Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Mujeres con hombres más jóvenes: el tabú que se rompe

Harper's Bazaar Harper's Bazaar 20/04/2016 harpersbazaar.es

La actriz de The Good Wife es seis años mayor que su marido, con quien lleva casada desde 2007.

La actriz de The Good Wife es seis años mayor que su marido, con quien lleva casada desde 2007.
© Copyright © 2016 Hearst Magazines, S.L.

Romper una barrera, despegar una etiqueta, cuesta demasiado y ocurre despacio. A veces el cambio es tan paulatino que, cuando nos damos cuenta, lo extraordinario (o escandaloso) se ha convertido en algo normal. O casi normal. Algo parecido pasa con las mujeres cuyas parejas son hombres más jóvenes. Aún quedan para ellas resquicios morbosos y miradas estrábicas; pero más allá de esos rescoldos machistas y en pleno resurgimiento del empoderamiento feminista, podemos decir que este es un tabú que se rompe. O, al menos, que estamos en ello.

Si nos comparamos con cuando el mayor de la pareja es un hombre, las mujeres seguimos perdiendo. Mientras ellos son unos “machotes” cuando se juntan con una veinteañera, nosotras somos unas cougar (puma, en su traducción literal peyorativa). Vicios machistas y pegajosos como el alquitrán, pero hagamos un ejercicio optimista y repasemos algunas de las señales que nos llevan a creer que ese tabú se resquebraja.

Los veinteañeros las prefieren mayores

Según un estudio de la web EliteSingles sobre 450.000 de sus usuarios, los hombres con edades comprendidas entre los 20 y los 29 años prefieren tener citas con mujeres mayores que ellos. En concreto, entre tres y seis años más. Esto rompería el estereotipo de que todos los hombres las prefieren jovencitas.

Dicha encuesta también indica que las mujeres se inclinan por hombres más jóvenes a medida que envejecen. Según se explica en este artículo, nos ocurre lo mismo que a ellos: cuando somos jóvenes, nos interesamos por hombres mayores; mientras que a medida que cumplimos años, nos pasa lo contrario. Como vemos, quizá ésta no sea una inclinación de género (como muchos creen), sino más bien del propio ser humano.

De los 20 a los 29 años te atraen la independencia y la experiencia que puede tener alguien mayor que tú. A medida que te adentras en la madurez y empiezas a temer el ocaso, el olor de la juventud puede ser un gran imán. Y a ese canto de sirena acudes igual seas hombre o mujer.

Con jóvenes, más satisfechas

Según este otro estudio publicado en 2008 por la revista Psychology of Women Quarterly, las mujeres que son 10 (o más) años mayores que sus parejas se sienten más satisfechas con su relación en comparación con las que tienen la misma edad o son más jóvenes. El éxito, aseguran, se debe a la vitalidad que aporta el hombre joven y la madurez y la confianza que ellos encuentran en ellas.

Este mismo estudio indica que al principio de este tipo de relaciones en las que la mujer es mayor, son ellos los que sienten más atracción física. Y, sin embargo, son ellas las que se llevan el apelativo de cougar (pumas), como si fueran las depredadoras que han cazado a la presa más jovencita del lugar.

La línea roja

La atracción por los efluvios de la juventud es lo que lleva a la protagonista de Las lecciones peligrosas, la novela de Alissa Nutting, a construir toda su vida sobre una gran mentira que le permita estar cerca de adolescentes. Con este libro directo, preciso y, por qué no, escandaloso, ponemos un pie en la línea roja de la ética, la moral y lo ilegal.

Celeste sólo se siente atraída por los jóvenes de 14 años ("a los 15 ya les cambia la voz") y con su matrimonio como farsa perfecta (ambos guapos, "los campeones de la lotería genética") consigue entrar como profesora en un instituto. Y hasta aquí vamos a leer para no desvelar más trama de la novela, un libro que con cada página te lleva a preguntarte si ese escándalo que sientes lo sentirías igual si ella fuera un hombre. O al contrario, si como lectora serías igual de indulgente si esa historia la protagonizara un maestro.

Último día 'fuckable'

Llega un día en el que, de repente, dejas de existir. En Hollywood, ese día te llega en cuanto te acercas al final de tu veintena. Kristin Scott Thomas ya alertó de que tener 50 años en la meca del cine “es un desastre”; y Jessica Chastain y Patricia Arquette respondieron airadas a las polémicas palabras de Russell Crowe cuando dijo que las actrices de 40 a 50 años “se quejan de vicio” y su problema es que “quieren seguir interpretando el papel de ingenuas”.

Amy Schumer resumió todo este follón de la súbita desaparición de la mujer madura como deseable en su sketch Last fuckable day. En el video, que se convirtió en viral, la cómica reúne a Tina Fey, Julia Louis-Dreyfus y Patricia Arquette para celebrar precisamente eso, el último día follable de la famosa actriz de Seinfeld. En un momento determinado, Schumer pregunta cuándo es ese último día en los hombres. Y todas estallan en carcajadas.

Durante la escena, el grupo de mujeres recuerda cómo Sally Field pasó de ser el amor romántico de Tom Hanks en Punchline a interpretar a su madre en Forrest Gump. Y hasta Field hemos llegado, ahora sí, para agarrarnos a la pequeña esperanza que nos regala esta actriz en una de sus últimas películas. En Hello, my name is Doris, Field interpreta a una mujer de más de 60 años que se enamora de Max Greenfield, un joven compañero de trabajo.

Doris está lejos de la depredadora Mrs. Robinson de El graduado, de la irresistible Jacqueline Bisset de Class y de la octogenaria de la genial Harold and Maude, pero en sus intentos excéntricos por conquistar a su joven amor participa en la ruptura de este tabú que se nos resiste cada vez menos.

Y si ya te aburre el tema cada vez que te preguntan por la edad, siempre podrás robarle la famosa frase a Joan Collins. A sus 69 años, se acababa de casar con un hombre 32 menor que ella, cuando alguien le dijo si tenía miedo a no poder llevarle el ritmo. A lo que ella respondió con tedio:

-Si se muere, se muere (If he dies, he dies).

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Harper's Bazaar

image beaconimage beaconimage beacon