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Rebélate contra la tiranía de WhatsApp... y da esquinazo a quienes no paran de escribirte

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 24/08/2017 Claudia del Águila

Hay mucha gente con tiempo libre y todo parece indicar que no encuentran el modo de invertirlo. Los cursos de macramé pasaron a la historia y los nuevos plastas entrenan sus pulgares, durante horas, enviando mensajes sin tregua al primer incauto que tenga un mínimo de educación y no quiera darle con una puerta virtual en las narices. Pero, ¿cuánto tiempo re quitan al día esos pesados con los que no tienes especial interés en conversar? No estamos hablando de un ratito tonto, no, estamos hablando de que dos de cada cinco españoles asegura pasarse más de tres horas al día conectado a Internet, según una encuesta de la empresa Nominalia. Buena parte de ese tiempo trascurre en WhatsApp y, en ocasiones, en conversaciones que te interesan poco menos que un pimiento. Con ese tiempo, te podrías sacar hasta una carrera o convertirte en un atleta. Pero no, lo pasamos con la nariz pegada a la pantalla del móvil. Y sarna con gusto no pica, pero ¿qué pasa cuando realmente no te apetece perder más tiempo con algún conocido de verborrea inclemente? Lo de los grupos ya es agotador, pero los tiradores solitarios son mucho más difíciles de evitar, porque resulta mucho más directo decirles que son unos plastas. He aquí un plan para desactivarlos.

Por qué son pesados

Porque no te interesan. Seguramente, si la persona que te envía mensajes te encantara y te lo pasaras en grande conversando con ella, no te importaría que fuera un poco insistente con los mensajes. Pero cuando realmente te interesa poco mantener una conversación con otro ser vivo y encima éste es muy pertinaz, te crispa. Esto puede ocurrir con todo tipo de personas, que no tienen por qué caerte mal en tu día a día. Por ejemplo, puedes tener una amiga a la que aprecies mucho, pero que le da muchas vueltas a una relación absurda que ya le has dicho que no lleva a ninguna parte y te escriba continuamente para darte el parte. O puedes tener un colega de toda la vida, que está la mar de contento de haberse reencontrado contigo y cada mañana quiera saber de tu vida. O también están esas peligrosas familiares entradas en años que se parten con cosas absurdas –como vídeos de YouTube– cuyo objetivo es compartirlas y esperar una ovación por ello. También están los buitres que esperan conseguir algo más que palabras y que no tienen clara la diferencia entre mostrar interés y acosar. Sea el perfil que sea, cada vez que el móvil indica que tienes un mensaje y lees que pertenece a esa persona, pones los ojos en blanco.

Tarda, tarda y tarda aún más

Te envía un mensaje y piensas “le contesto rápido y así me dejará en paz”. Craso error. Has caído de bruces en la trampa del plasta: sabe que estás ahí, sabe que puedes contestar y no va a rendirse. Está dispuesto a robarte todo el tiempo que pueda. Así que la primera norma para alejar a un pesado whatsapero es tardar mucho en contestar. Él busca conversación para entretenerse en ese momento y si no se la das, se buscará a otro u a otra. Porque no te engañes: no eres único, tiene a más 'víctimas' para llenar sus vacíos virtuales. La otra opción consiste en contestar a plazos: dar una respuesta y no volver a conectarte hasta el cabo de un buen rato. Eso les pone frenéticos: esperan que vuestra conversación sea rápida como una película de acción, llena de explosiones y escenas trepidantes y de esta forma tú le impones que vea un documental iraní, en el que toca mirar un buen rato a los árboles.

No te justifiques

Una de las características que diferencia a WhatsApp de las otras redes sociales es la inmediatez de la respuesta, según una encuesta la Asociación para la Investigación de los Medios de Comunicación (AIMC). Y si no lo haces, tienes la sensación de que estás fallando. Pues quítatela de encima. El plasta ha de entender que es él el que obra mal y no tú, por no contestarle. Los sentimientos de culpa –y esa tendencia a quedar bien– nos llevan a dar mil explicaciones y ahí ya hemos caído en sus redes. Nos disculpamos y por tanto debemos hacer algo para compensarle: como aguantarle 20 minutos de mensajes insulsos. También es muy peligroso que obtenga información de tus horarios. Por ejemplo, si dices: “Por la mañana siempre estoy en el trabajo y no te puedo contestar”, has pringado. Sí, sí, porque seguramente no recibirás sus mensajes por la mañana, pero estará esperando a que salgas del trabajo para acribillarte. Pan para hoy y hambre para mañana. Si en algún momento se molesta y te pregunta por qué no le contestas, basta con decir algo del tipo “no soy mucho de WhatsApp”, “cuando estoy concentrada en algo no lo consulto” y así, sin justificarte en exceso, le dejas claro que contigo no sirven sus argucias.

Pasa a la acción

© Externa

Vale, lo has intentado todo, pero los pesados tienen una pequeña característica que les hace incombustibles: carecen de dignidad. Por tanto, pese a que le hayas pegado unos cuantos cortes, el otro no se ha dado por aludido. Así que necesitarás recrudecer tus maniobras. Empieza por molestarte cuando te envíen vídeos chorras (es una táctica muy habitual entre los plastas). Di que, por favor, no lo haga, porque no tienes muchos datos y estás a punto de quedarte sin ellos. Si, realmente, el acoso continúa, dile claramente que empleas la aplicación para enviar mensajes y no para tener conversaciones, porque no tienes tiempo. Y en caso de que ni por esas consigas un descenso de su cháchara virtual, puedes bloquearle.

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