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Todo lo que Trump está haciendo por la Tercera Guerra Mundial

Logotipo de GQ GQ 09/08/2017 GQ

El "fuego y furia" con los que amenazó ayer a Corea del Norte no tiene precedentes, pero hemos de entenderlo en el contexto de una administración fallida. 1 © Proporcionado por Revista GQ 1

Todos aquellos y aquellas que hemos estudiado un poco su carácter sabíamos que algo así iba a pasar durante esta semana. El presidente de Estados Unidos no puede irse de vacaciones, porque eso significa que va a pasar tiempo desocupado. Y eso significa que va a aumentar sus hábitos de consumo televisivo. Y eso significa, indefectiblemente, catástrofe.

Compareciendo desde uno de sus campos de golf, Donald Trump anunció ayer que Corea del Norte se encontraría "con fuego y furia como el mundo no ha visto antes" si continúa provocando a Estados Unidos a través del desarrollo de un arsenal nuclear cada vez más sofisticado. Sus palabras fueron recibidas con el sonido de millones de personas en todo el globo conteniendo la respiración, pero no sucedieron en el vacío. Para entenderlas, antes hay que considerar las reiteradas amenazas que Kim Jong-Un ha dirigido a un pedacito de tierra en mitad del Pacífico, los primeros seis meses de la administración Trump y, sobre todo, el clima de la zona que el Comandante en Jefe ha elegido para relajarse durante sus vacaciones de verano, pues hay una posibilidad muy real de que nada de esto hubiese ocurrido si esta semana no estuviera lloviendo en Bedminster, Nueva Jersey.

¿Teléfono rojo? Volamos hacia Pionyang

Nos guste o no, estamos asistiendo una escalada de tensiones nucleares inédita desde los tiempos más cálidos de la Guerra Fría. Después de que el Consejo de Seguridad de la ONU votase el sábado (por unanimidad) la imposición de nuevas sanciones económicas a Corea del Norte como respuesta a sus pruebas con misiles balísticos intercontinentales, el país lanzó un comunicado acusando a Estados Unidos de "intentar conducir la situación de la península coreana hacia el borde de la guerra nuclear". En cierto sentido, tiene razón: el nuevo paquete de sanciones se sometió a votación a instancias de Washington, que lleva desde primavera presionando para que los ensayos armamentísticos del dictador no queden impunes. Sin embargo, el ministro de exteriores norcoreano declaró el lunes que su país "no está dispuesto a poner su arsenal nuclear y sus misiles balísticos en la mesa de negociaciones". Aparte de amenazar a con "obligar a Estados Unidos a pagar un alto precio" por haber impulsado las sanciones.

El precio al que se refiere es, al parecer, la isla de Guam.

Estos 550 kilómetros cuadrados de resorts de lujo para los norteamericanos que busquen una alternativa sensiblemente más económica a Hawai llevan en el punto de mira de Pionyang desde hace tiempo. La isla tuvo una importancia estratégica para España durante la edad de oro de las colonias, pero fue cedida a Estados Unidos en 1898. Ya sabes: territorio no incorporado estadounidense más cercano a las costas coreanas, base de la fuerza aérea y base naval, lo que la convierte en una diana especialmente apetecible para probar la verdadera potencia de tu arsenal. O, al menos, para chulearte ante el enemigo y dejarle claro que *podrías* hacerlo, lo que en el argot norcoreano se expresa como estar "examinando un plan operacional".

De modo que, si Kim se pone vieja escuela, Donald también lo va a hacer. Su ya célebre Discurso de Fuego y Furia es, en realidad, un plagio más o menos velado del que Harry S. Truman pronunció el 6 de agosto de 1945, cuando anunció al planeta que Estados Unidos acababa de lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima y alertó a Japón de que cualquier acción que no pasara por su rendición incondicional significaría que podrían "esperar una lluvia de ruina desde el aire como nunca se ha visto antes en la Tierra". La Casa Blanca no está respondiendo a preguntas sobre si las palabras de Trump ayer, brazos cruzados y esposa Melania a su lado, estaban planeadas de antemano o constituyen uno de sus famosos ad libs, pero parece obvio que este gran corte de mangas a la tradicional mesura con la que los presidentes estadounidenses solían manejar las crisis internacionales en tiempos de paz está canalizando conscientemente el recuerdo de Truman. Sobre todo, porque a Trump no le vendría mal un poco de mentalidad de guerra (cosmovisión en blanco o negro, frente común contra un enemigo exterior, medidas desesperadas para tiempos ídem) en estos momentos.

Fracasar no es una opción

Trump se ha ido de vacaciones casi inmediatamente después de que los republicanos sufrieran la humillación de sus vidas al ser incapaces (otra vez) de coordinarse para derogar y reemplazar Obamacare en el Senado. Por muy duro que este revés haya herido a su reforma sanitaria, se trata simplemente del golpe de gracia para los que varios analistas consideran los peores primeros seis meses de cualquier presidente en la historia de Estados Unidos. Tanto que su equipo ha tenido que hacer un vídeo explicando por qué son, en realidad, los mejores.

