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Sabemos por qué no has conseguido adelgazar este invierno

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 15/03/2017 Mar Bonet

Hay dos tipos de personas. Esas a las que les gusta el invierno y a las que no. En cualquier caso, es una estación complicada. Hace frío, casi no ves el sol y el ambiente se tiñe de tristeza y melancolía. Pero todavía queda la guinda del pastel: resulta que ahora que está a punto de asomar la primavera, te das cuenta de que no puedes abrocharte tus vaqueros favoritos y esa camiseta de manga tres cuartos, que antes te quedaba que ni pintada, ahora te marca unas lorzas en la cintura que no sabías que tenías. Pues sí, se acerca el buen tiempo y con él llega el momento de quitarte capas de encima.

Es la hora de la verdad y la báscula no engaña: no has bajado ni un gramo. Y no solo eso, sino que has ganado algunos kilitos. La culpa, por supuesto, es del invierno. Pero, además del frío, estas son algunas de las razones que han hecho que ganaras peso. Te decimos además cómo puedes ponerle remedio.

Estado de ánimo

Aunque el estilo de vida en las grandes ciudades hace de bálsamo lumínico y nos protege de la oscuridad, lo cierto es que la falta de luz en invierno es evidente y, además, tiene una relación directa con nuestro estado anímico. Se han llevado a cabo varios estudios científicos que demuestran que la ausencia de luz natural está asociada con la tristeza. Es lo que se conoce como Trastorno Afectivo Estacional (TAE), asociado a síntomas como fatiga, pesadumbre, irritabilidad y vulnerabilidad. Y he aquí lo que estaba bajo sospecha. Cuando nos sentimos deprimidos, ansiosos o malhumorados, tendemos a comer más.

© Externa

Normalmente, este 'comer más' nos impulsa a ingerir más azúcares y alimentos altos en calorías. Eso si no recurres al alcohol, que puede significar una dosis extra de calorías (una lata de cerveza son 220 calorías). Si te tomas tu cervecita cada día, haz cuentas y saca conclusiones. La buena noticia es que hay luz al final del túnel (literalmente) y que hay formas de superar el TEA. Aquí tienes algunas: búscate actividades divertidas, apúntate a algún taller que te motive, haz deporte, invita a tus amigos a cenar a casa o sal a cenar fuera con tu pareja. Estos pequeños gestos te motivarán y harán que tus días no sean monótonos y aburridos.

Comida fácil y rápida

El invierno no es únicamente la imagen idílica de chimenea, sofá y manta. La otra cara de la moneda son las preocupaciones y los picos de estrés: desde la gripe que te deja una semana tumbado en la cama y te obliga a hacer horas extras cuando te incorporas de nuevo a la oficina o la factura estratosférica de electricidad que rompe con tus estadísticas de economía doméstica, hasta las constantes inclemencias del tiempo que boicotean tu logística de transporte.

Ante las presiones, nuestro organismo tiende a lo fácil y cómodo. Es cuando entra en escena la comida rápida y poco elaborada. La sal puede reducir la hormona del estrés, el cortisol. Y el azúcar tiene un efecto similar. Así pues, que no te sorprenda que la dieta que sigues cuando estás sometido a mucho estrés sea una bomba calórica. Lo mejor que puedes hacer es concederte algún antojo eventualmente, así evitarás atiborrarte de comida basura más tarde. El truco es que debes evitar que el 'pecado' ocupe gran parte del plato. Trata de que tu comida sea equilibrada: dale mucho protagonismo a la verdura y a la proteína y al capricho del día déjale un papel secundario.

Encerrados en la guarida

Seamos sinceros. Hay que ser muy valiente para salir a correr un día en pleno invierno a las 7 de la mañana, cuando hace tanto frío que el cutis se te agrieta y las calles están oscuras como si fuera plena noche. Lo fácil es apagar el despertador y esconderse bajo el edredón hasta que sea la hora de ir a trabajar. Lo mismo ocurre cuando llegas a casa tras una dura jornada laboral. Te inventarás mil y una excusas antes de salir de nuevo e irte al gym a tu clase de spinning. Es más, aunque hagas el esfuerzo de ir al gimnasio a entrenar, siempre estarás menos tiempo haciendo ejercicio que el que inviertes en esos largos paseos de primavera con tu perro por la playa.

El buen tiempo lleva implícitas una serie de actividades en el exterior que con el frío quedan anuladas. Además, cuando estás en el sofá haciendo un maratón de series de Netflix, tienes altas probabilidades de picotear comida basura o comer por aburrimiento. Así que para que esto no ocurra, la sugerencia es que le pongas un poco de brío al asunto e intentes hacer algo de actividad en tu día a día. Haz un viaje al trabajo andando, queda con un amigo para salir a pasear o sal a dar una vuelta a la hora de comer. Son formas sencillas de hacer un poco de ejercicio diariamente y de activar tus niveles de energía.

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