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Por qué tienes que viajar a Morella, en el Castellón interior, y conquistar su castillo

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 21/04/2017 Ángeles Castillo

No todo es Peñíscola y Benicasim en Castellón. Ni todo playa. En tierra adentro, camino del maravilloso Maestrazgo turolense (pongamos Mirambel o Cantavieja) desde el mar, está este pueblo de película con castillo que desde luego es el rey y que suele salir en todas las listas de los más bonitos de España y con razón. Todo aquí es épico. Pura leyenda. Te decimos por qué tienes que visitarlo ya. O mejor, conquistarlo (y viceversa). Desde luego Morella te llegará al corazón.

1. Un escenario real. Este tesoro que se guarda en sus adentros Castellón es realmente de película. Como La Alberca, Albarracín o Castellfollit de la Roca, por poner tres ejemplos de la España medieval. Un viaje en el tiempo sin tecnología de ningún tipo. A pie y cuesta arriba, Morella no te dará respiro. Su belleza tampoco. No te pierdas el atardecer en la Judería.

2. Intramuros. Lo suyo es entrar por la puerta de San Miguel, tomar la calle Virgen del Pilar, que se note dónde estamos, arribar a la de Blasco de Aragón, coger la de Virgen de Vallivana con destino a la basílica y de aquí asaltar los torreones del castillo por la calle Hospital. Igualito que en las leyendas. ¿El paisaje? Mucho pino, roble y encina.

Así es el trazado medieval de esta villa. (Foto: Turismo de Morella) © Proporcionado por Glamouratis Así es el trazado medieval de esta villa. (Foto: Turismo de Morella)

3. Uno de los pueblos más bonitos. Como ya sabemos y requetesabemos, hay listados de todo y también de los pueblos más bonitos de España. Y en él no falta, junto a Frigiliana, Sepúlveda, Alcalá del Júcar o Frías, el insigne Morella, que ya goza de esta codiciada distinción concedida por la asociación del mismo nombre. Además de ser una de nuestras siete maravillas rurales de 2016 elegidas por los usuarios de Top Rural, concretamente la sexta. Porque el lugar no solo es bello en sí, sino que está bien conservado; o sea, entregado en cuerpo y alma a los tratamientos antiedad. El patrimonio cultural también los necesita.

4. A solo 60 kilómetros del mar. Igual que si tu destino es Marbella, tarde o temprano los pies te llevarán a la sin par Ronda, si te dejas caer por la villa de Peñíscola o por la vacacional Oropesa, terminarás sí o sí en Morella a nada que tengas un poco de olfato turístico-cultural y te dejes llevar por él. Está cantado. Cuando la veas, solo querrás recorrerla. Colarte entre sus murallas centenarias y llegar hasta su castillo, a más de mil metros de altura.

Y allá en lo alto el castillo. (Foto: Turismo de Morella) © Proporcionado por Glamouratis Y allá en lo alto el castillo. (Foto: Turismo de Morella)

5. Castillos en la arena. Más te lo parecerá todavía si vienes de la playa y de hacer o imaginar un castillo en la arena. Este es tal cual, robado de la imaginación, dispuesto sobre la roca (la Mola) como la insólita abadía en el Mont Saint-Michel, salvando las distancias, las que van desde el Castellón interior hasta la Normandía, en las tierras altas de Francia. Soñado tal vez por Escher, con sus 10 torres, siete puertas y casi dos kilómetros de muralla.

Tu próxima conquista. (Foto: Turismo de Castellón) © Proporcionado por Glamouratis Tu próxima conquista. (Foto: Turismo de Castellón)

Por no hablar de la plaza de armas, el palacio del gobernador (en una cueva), el aljibe, la prisión…No podía ser sino conjunto histórico artístico, del siglo XIII. No te será difícil imaginarte por aquí al Cid Campeador a sus anchas. Es una lección de historia a tu alcance (hay hasta restos del Neolítico) con unas vistas tan poderosas como fue en tiempos el bastión. Se accede por el convento de San Francisco, joya gótica, donde está planeado años ha abrir un Parador Nacional de Turismo.