Pero abandonemos por un momento el país de Cucú Bananas y remitámonos a los fríos hechos. La administración no ha conseguido aprobar ninguna ley significativa desde finales de enero, lo que resulta especialmente sangrante con un Congreso controlado por el propio Partido Republicano. Su índice de popularidad es el más bajo de la historia, su gabinete se ha convertido en una mezcla entre 'Juego de Tronos' y su viejo reality show, sus intentos por conseguir una desregulación del sistema financiero se están encontrando con oposición en todos los bandos y la mayor parte de las medidas que prometió hacer efectivas desde su primer día en la oficina (en especial, lo del muro) se están retrasando sine die. Así las cosas, los únicos tantos reales que el presidente se puede apuntar a día de hoy son: a) colocar a Neil Gorsuch en el Tribunal Supremo —gracias a la jugada sucia que el GOP le hizo a Obama durante sus últimos meses—; b) salirse del Acuerdo de París; y c) ahogar la inmigración ilegal con un puño de hierro envuelto en alambre de espino.

En esta tesitura, a Fox News no le queda más remedio que apuntarle a la administración Trump uno par de tantos que, a todas luces, forman parte de la herencia recibida: el crecimiento económico generalizado y la estimulación del mercado de trabajo. El presidente está retuiteando desde su cuenta personal prácticamente cualquier pantallazo laudatorio que sus programas de televisión favoritos hayan compartido durante estos días, sin descuidar por ello sus ya clásicas referencias a una conspiración por parte de las Fake News, empeñadas en no informar a la ciudadanía de los auténticos logros de la administración (ahí es donde entra Trump TV, una iniciativa que ya ha sido comparada con las tácticas propagandísticas de su enemigo íntimo). En general, el presidente está pasando demasiado tiempo en Twitter incluso para sus estándares, algo que quizá explicaría ciertos ataques de mala conciencia. "Esto no son vacaciones: ¡reuniones y llamadas!" suena tanto a excusatio non petita que los medios de comunicación se la han tomado como tal, especialmente después de ver el vídeo de bodas más popular del verano.


Escucha el ritmo de la lluvia que cae

Literalmente horas después de asegurar, vía tuit, que se está rompiendo el lomo a trabajar en su resort de Bedminster, Trump se hace viral por colarse en una boda con su uniforme oficial de golfista setentón. Como es natural, todos los late nights del país se rieron del vídeo, pues su torpe conato de campechanía a lo Obama (imagina que Trump irrumpe en *tu* boda gritando: "¿¡Dónde está la novia!?") es una navidad anticipada para cualquier guionista de comedia. De modo que aquí está el presidente más trabajador desde Teddy Roosevelt, el tipo que criticaba a su antecesor por jugar demasiado al golf, el genial estratega que no tiene tiempo ni de respirar con todas esas "reuniones y llamadas".

Trump ha visto cómo la tele se reía de él por esto. Trump ha visto mucha tele estos días, pues ha estado lloviendo en Nueva Jersey y, por tanto, no ha podido salir a hacer unos hoyos tanto como a él le gustaría. Es una teoría, claro, pero muchos medios se han detenido a, como mínimo, considerarla. Eso explicaría por qué ha tuiteado tantísimo sobre los asuntos que el programa 'Fox & Friends' ha tratado durante la última semana... exactamente a la misma hora que los estaba tratando. A principios de año, Axios publicó un artículo detallando cuánto tiempo dedica el presidente a ver la tele (respuesta: mucho). Poco después, las filtraciones recibidas por periódicos como el New York Times y el Washington Post insistieron en los auténticos malabarismos que algunos trabajadores de la Casa Blanca tenían que hacer para evitar que Trump viese cómo lo criticaban en la tele, una acción que siempre garantiza su correspondiente reacción furibunda a través de Twitter. Durante una semana normal en Washington, es muy sencillo entretener a POTUS con sesiones informativas ad hoc, pero ahora imagínalo de vacaciones en su campo de golf. Sin poder salir a jugar por culpa de la lluvia. Solo. Con el mano a distancia en la mano.

De modo que Donald Trump ha dedicado más tiempo que de costumbre a escuchar lo que los (deshonestos) medios tienen que decir acerca de su gestión hasta el momento, con Fox News como único oasis en medio del desierto. Si a ese coro griego de comentaristas televisivos le sumamos las amenazas de Corea del Norte, es más sencillo entender por qué Trump ha prometido furia y fuego por doquier. "Creen que soy un inútil, ¿eh? ¿Creen que no sirvo para nada? ¿Creen que me voy a dejar torear por Corea? Yo les enseñaré. Oh, cómo se lo voy a enseñar...". La psicología de Trump no es ciencia espacial, sino que el presidente de Estados Unidos es sorprendentemente fácil de decodificar a poco que conozcas su trayectoria. Así que, cuando tus nietos te pregunten cómo fue posible que aquel tío nos metiera a todos en la Tercera Guerra Mundial a golpe de tuit, háblales de Guam, háblales de 'Fox & Friends', háblales del vídeo de la boda y, sobre todo, háblales de la lluvia en Nueva Jersey.

www.revistagq.com

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