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Patatas, pizza, chocolate... ¿A qué alimento eres adicta?

Logotipo de AR AR 28/03/2017 Sonia Murillo
Imagen nevera © D.R. Imagen nevera

​Las chucherías, el chocolate, los bollos, la pizza, los cacahuetes, el maíz tostado, los aperitivos de bolsa... cualquiera de estos alimentos tiene todas las papeletas para acumular adeptos, y también adictos. Se trata de personas que recurren a ellos a diario, bajo cualquier circunstancia, pero sobre todo en momentos de gran ansiedad, estrés o depresión. Lo hemos visto cientos de veces en series y películas en forma de atracón de helado tras una ruptura o mediante visitas nocturnas a la nevera en busca del último trozo de tarta.

Son situaciones que reflejan fielmente cómo nos comportamos ante determinados alimentos, y todas tienen algo en común: "Cuando tomas un alimento rico en grasas saturadas, azúcar o sal, enseguida sientes alivio y un gran placer. Si esto se repite en el tiempo, se convierten en un salvavidas cada vez que sientes ansiedad. Es entonces cuando nos volvemos adictos a la comida", cuenta la psicóloga María Pastor, de la escuela de reeducación alimentaria Dieta Perfecta. Por su parte, Fernando Rodríguez de Fonseca, coordinador de la Red de Trastornos Adictivos del Instituto de Salud Carlos III, de Madrid, añade que "cuando comemos alguno de estos alimentos se produce una activación en distintas regiones del cerebro, como en las personas con adicción a drogas como la cocaína".

Ponte a prueba

Seguro que a medida que vas leyendo este reportaje te están viniendo a la mente los nombres de esos alimentos ante los que tienes cierta dependencia. Lo importante es saber si eres realmente adicta, y para averiguarlo basta con hacer un pequeño ejercicio de contención, tal y como cuenta Patricia Holguín, precursora de este tipo de alimentación consciente en nuestro país: "Cuando te das cuenta de que, por mucho que te lo propongas, no puedes dejar de consumir un alimento concreto porque solo pensarlo te produce ansiedad; cuando a tu cabeza solo vienen frases como: 'Bueno, por un poquito no pasa nada' o 'Ya lo dejaré mañana', entonces es cuando tienes un problema y debes plantearte hacer algo al respecto, pues es posible que para vencer tu adicción puedas necesitar ayuda". Eso es lo que hacen escuelas como Dieta Perfecta: guiar a sus pacientes en todo el camino hacia la recuperación a través de una red de apoyo (Tel.: 626 914 093).

¿Cómo hemos llegado a esto?

En el libro del periodista y premio Pulitzer Michael Moss, Adictos a la comida basura (Ed. Deusto), se señala a las multinacionales de la industria alimentaria como principales responsables de una parte importante del problema. El periodista relata cómo durante los últimos treinta años se ha triplicado el consumo de azúcar en el mundo, justo desde que la industria comenzó a eliminar las grasas de sus productos debido a la creciente preocupación de los ciudadanos por sus consecuencias para la salud. En ese momento, al quitarle la grasa a los alimentos, se dieron cuenta de que resultaban incomibles, y fue entonces cuando recurrieron al azúcar, ocho veces más adictiva que la cocaína: "Una de las cosas que más me sorprendieron cuando preparaba el libro es que muchos de los ejecutivos de las grandes empresas a los que entrevisté no tomaban los productos que ellos mismos fabrican", cuenta en Michael Moss en su libro.

"El consumo esporádico de estos alimentos con gran contenido de ingredientes adictivos puede no ser un problema, pero es una conducta insana que siempre crece y puede desembocar en trastornos más serios", advierte la psicóloga María Pastor: "Para evitar que nuestra predilección por ciertos productos se convierta en un problema, lo mejor es que aprendamos a gestionar nuestra ansiedad lejos del frigorífico. Por ejemplo, practicando algún deporte o haciendo manualidades", concluye.