6. Monumental como el que más. Empezando por la basílica arciprestal, joya del gótico aquí en el Mediterráneo, donde en agosto se celebra un festival de música barroca con su órgano de más de 3000 tubos como protagonista; siguiendo por todos los palacios, las casas solariegas y su soberbio ayuntamiento; para llegar al acueducto, que no solo lo tiene Segovia, aunque este no es romano sino del siglo XIV y en medio de un paraje natural espléndido, el de la comarca de Els Ports; y después a Morella la Vella, donde habitaron los primeros pobladores, con pinturas rupestres que son patrimonio de la humanidad.

El acueducto de Morella. (Foto: Turismo de Castellón) © Proporcionado por Glamouratis El acueducto de Morella. (Foto: Turismo de Castellón)

7. Mucha tela: la manta morellana. A Morella no le falta de nada. Aún no hemos llegado a la trufa y nos hemos topado con el textil, con la lana, que fue durante siglos la primera actividad económica del lugar. Muy medieval todo. Aquí en todas las casas se hilaba entonces como en los cuentos, con huso y rueca. Hubo centenares de telares, de donde salían alfombras, telas y paños, de lana y algodón y también de lino. Después vinieron las alforjas, la faja, las mantas muleras, las de pastor y la conocida como la manta morellana, de vivos colores y franjas horizontales, que aún se hace en algún telar a la manera de antes. Te la podrás comprar, igual que esos genuinos jerséis de lana.

No confundir con la alpujarreña. (Foto: Turismo de Morella) © Proporcionado por Glamouratis No confundir con la alpujarreña. (Foto: Turismo de Morella)

8. Las cosas del comer. Morella es muy de campo, así que aquí cunde la ganadería, la caza, las setas y las trufas, la miel y la leche para los quesos, la famosa cuajada o el requesón para su apreciado flaó. Son típicos el cordero relleno trufado o la gallina y el conejo ídem, la perdiz con col rellena, las manos de cerdo con salsa de almendras, el bolo de Morella (un embutido) y la cecina. Y puestos a meternos entre fogones, las croquetas morellanas, que no son como todas, o las múltiples sopas (de menudillos, de flan, de nueces…). El caso es que la ciudad castellonense está abarrotadita de esas tiendas tan típicas donde se presume de gastronomía para llevar.

9. Dónde hincar el diente. En La Fonda, una antigua casa rehabilitada en el casco histórico de la ciudad, se enorgullecen de poner en la mesa productos autóctonos y de crianza propia. Lo mismo que en el Mesón del Pastor, donde te servirán un menú degustación de la cocina de aquí, que incluye muchos de los platos mencionados: desde la cecina hasta la cuajada, pasando por las croquetas, la paletilla de cordero al horno y el cabrito rebozado. Esto y más a un precio de 24,50 euros (vino no incluido).

El Palau dels Osset es otra lección de historia y puedes dormir en él. © Proporcionado por Glamouratis El Palau dels Osset es otra lección de historia y puedes dormir en él.

10. Dónde dormir como un rey. Ya puestos a caer rendidos a los encantos de la noble villa medieval y hacer una inmersión histórica, lo suyo es alojarse en el recoleto hotel Cardenal Ram, con solo 16 habitaciones (desde 56 euros) distribuidas en sus tres pisos, que es un edificio gótico del XVI, con un alabadísimo restaurante. O hacer lo propio en el Palau dels Osset (desde 62 euros), que es eso, un palacio (también del XVI) convertido, cosas de los tiempos, en hotel de lujo. Este a diez kilómetros de Morella, en la localidad de Forcall, en la misma comarca dels Ports. Ah, se nos olvidaba, aquí vivieron hace mucho mucho tiempo los dinosaurios.

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