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Netflix ha visto en los cómics de Mark Millar su gallina de los huevos de oro

Logotipo de GQ GQ 08/08/2017 GQ

Lo que la compañía necesita es una franquicia que poder explotar en forma de blockbusters y de la que además posea todos los derechos. Hacerse con Millarworld es exactamente eso. 1 © Proporcionado por Revista GQ 1

¿Visionarios corporativos? ¿Decisiones kamikaze? Los medios de comunicación hablábamos la semana pasada de la deuda de Netflix que había hecho saltar las alarmas entre los economistas (que no entre sus ejecutivos), y hoy lo hacemos sobre su primera adquisición. Parece que el videoclub online atraviesa una hormonal adolescencia y no para de dar titulares sorprendentes. La compañía volvió ayer a la actualidad cuando la cabecera 'Variety' anunció que la plataforma había comprado Millarworld, la franquicia de cómics del creativo Mark Millar. No se aportaron muchos más datos como para hacer un balance económico detallado (y mucho menos la suma de la transacción, teniendo en cuenta además la polémica sobre los números rojos de hace unos días), pero sí nos sirve para profundizar en el cambio de paradigma que afronta, entre la controversia de las cancelaciones y los rumores de agujeros en sus cuentas.

Como recogimos el pasado lunes, 'Los Ángeles Times' informó de que la deuda de Netflix ascendía a 20.000 millones de dólares, aunque horas más tarde sus portavoces, en comunicación también con GQ, corrigieron la cifra hasta unos 4.800 (ya que los demás se registran como gastos derivados del contenido de streaming, como contratos con los estudios). Más allá de los números, el reportaje del portal estadounidense vino a apuntalar algunas teorías que muchos expertos mantienen sobre el estado actual del gigante audiovisual. La expansión internacional y la explosión de su catálogo la ha enfrentado a grandes desembolsos, además del auge de la competencia y de la producción local en los países donde se ha instalado, y por ello tiene sentido que haya dado el hachazo a series de marca pero poco rentables como 'Sense8' o 'The Get Down'. Es lógico pensar que están a la busca de proyectos populares más afines a 'Orange is the New Black' y 'Stranger Things'.

Es aquí donde entra en juego la adquisición de Millarworld. Según apuntaban algunos expertos financieros consultados por 'Los Angeles Times', la opción más inteligente para que la empresa de Reed Hastings solvente la deuda a largo plazo es apostar por proyectos blockbuster para todos los públicos. "Me pregunto si Netflix se habrá dado cuenta de que el mayor golpe de sus arcas sería emular lo que están haciendo Disney y DC Comics. Las películas de prestigio no son el mejor uso para tu capital si lo que intentas es construir una marca global", explicó Michael Nathanson, analista de MoffetNathanson, en el reportaje. Hacerse con una factoría comiquera es exactamente eso. Además, la compra de Millarworld puede resolver otro de los problemas del videoclub de cara al futuro: las licencias de distribución que paga a las productoras para emitir su contenido se cuentan entre sus gastos más apremiantes, pero poseer los derechos sobre el material original los libera de ellos.

¿Qué historias y personajes de Millarworld puede adaptar Netflix en forma de series y películas? Es con lo que teorizan ahora los fans de Mark Millar, escritor escocés de cómics que trabajó para DC y Marvel y que en 2004 fundó su propia firma, la que ha adquirido Hastings. Las películas 'Wanted', 'Kick-Ass' y 'Kingsman' se hallan entre las versiones más populares (y rentables, alrededor de 1.000 millones de dólares, según recoge 'Variety') de su trabajo en la gran pantalla, y sus incondicionales fantasean con entregas como 'El legado de Jupiter', 'Crononautas', 'Reborn' o 'Némesis'. El autor, al que los directivos de Netflix han descrito en el comunicado como un "Stan Lee moderno", se ha mostrado muy esperanzado ante esta nueva etapa: "Estoy encantado con lo que Netflix está haciendo y emocionado con sus planes. Netflix es el futuro y Millarworld no podría tener un hogar mejor". La adquisición también marca un momento bisagra para la producción literaria de la compañía, permitiendo al servicio de streaming hacer sus pinitos en otro mercado.

www.revistagq.com

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