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Recíclate: después del punto, el croché y el petit point, vuelve el macramé

Vanitatis Vanitatis 20/10/2016 Ángeles Castillo

Alberto Bravo, director creativo y fundador de We Are Knitters, esa empresa tan moderna que parece nórdica y es la versión contemporánea de 'Las Hilanderas' de Velázquez (el 99% de las tejedoras, según los datos de la casa, son mujeres), da en el centro de la diana cuando dice que “las manos sirven para mucho más que mandar 'emails' desde el ordenador”. Lo que pasa es que entre tanto wasap y tanta pantalla se nos está olvidando eso tan antiguo de las manualidades y ya hasta nos resulta tierno y adorable por 'vintage'. Pero aquí está We Are Knitters (WAK), comunidad entregada a las agujas y el ovillo, para recordárnoslo. Habiendo triunfado ya con el arte de tejer y habiéndose sacado de la manga otros ases del DIY (el glorioso 'háztelo tú mismo') como son el croché (o 'crochet' en francés) y el 'petit point', vienen ahora con el macramé para despertarnos de nuestro letargo en brazos de la tecnología. Te contamos cosas de él.

Bufandas, jerséis… y ahora colgadores de plantas

El macramé es tan sencillo (también se puede complicar) y rudimentario que resulta 'minimal', así que estaba llamado a triunfar en la última decoración, que peca de diáfana, espaciosa y 'verde' (por 'eco'), aunque luego esté dominada por el blanco. Así lo vieron en Estados Unidos Alberto Bravo y su socia, María José Marín (Pepita), que por cierto fueron auditores financieros antes que emprendedores del DIY, y decidieron sacarlo del baúl sin fondo de las abuelas y traerlo hasta aquí. Y ahora resulta que “es una tendencia que va a más”, comenta Bravo.

Para WAK, que lleva cinco años ya en escena, fue además “un paso natural”, algo distinto, después de apostar fuerte por el punto y también por el croché y el 'petit point': "Después de la moda y los complementos era el turno de la decoración". Con el macramé se hacen sobre todo colgadores de plantas para poner en casa; también cabeceros de cama  y otros elementos decorativos. Ya no se trata de bufandas ni de mantas ni de jerséis.

Nudos y no precisamente marineros

Hay que echarle nostalgia a la cosa y acordarse del ayer, cuando hacíamos pulseras con nudos y eso, según nos recuerdan en WAK, “ya era macramé”. “Consiste en entrelazar con las manos hilos o cuerdas con nudos de diferente complejidad”. Sin ir más lejos de momento, el macramé básico se sirve hasta de 50 nudos diferentes, entre los que destacan el plano y el cote, “creando cenefas listas (listas sobrepuestas o tejidas) o trenzas para adornar bolsas o telas, maceteros, lámparas, tapices de pared, cortinas y todo aquello que se te ocurra”.

Macramé: anillas, nudos, bolas decorativas y plantas © Proporcionado por Glamouratis Macramé: anillas, nudos, bolas decorativas y plantas

Ampliando vocabulario

Si ya tejiendo te enteraste de lo que era dar uno del derecho y otro del revés o echar los puntos, ahora ampliarás vocabulario con el nombre de los nudos, como buen marinero en tierra. Está el mazorca, el 'chevron', el diagonal, el zigzag, el simple, el del cabo, el plano, la trenza, la doble trenza, el infinito, el cuatro o el espiral. ¿Lioso? Lo mejor, recomienda Alberto Bravo, es empezar por algo sencillo e ir subiendo el nivel de dificultad. Sin complicarse la vida. Será como hacer yoga.

Todo en un kit

El kit de la cuestión © Proporcionado por Glamouratis El kit de la cuestión

Los kits de WAK contienen lo básico: el ovillo de algodón Pima del color que elijas, una anilla de madera para sujetar la labor, cuatro bolitas de madera para decorar y el patrón con las explicaciones. Solo verlos ya te seducirá. Y luego están los vídeos tutoriales en la web “para que no se te resista ningún nudo. “Queríamos arriesgar, pero no mucho. En la siguiente temporada, ya lo complicaremos. En principio tejer da mucho respeto, pero esto es sencillo”, apunta Bravo. ¿El precio del kit? 28 euros. No dejes de entrar en su blog ni de meterte entre bambalinas. Te picará la curiosidad.

Desde oriente a una hamaca

La palabra es francesa y a su vez viene del turco 'makrama', porque el arte en sí es originario de oriente. Ya los persas y los asirios hicieron macramé y más tarde los árabes, que lo trajeron a Europa, y los europeos, que lo llevaron a América, y así hasta que llegó a manos de los caribeños, que lo utilizaron para hacer sus hamacas muy en la línea del García Márquez de 'El amor en los tiempos del cólera". Los kits de WAK son de algodón (100% natural), pero también se hace lo propio con lino, yute y hasta seda. Todo es muy 'eco' y natural, y también, dicho sea de paso, muy chic.

Para todos los públicos

El macramé como todas estas labores manuales son aptas para todos los públicos, incluso para los niños. "Si nosotros aprendimos, cualquiera puede hacerlo", dice entre risas Alberto. Sin embargo, ojo al dato, son las mujeres las que lo practican, “hasta un 99% de nuestros clientes”. Más jóvenes, entre 25 y 35 años, en el caso del arte de los nudos. El personal laborioso es muy pero que muy animado: ahí están las fiestas, las proverbiales Knitting Parties; las merendolas y tertulias en torno a la lana o el algodón, y las fotos, creativas por demás, subidas a Instagram y otras redes sociales: “Tenemos una comunidad muy activaque siempre nos apoya. Como es algo que se hace con las manos, a la gente le encanta compartirlo, enseñarlo. Sobre todo, después de pasar tantas horas con el ordenador, la tablet, el móvil, que ya casi ni hablamos por teléfono”. 

Ponte manos a la obra ya © Proporcionado por Glamouratis Ponte manos a la obra ya

Se hacen auténticas maravillas, de las que no se compran. O se venden a precio de oro. Gusta sobre todo en Madrid y Barcelona, y en el norte, ya que “es estacional y se practica más en invierno”, aunque WAK saca sus kits de verano con fibras más ligeras para elaborar artículos de temporada, y tiene muchas adeptas (en femenino) en Baleares, como curiosidad.

¿Una moda? No, un estilo de vida

WAK es toda una comunidad (Foto: Instagram de Ana Sloane Street) © Proporcionado por Glamouratis WAK es toda una comunidad (Foto: Instagram de Ana Sloane Street)

Este es un movimiento de vuelta a las raíces. ”Utilizar las manos para algo más que teclear te hace sentirte útil”, dice el CEO de We Are Knitters, convencido de que el tejer (y lo que ha venido después y lo que vendrá) es un estilo de vida, no una moda: “Nosotros llevamos ya cinco años y seguimos creciendo, y en Estados Unidos el movimiento tiene una década y va en aumento”. Desde su web puedes incluso apadrinar una oveja y luego te mandan su lana a casa. Sí, realmente, esto es una forma de vida. 

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