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Protocolo en la mesa de Navidad: qué sí y qué no debemos hacer a la hora de montarla

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 19/12/2016 Beatriz Portinari

Asumámoslo. Todos nos hemos sentido alguna vez un poco Pretty Woman cuando nos han invitado a una cena de etiqueta y no estamos seguros sobre el orden del cubierto. O cuando tenemos invitados y buscamos a última hora cómo colocar la exquisita vajilla del ajuar,que coge polvo el resto del año y no sabemos ni para qué sirve.

Las normas básicas en una mesa de Navidad siguiendo el protocolo son las siguientes: tenedores a la izquierda del plato; cuchillos (con el filo hacia adentro) y cuchara sopera a la derecha del mismo. Y ya. Aunque podemos complicarlo. La servilleta se sitúa doblada, a la derecha del cuchillo y la cuchara, nada de hacer figuritas con forma de cisne para impresionar. Y mucho menos colocarla dentro de las copas: algunos teóricos de la etiqueta consideran que esto, además de hortera y poco higiénico, debería ser ilegal. Truco para invitados: la servilleta se despliega y coloca sobre el regazo y se usa cada vez que vayamos a beber. Cuando nos levantamos se deja –ligeramente arrugada, pero no perfectamente doblada como si no se hubiera usado–, de nuevo sobre la mesa.

Así se coloca una mesa de Navidad tal y como manda el protocolo © Proporcionado por Glamouratis Así se coloca una mesa de Navidad tal y como manda el protocolo

Como si fuera una eliminatoria:

los cubiertos se van usando desde el exterior al interior,

por orden de llegada de los platos. Si vamos a servir helado o tarta, solo necesitaremos una cucharita de postre en la parte superior respecto al plato. Pero si ofrecemos fruta, podemos dejar también un tenedor y cuchillo de postre. Y si en concreto se nos ocurre servir fresas con nata podemos colocar el 'tenedor de fresas', con menos puntas, más alargado y fino. A la derecha de estos pequeños cubiertos

situaremos tres copas en diagonal si vamos a beber agua (arriba), vino tinto (centro) y vino blanco (abajo).

Y a su izquierda tendremos un pequeño plato con el cuchillo de la mantequilla y el pan. Y así entramos en una espiral de protocolo imparable.

Antes de que la cena de Navidad se convierta en un tetris, cabe preguntarse: “¿Realmente es necesario presentar toda la vajilla, incluido el tenedor de ostras y el de caracoles?”. A no ser que queramos ver sudar a nuestros invitados, no. Los expertos en protocolo aseguran que el secreto para ser un buen anfitrión es facilitar las cosas, no examinar sobre la pericia para comer gambas y langostinos con cuchillo y tenedor, espalda recta y codos fuera de la mesa.

© Proporcionado por Glamouratis

“La preparación de una cena que siga normas de etiqueta va mucho más allá que colocar correctamente la cubertería y cristalería. Se trata de crear una experiencia, un ambiente, pensar en cada detalle que hará que nuestros invitados recuerden esa noche como algo agradable, no solo como una sucesión de platos. Y eso comienza cuando elegimos el menú teniendo en cuenta alergias, intolerancias o restricciones alimentarias que pueden ser por un embarazo o una creencia”, explica Marina Fernández, experta en protocolo social y directora de Relaciones Institucionales de la Escuela Internacional de Protocolo. Y añade: “Podemos asignar los asientos con unas sencillas tarjetas escritas a mano, que nos ayudarán a situar a los invitados por afinidades, a los padres junto a su hijo pequeño para que le ayuden en la cena o al cicerone que puede atender a un invitado nuevo que no conoce a nadie o habla otro idioma”. De sexo, religión, política o dinero no debería hablarse y es tarea del anfitrión distraer la conversación hacia otros temas para evitar las clásicas discusiones de cuñados en la mesa.

Protocolo entre cuchillos

Quien estaba muy acostumbrado a lidiar con este tipo de confrontaciones era Leonardo da Vinci, que trabajó como 'maestro de banquetes' en la corte del duque de Sforza. Su refinamiento le llevó a establecer reglas básicas de protocolo y algunos autores le atribuyen curiosas normas sobre invitados homicidas. “Si tiene planeado un asesinato en la mesa, lo decoroso es que el asesino se siente al lado de esta persona, a su izquierda o su derecha, dependiendo del método elegido, para no interrumpir la conversación durante la realización del acto. Lo correcto es que una vez sean retirados el cadáver y las manchas de sangre, si las hubiere, el asesino también se retire de la mesa para no molestar la digestión del resto de invitados”. Sin hacer ruido.

Sea leyenda urbana o no esta norma para asesinos, lo cierto es que el protocolo ha ido variando por países y por épocas, pasando de atar conejos a las sillas para que los comensales se limpiasen de grasa las manos en su lomo a colocar lavamanos en la mesa para solucionar problemas serios de higiene. En el siglo XXI, los retos para los teóricos del protocolo son la 'nouvelle cuisine' y las tecnologías. ¿Dónde deberíamos situar el teléfono móvil en una cena, a la izquierda o la derecha del plato?

Por último, si somos invitados a un restaurante de alta cocina, podemos darnos por perdidos. “La nueva cocina es tan vanguardista que el protocolo aún no ha descrito las normas que se aplican, porque rompen todas las normas. La cocina molecular se ha cargado el sistema: si antes el primer plato era un caldo en el menú clásico, en El Bulli tienes una gelatina de caldo que ya no se come con cuchara. Incluso ya no se sirve en un plato, sino en una pirámide o una espiral”, describe Fernández. También han cambiado los maridajes: los vinos tintos no necesariamente acompañan a las carnes ni los blancos al pescado y no se aplica el orden aprendido de platos. ¿Solución? Pedir al maître que nos dé algún consejo sobre cómo degustar estos platos. En definitiva... volver a sentirnos Pretty Woman. “Aunque lo ideal sería dejar los móviles fuera de la mesa, el protocolo debe ser realista y adaptarse a las costumbres. Por lo tanto, lo correcto sería anunciar antes de empezar a comer que se espera una llamada importante y que en algún momento de la cena tendrá que retirarse un momento a atenderla. Dejamos el móvil en la chaqueta, en vibración, no encima de la mesa, y solo lo deberíamos atender cuando suene esa llamada. Como ya hemos advertido al resto de comensales, nos disculparán cuando nos levantemos para atender el teléfono, sin interrumpir la conversación en la mesa”, describe la experta en protocolo social. Suena a utopía, pero con esfuerzo es posible.

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