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Siete razones para atreverse a terminar una relación

ELLE ELLE 16/08/2016
Siete razones para atreverse a terminar una relación © Copyright © 2016 Hearst Magazines, S.L. Siete razones para atreverse a terminar una relación

Y es que, aunque sabemos que ninguna pareja tiene garantías de que lo suyo vaya a funcionar, todos deseamos que lo nuestro sea para siempre. Una forma de pensar que nos aleja de la tranquilidad que da saber que no pasa nada por romper con alguien. No es un fracaso, ni una vergüenza ni dice nada de ti o de lo que vales como persona.

Así que, suponiendo que nos atrevamos a dejarlo si la cosa no funciona, ¿cómo hacer para distinguirlo? ¿Cómo saber cuándo ya no hay solución y es mejor que cada uno siga por su lado? Desde luego que cada pareja es diferente y que no todos le damos importancia a lo mismo, pero hay algunas señales bastante evidentes de que una relación debería tener los días contados.

-Ya no estás enamorada. Parece obvio, pero hay quien sigue con su pareja aunque ya no esté enamorado. Tal vez porque aún no lo sabe, tal vez porque no se atreve a reconocérselo o quizás porque el cariño que le tiene pesa más que la falta de amor.

¿Cómo darte cuenta de si a ti también te está pasando? Puede ser porque habéis llegado a un punto en el que te molesta cuando habla, te parece que sólo dice tonterías, no tienes ganas de verle ni de pasar tiempo con él, ya no te ríes como antes, no te apetece besarle ni tocarle, no te preocupa lo que le pase o no es la primera persona a la que le cuentas lo que te pasa a ti.

-No es como te imaginabas. Si tu chico no es tan cariñoso, tan divertido o tan generoso como te pareció cuando le conociste, y a día de hoy sigues echando de menos la imagen de él que te habías montado, tal vez sea que no estás con la persona con la que quieres estar. Se nota porque vives esperando a que cambie y a que sea como tú quieres que sea, y te pasas el día reprochándole esto o pensando en que ojalá fuera más de aquello…

¿Te das cuenta de lo difícil que lo hacemos a veces? ¿No sería mucho más sencillo buscar a alguien que sea como queremos (ojo, que nadie será al 100% lo que buscas, pero seguro que se le puede acercar más) que empeñarnos en cambiar a la persona que tenemos al lado?

-No queréis lo mismo. Ya sea en el presente más inmediato o en el futuro más lejano, vuestros gustos y vuestro proyecto de vida no tienen nada que ver. Por ejemplo, habláis del fin de semana y nunca os apetece lo mismo. Pensáis en las vacaciones y cada uno quiere una cosa. Le cuentas cómo es tu futuro ideal y no tiene nada que ver con el suyo. O para él lo más importante en la pareja es la fidelidad y tú lo que más valoras es la comunicación…

En definitiva, no os importan las mismas cosas, vuestros valores son casi opuestos y ni siquiera tenéis hobbies comunes. Sois como el día y la noche. ¿Y aun así queréis seguir juntos?

-Das mucho más de lo que recibes. Te sacrificas por él, te esfuerzas por hacer cosas que le gusten y te adaptas a su vida mucho más que él a la tuya. Desde decir que no a un plan con unas amigas, dejar de ir a una fiesta a la que te apetecía muchísimo asistir o, incluso, alejarte de alguien porque a él no le cae demasiado bien.

Y él, mientras tanto, un día es el hombre más enamorado del planeta y al día siguiente se agobia y necesita un poco más de espacio. Hace sus planes sin contar contigo o pasan los días y no te llama, con la excusa de que está muy ocupado.

¿Crees que eso es amor? Pues no, porque lo que queremos lo cuidamos, porque cuando estamos enamorados llamamos (más o menos, pero llamamos) y porque cuando estás con alguien tienes ganas de ver a esa persona. Y no, a esto no hay excepciones.

-Lo negativo pesa más que lo positivo. La mayoría de las veces que os veis discutís, os gritáis mucho más que deciros cosas bonitas y vuestra relación es como una montaña rusa de amor-odio.

O tal vez es que ya no te gusta cómo te trata, te obliga a hacer cosas que no quieres hacer, es muy celoso, no confía en ti y te juzga y te critica por cómo eres.

Incluso puede que hayáis llegado a un punto en el que te falta al respeto, te miente, te humilla, te ningunea, te insulta, te desprecia y puede pasarse días sin hablarte como una forma de venganza por algo que has hecho. Además siempre quiere tener la razón, nunca te pide perdón y te echa la culpa a ti de todo lo que no va bien. Y, aunque una y otra vez te dice que va a cambiar, al final nunca cambia.

Una señal bastante habitual en estos casos es que tus amigas te dicen que has cambiado mucho desde que estás con él y piensan que no te conviene una persona así. Pero tú, aunque la relación se te hace cuesta arriba la mayoría de los días, sigues empeñada en que lo vuestro funcione y te resistes a dar el paso de dejarlo.

En definitiva, la balanza de vuestra relación está claramente inclinada hacia el lado negativo y tú terminas sufriendo y pasándolo mal la mayor parte del tiempo. ¿Te identificas con estos ejemplos? Pues simplemente deberías saber que cuando alguien no te trata bien es que te trata mal. Y punto. Porque el verdadero amor no tiene nada que ver con la dominancia, la posesión o el control. Y las tormentas sólo deberían ser algo puntual, nunca la regla que define una relación. Pero, claro está, si tu pareja no te quiere como te mereces la única que ha de tomar conciencia de ello eres tú.

-Estás con él por miedo a no estar sola. Entonces, sigas o no con él, lo primero que deberías trabajar es ese miedo a estar sola, porque mientras lo sigas teniendo una y otra vez seguirás eligiendo a la persona equivocada.

Y es que aprender a estar sola es algo fundamental para saber estar en pareja. Saber que en realidad nunca vas a estar del todo sola, que es imposible tener una soledad completa, que siempre estamos rodeados de personas y que, pase lo que pase, te tienes a ti misma. Ahí está la clave, en aprovechar esa soledad relativa para conocerte y aprender a quererte, hasta que llegue un momento en que estar con alguien se convierta en una elección, y no en una necesidad.

Pase lo que pase recuerda que la pareja no da la felicidad y que la única felicidad que vale la pena has de dártela tú.

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