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Puerto Rico: cuatro razones para viajar a la isla (y enamorarse de ella)

Vanitatis Vanitatis 28/05/2016 Alberto Pérez Giménez
Las coloridas calles del Viejo San Juan © Proporcionado por Glamouratis Las coloridas calles del Viejo San Juan

¿Por qué querer viajar a Puerto Rico, donde funciona el dólar, los precios no son tan baratos y no hay cultura de los 'todo incluido' que campan por otros destinos del Caribe y que parecen cautivar a miles y miles de nuestros compatriotas? A continuación, entre rones, madre patria y Jack Sparrow -el histriónico protagonista de 'Piratas del Caribe'-, vamos a darles al menos cuatro razones para convertir a la isla que conquistara Ponce de León en sus próximas vacaciones.

Escenas del pasado en torno a la muralla sanjuanera © Proporcionado por Glamouratis Escenas del pasado en torno a la muralla sanjuanera

1. La historia y la madre patria

Puerto Rico puede presumir de tener una historia encerrada entre la fortaleza que rodea al Viejo San Juan, desde el Morro de San Felipe -una impresionante construcción de principios del siglo XV para defender la bahía y cuyo vértice, aseguran quienes creen en ello, es uno de los ángulos del Triángulo de las Bermudas- a la puerta de entrada a la ciudad. Se puede atravesar hoy esa misma puerta, bajo el dintel presidido por la leyenda en latín 'Bendito el que viene en nombre del Señor', igual que hace cinco siglos hacían todos los visitantes que atracaban sus barcos en el centro de la bahía para, tras ser recibidos por el gobernador o la autoridad religiosa, enfilar calle arriba hasta la puerta de la catedral. Hoy, como antaño y como quiso Felipe II, desde esa puerta se puede tirar una línea recta calle arriba hasta el mismísimo altar de la Iglesia.

Las calles del Viejo San Juan -adoquinadas con ladrillos traídos especialmente del norte de Inglaterra, vía Santander, porque contenían un mineral especial que aumentaba la absorción de la lluvia tan abundante en la zona y que les da un característico tono azulado- son hoy una sucesión de fachadas pintadas de llamativos colores en los que a la población -que no depende de España desde 1898 y que es un Estado Libre Asociado de Estados Unidos- no le duelen prendas en hablar de la madre patria y usar aún el término 'peseta' o 'perra gorda' para algunas monedas fraccionarias del dólar.

Las coloridas calles del Viejo San Juan © Proporcionado por Glamouratis Las coloridas calles del Viejo San Juan

La calle del Cristo, la del Sol, Fortaleza -repleta de tiendas de artesanía- o la Caleta de las Monjas salen al encuentro del visitante para recordar el pasado y el presente español -el castellano es el lenguaje cooficial y todo el mundo lo habla- de una ciudad que también vive al ritmo del arte moderno en las fachadas pintadas del barrio de Santurce, donde los artistas despliegan sus habilidades utilizando como perpetuos lienzos gigantes los muros de los edificios.

2. La naturaleza: el paraíso de Jack Sparrow

Fuera de la capital, Puerto Rico ofrece un abanico de posibilidades que va desde los resort de superlujo junto a campos de golf -como las impresionantes villas sobre los acantilados del hotel Conquistador Waldorf Astoria- a la isla Palomino y Palominito. A la primera se accede en catamarán para disfrutar de sus arenas de coral y sus aguas turquesa, al tiempo que se practican todo tipo de actividades acuáticas.

Isla Palomino, uno de los destinos de playa preferidos en Puerto Rico © Proporcionado por Glamouratis Isla Palomino, uno de los destinos de playa preferidos en Puerto Rico

A la segunda se llega en kayak desde la primera -una no muy complicada travesía de unos 10 minutos, pese a las corrientes- para pisar la lengua de arena blanca -más bien restos de coral- que sirvió para que Johnny Depp y Penélope Cruz rodaran una de las sagas de 'Piratas del Caribe'. Igual de recomendables son las islas de Vieques o Culebra, o el parque natural del Yunque. Aunque si quiere disfrutar de un día de playa como el resto de los puertorriqueños, basta con salir de San Juan por la carretera rumbo al Yunque. A pocos kilómetros de la capital, toda una serie de 'asadores' tipo rancho y playas para pasar una jornada dominguera.

No muy lejos de la isla Palomino, otra excursión en kayak entre manglares y con guías -esta de una hora y media entre ida y vuelta- nos permite llegar a la bahía bioluminiscente de Fajardo, una de las cinco únicas existentes en el mundo y de las que Puerto Rico puede presumir de tener tres. La bioluminiscencia está provocada por unos organismos que el mar mete en la laguna -los dinoflagelados- y que brillan cuando el agua es removida.

La laguna bioluminiscente de Fajardo © Proporcionado por Glamouratis La laguna bioluminiscente de Fajardo

Hay que tener suerte, eso sí, para que la luna no brille demasiado o de lo contrario la experiencia puede resultar algo decepcionante. Si no ha habido suerte y la luminiscencia no se ha producido, la ida y la vuelta por el manglar, con la banda sonora del anochecer, merecen por sí solas la pena.