En este sentido, los constantes mensajes publicitarios con los que nos bombardean a diario también a través de anuncios en redes sociales, televisión o prensa, tienen su parte de culpa: "Los anuncios hacen su labor, pero a veces lanzan ideas de consumo poco responsable que se dirigen directamente a nuestras emociones y hacen que sea muy complicado no picar. Sin embargo, somos nosotros los que tenemos que ser capaces de decir 'no'. Otra cosa diferente es la publicidad que se dirige a los niños, que son mucho más vulnerables y debemos protegerlos frente a ella", comenta la psicóloga.

© Proporcionado por AR

No a la comida basura en los hospitales. Una de las reivindicaciones de las asociaciones de consumidores es prohibir la venta de aperitivos en lugares públicos como los hospitales o los centros educativos. Consideran que esta sería una manera eficaz de prevenir que la obesidad se siga propagando con velocidad entre la población mundial.

Los niños, víctimas

La escena es bastante común: un largo viaje en coche, una pataleta en el supermercado o un desayuno a toda prisa se convierten en los escenarios más propicios para que acabemos dándoles a nuestros hijos esas chucherías que tanto les gustan. Siendo conscientes de que no son saludables y ofreciéndoselas solo de vez en cuando, no habría problema. Lo peligroso de todo esto son los productos procesados con etiquetas engañosas. Esos en los que dice: "100 % natural", etc., porque nos hacen creer que les damos alimentos sanos cuando solo les estamos ofreciendo más chucherías disfrazadas, a las que después se vuelven adictos. Los yogures azucarados o con frutas pueden llegar a tener más de seis cucharaditas de azúcar, por ejemplo. ¿A que ya no parece la merienda ideal para todos los días? La Organización Mundial de la Salud aconseja que el consumo de azúcar diario no sea superior a doce cucharaditas rasas e, incluso, insta a reducirlo a la mitad. Actualmente no solo superamos ese número, sino que lo doblamos, y lo peor de todo es que ni siquiera somos conscientes de ello. Por eso, es tan importante que desde pequeños los niños aprendan a alimentarse bien. Tenemos que darles las armas para ellos que sean capaces de decir no a determinados alimentos y para eso nacen iniciativas como las que llevan a cabo Jamie Oliver en EE.UU. y Reino Unido o Pedro Subijana en nuestro país. Ambos piden desde hace años que la alimentación sea una asignatura más dentro de los currículos escolares infantiles.

Y aumenta la obesidad...

Este problema no pasa solo por deshacerse de unos kilitos de más. La adicción a ciertos tipos de alimentos, sobre todo a aquellos ricos en azúcares, sal y grasa, tiene mucho que ver con el aumento de las tasas de obesidad en todo el mundo, tal y como sostiene Michael Moss en su libro, y como expone el documental Fed Up, dirigido por Stephanie Soechtig.

Por primera vez en la historia, mueren más personas como consecuencia de la obesidad que por falta de alimentos. Según el estudio "La carga global de las enfermedades", publicado por la revista especializada The Lancet, en el año 2010 murieron tres millones de personas por diversas causas relacionadas con el exceso de peso, tres veces más de las que lo hicieron como consecuencia de la desnutrición. Además, países como China o Francia, donde el número de obesos era muy reducido, están viendo como esta epidemia se extiende a pasos agigantados entre su población.

Pero nosotros no nos quedamos atrás. En nuestro país, uno de cada seis adultos es obeso. En cuanto a los niños, hemos pasado en los últimos veinte años del 30 % al 65 % de incidencia de la obesidad infantil, según datos de Instituto de Obesidad, de Madrid. Un informe elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dice que gran parte de la culpa de ese aumento de las tasas de obesidad la ha tenido la crisis económica, que ha hecho que se compren alimentos más baratos, poco saludables y también más adictivos, en detrimento de las frutas y las verduras, más caras. Esa misma es la reivindicación de la campaña #DameVeneno que presentó la asociación VSF Justicia Alimentaria en el Congreso de los Diputados el pasado mes de febrero. Solicitaron una subida de los impuestos de los alimentos menos saludables y una reducción de los de frutas y verduras, así como la regulación de la publicidad de comida basura. Los expertos destacaron que la mala alimentación causa un 21 % de las muertes en nuestro país y que el 44 % de los ciudadanos no tienen acceso a comida saludable por su elevado precio, lo que supone una gran "brecha alimentaria", como explicó en el Congreso el director de la asociación, Javier Guzmán.

