha, o por la D-929 desde Bielsa. En una zona donde las aldeas apenas superan los cien habitantes, Loudenvielle, con sus casi 300 almas, es la que ofrece más sevicios y resulta mejor base para conocer el valle.

Para empezar con alguna actividad deportiva, además de las vecinas pistas de esquí de Peyragudes, desde la misma Loudenvielle parten algunos senderos de muy fácil nivel para realizar con raquetas de nieve. Dos especialmente recomendables, que combinan la caminata con las visitas culturales, son el itinerario que rodea el lago Génos-Loudenvielle y que conduce a la medieval torre de Moulour (5 km, 180 m de desnivel) y el Chemin des Ardoisières, que pasa por las iglesias de Génos y Armenteule (5 kilómetros, 270 m de desnivel).

Aunque al valle de Louron se viene en busca de nieve y de actividades invernales, son muchos los que llegan aquí simplemente a descansar y a alejarse del mundanal ruido.

Las pequeñas aldeas con sus iglesias románicas y los silenciosos bosques de abetos por los que pasear, son buenos aliados para ello.

Como James Bond

Las pistas de esquí de Peyragudes, se hicieron famosas en 1997, cuando los productores de El Mañana Nunca Muere convirtieron este pequeño resort invernal en una base secreta soviética para la película del Agente 007. Al margen de esto, Peyragudes tiene unas credenciales más que apetecibles para los aficionados al esquí: sus 51 pistas están por encima de los 1.600 m y su orientación este y oeste les garantiza sol casi todo el día. Sigue alguna de las rutas panorámicas –The Isards Traverse o The Belvedere– enlazando pistas y remontes, y tendrás vistas inigualables sobre los Pirineos (forfait día: desde 26,95 euros).

Un baño entre nieve

El centro termo-lúdico Balnéa, en Génos, cuenta con cuatro espacios tematizados: los baños amerindios, los romanos, los japoneses y los incas, según el tipo de relax que busques. El más deseado es el onsen japonés, al aire libre y con una vista espectacular del paisaje pirenaico (entrada: 15,50 euros). En el restaurante del complejo balneario sirven menús vegetarianos, energéticos o depurativos. Pero el más curioso es el que emplea cristales de aceites esenciales (28 euros). El magret de pato con cristales de bergamota es exquisito.

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