3. La gastronomía: ceviche, tostón y mucho pescado

Puerto Rico -que atraviesa un periodo de crisis económica brutal y está en peligro de bancarrota- ha entendido que la gastronomía es un pilar para dar impulso al turismo, y no hay un hotel donde no se cuide la oferta. Así sucede en El Convento, el hotel más antiguo del Caribe, fundado en un antiguo convento de Carmelitas y en la misma plaza de la catedral del Viejo San Juan. Comer su tortilla española al estilo Puerto Rico -con tomate, aguacate y lascas de bacalao- o cualquiera de sus productos del huerto que cultiva el propio hotel en su cuarta planta es un placer sobre todo en el histórico patio del edificio a la sombra de un imponente níspero. También muy recomendable la oferta de la calle Fortaleza, con restaurantes como Dragonfly, Aguaviva y The Parrot Club, o la popular pizza de Pirilo.

Tortilla española al estilo Puerto Rico del hotel El Convento © Proporcionado por Glamouratis Tortilla española al estilo Puerto Rico del hotel El Convento

El pescado -el pez rojo o el ceviche en un vaciado de coco de El Conquistador, en isla Palomino, rodeado de iguanas- o los camarones y el tartar de atún del Océano, uno de los lugares de moda en la playa del Condado, son referencias en la visita.

4. Y la cultura del ron

Junto al café, la gran joya de Puerto Rico. Decenas de destilerías y una tradición de décadas han convertido a la isla en una de las cunas de la cultura del ron. Si en un bar del Viejo San Juan nació la Piña Colada en 1963 -como lo atestigua una gran placa-, hoy es el ron la piedra maestra sobre la que se quiere dar la nota de calidad a la oferta culinaria de la isla.

En el Barrachina del Viejo San Juan se inventó en 1963 la piña colada © Proporcionado por Glamouratis En el Barrachina del Viejo San Juan se inventó en 1963 la piña colada

Para ello, Rones de Puerto Rico promociona una Ruta del Ron y da certificados a las grandes barras del país. Precisamente, Princesa Gastro Bar ha sido la primera certificada en la isla. En el local al pie de la muralla se pueden probar hasta 19 recetas extraídas de un libro del S. XIX -mollete criollo, cazuela de pan tostado rellena de picadillo de cerdo, garbanzada de bacalao o atún en sésamo- antes de pasar a la cabaña circular de madera que alberga en su interior todo un tesoro en forma de alcohol y colores: más de sesenta tipos de ron con los que el barman sustituye cualquier otro tipo de alcohol. Desde el ron con sabor a mango, a menta o hierbabuena -para sustituir a los cócteles- a los añejos color miel de más de 151 grados -que hacen las funciones de cualquier güisqui- o los rones blancos que compiten con la ginebra y el vodka.

El ron, una de las joyas puertorriqueñas © Proporcionado por Glamouratis El ron, una de las joyas puertorriqueñas

Y un secreto: aunque frente por frente de la residencia del gobernador, al otro lado de la bahía, se erige una enorme destilería de Bacardí, los puertorriqueños reconocen en voz baja que apenas lo beben. Ellos prefieren el Don Q -por Don Quijote, de la familia Serrallés- o los rones del Barrilito, una destilería artesanal en cuya fábrica de la Hacienda Santa Ana hay un barril cerrado que, desde hace muchos años, da nombre a la marca y que solo se abrirá cuando Puerto Rico sea independiente... Y eso, aseguran, no ocurrrirá nunca.

Cómo llegar

Iberia acaba de reabrir su ruta -después de tres años cerrada- con tres vuelos a la semana (lunes, miércoles y domingo) en aviones A330-200 y con ofertas desde 429 euros ida y vuelta.

Dónde dormir

Hotel Condado Vanderbilt. Uno de los más lujosos de la ciudad con enormes habitaciones y en el mismo borde del mar. Cuenta con una playa urbana a menos de tres minutos. Precios: desde 200 euros por noche (tarifa sin ofertas).

Villas El Conquistador Waldorf Astoria. Solo para sibaritas. Campo de golf de 18 hoyos, piscinas infinitas, spa, gimnasio y villas colgadas de un acantilado. La más grande (tres habitaciones con baño, terrazas mirando a la Isla Palomino, salón y todo tipo de servicios para hasta 8 personas), desde 3.000 dólares la noche.

El Convento. En pleno centro del Viejo San Juan, en un edificio histórico y junto a la catedral. Desde 147 euros.

Requisitos para viajar

Puerto Rico es Estado Libre Asociado de EEUU, por lo que se necesita tener el certificado ESTA en vigor como si se viajara a cualquier otro lugar de los Estados Unidos. La moneda es el dólar. En cuanto a la seguridad, Puerto Rico mantiene los estándares de EEUU: no hay problema en los lugares turísticos y las playas urbanas cuentan con vigilancia.

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