Rompe los malos hábitos

Nuestro cerebro está programado para adorar el dulce. Desde que nacemos, nuestras papilas gustativas muestran una gran predilección por ese sabor, ya que tendemos a identificarlo con un gran aporte energético: "Esta preferencia tiene mucho sentido desde el punto de vista fisiológico. Dentro de este sistema, cuando tengo hambre, voy a buscar una comida más calórica, como las que tienen azúcares o grasas, que me satisfaga más rápido y con mayor intensidad", cuenta Fernando Rodríguez de Fonseca, coordinador de la Red de Trastornos Adictivos del Instituto de Salud Carlos III. Sin embargo, cuanto más consumimos este tipo de comida, más cansados nos sentimos, por lo que tendemos a una vida más sedentaria. Parece una espiral sin salida.

Por otro lado, países como Dinamarca, Reino Unido o Francia ya han empezado a gravar con impuestos los productos menos saludables. "Lo primero que debes hacer para acabar con este problema es tomar consciencia de él: analiza lo que comes al cabo del día y en qué circunstancias lo haces, las sensaciones que te produce y sabrás a qué te enfrentas. Poco a poco podrás ir introduciendo hábitos de vida más saludables. Pero si detectas que eres realmente adicta a algo, es posible que vayas a necesitar ayuda para frenarlo. Superar este problema requiere de un tratamiento continuado y, sobre todo, erradicar de tu dieta eso que te produce tanta adicción", concluye María Pastor. Para descartar todos esos ingredientes es muy importante descifrar las etiquetas de los productos que compramos. El azúcar, por ejemplo, puede difrazarse con otros nombres como fructosa, sacarosa, jarabe de maíz, glucosa, dextrosa o miel. Fíjate en la cantidad de azúcares presentes en los hidratos de carbono: esta no debería superar nunca el 10 % cuando se trate de un producto saludable.

¿Es hambre o ansiedad?

La psicóloga María Pastor nos da las claves para distinguir si estamos ante una percepción emocional o, por el contrario, física. Es fácil detectarlo:

TU SENSACIÓN ES REAL SI...

-Te da igual qué alimento tomar para satisfacerla.

-Habitualmente aparece en horas concretas.

-No necesitas comer más inmediatamente.

-Te sientes bien al terminar.

-Paras cuando te sientes llena.

ES CUESTIÓN EMOCIONAL SI...

-Tienes antojo de alguna comida específica.

-Aparece de repente y en horas intempestivas.

-Sientes la necesidad de comer en el mismo instante.

-Surge la culpabilidad.

Top 10 de los alimentos más adictivos

PIZZA. Es la combinación perfecta de carbohidratos refinados (25,8%), que se convierten en azúcar al digerirlos, y grasa del queso (11,5%).

CHOCOLATE. Tiene muchos beneficios, pero puede ser altamente adictivo por su alto contenido en grasa (24%)e hidratos (45%).

PATATAS CHIP. Las patatas de bolsa tienen todo lo necesario para volver loco a nuestro cerebro: hidratos (16%), grasa (10%).

GALLETAS DE CHOCOLATE. Otra combinación de ingredientes altamente adictivos: 24% de grasa, 60% de hidratos y 34% de azúcar.

HELADO. Su alto contenido en azúcar (20,9%), grasas (8,6%) e hidratos (21%) hace que sea de lo más agradable al paladar.

QUESO. El queso semicurado proporciona un 30,4% de grasa y se lo ponemos a casi todo, así que es muy fácil volverse loco por él.

HAMBURGUESA. En su forma de bocadillo, es un contundente combinado de carbohidratos (41%), grasa /37%) y proteínas (22%).

PASTELES. Si contienen nata, aportan un 63,5% de hidratos, 11,4% de grasas y 34,6% de azúcar y más aún si son de chocolate.

BOLLOS. Si tienen chocolate, aportan unas 480 calorías, un 43,5% de carbohidratos, 31,7% de grasa y 14,8% de azúcar.

PALOMITAS. Otra bomba calórica con un alto contenido en grasas (30,2%), hidratos (44,2%) y también en sodio (4 mg/100 g).

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