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Sucumbe al placer con los orgasmos cerebrales: así son y así puedes alcanzarlos

Vanitatis Vanitatis 29/11/2016 Mar Bonet

Se levanta el telón y ves a una rubia con uñas larguísimas susurrando a la pantalla con voz forzadamente sensual. Rumorea sonidos con la ayuda de elementos como un cepillo, un papel arrugado, unos dados, una brocha de maquillajeo su propio pelo. ¿Título de la película? ASMR, o lo que es lo mismo, un vídeo que estimula la Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma. Se trata de un método de relajación sensorial que desde hace unos años está invadiendo la red y a día de hoy ya cuenta con varios millones de visualizaciones en YouTube. 

El ASMR es, en términos técnicos, un "fenómeno biológico caracterizado por una placentera sensación que provoca calidez y relajación, y que en ocasiones puede estar acompañado de cierto hormigueo que se siente usualmente en la cabeza, cuero cabelludo o regiones periféricas del cuerpo como respuesta a varios estímulos visuales y auditivos", según recoge Wikipedia. 

Según parece, la sensación es parecida a un cosquilleo que nace en la nuca, va bajando por la espalda y se extiende por el cuerpo a medida que aumenta la intensidad. De ahí que se haya bautizado este fenómeno como orgasmo cerebral. Suele desencadenarse cuando una persona escucha un susurro, al hojear las páginas de un libro o el compás de unas uñas tecleando una superficie lisa. Se le eriza la piel y un relajante cosquilleo le recorre el cuerpo. 

¿En qué consisten y para qué sirven?

Para conseguir el efecto envolvente que escucharás cuando te pongas los auriculares y le des al 'play', los creadores de estos vídeos utilizan micrófonos que captan el sonido en tres dimensiones. Es lo que se conoce como sonido binaural. Y te preguntarás ¿para qué?, ¿por puro placer? Según el estudio de Baratt y Davis publicado en 2015 sobre el ASMR, el 98% de los encuestados afirmaba que usaban estos vídeos para relajarse, el 82% los veían porque les ayudaba a dormir bien y el 70% aseguraban que los miraban para lidiar con el estrés. 

© Externa

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El mismo estudio apunta que los activadores del ASMR son los susurros, la atención personal, los sonidos chasqueantes y los movimientos lentos.

La mayoría de los participantes afirmó que había tenido su primera experiencia con ASMR entre los 5 y los 10 años y el 81% de ellos admitió que la mejor hora para ver estos vídeos es por la noche antes de meterse en la cama.  

Evidencias científicas

La verdad que visto desde fuera, y después de haber visualizado unos cuantos vídeos sin llegar al esperado clímax, la experiencia resulta envidiable. Pero ¿por qué unas personas pueden sentirlo y otras no?, ¿qué evidencias científicas existen acerca del ASMR?, ¿se puede sugestionar el cerebro para sentir estos escalofríos? "Lo cierto es que no hay estudios neurofisiológicos que permitan constatar este fenómeno", apunta Almudena Gómez Pulido, doctora en psicología y experta en neuropsicología clínica de la Unidad de Estimulación Neurológica de Barcelona. Por un lado, afirma, existe la posibilidad de que determinados individuos sean hipersensibles a estos estímulos: "Igual que el umbral de dolor es diferente en cada persona y hay quien lo soporta mejor y quien lo vive peor, el umbral de la sensibilidad también es subjetivo". 

Por otro lado, también se puede tratar del llamado efecto placebo, señala Gómez. "Es como un efecto psicosomático que determinadas personas experimentan cuando, por ejemplo, sienten dolor abdominal provocado por causas psicológicas o cuando somatizan dolor de cabeza por un exceso de ansiedad o estrés". Es decir, puede que algunos individuos estén muy predispuestos a percibir los efectos del ASMR y terminen asociando ese deseo mental a su reacción física ante dichos estímulos. 

Mientras el debate sobre este fenómeno se ensancha, se polemiza sobre la utilidad de estos vídeos y su base científica. Pero la realidad es que 'youtubers' especialistas en ASMR comoGentle Whispering cuentan ya con más de 800.000 suscriptores y uno de sus vídeos acumula casi 17 millones de visualizaciones. Esto constata que, más allá de la credibilidad que se le dé a este fenómeno desde la comunidad científica, existe una realidad paralela, llamada Internet, donde todo cabe. Si llegan al orgasmo o no, es otra cuestión. Pero como mínimo, y a juzgar por el crecimiento del número de seguidores, hay millones de personas a las que les resulta placentero mirar estos vídeos. Y ante eso, no hay estudios ni pruebas que valgan.

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