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Vacaciones en Tuvalú: La isla con solo tres turistas al día

Harper's Bazaar Harper's Bazaar 20/04/2016 harpersbazaar.es

Foto: Getty Images.

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Levantar un gigantesco resort de 2.000 habitaciones frente a una de las paradisíacas calas de Tuvalú sería una de las peores ideas que pudiera tener cualquier empresario hotelero. Trasladar la clásica oferta caribeña de playa y barra libre de cócteles junto a la piscina podría llevarle a la ruina. Y no porque la idea de tumbarse al sol en las perfectas playas de la isla del Pacífico Sur no sea suficientemente atractiva, sino por la imposibilidad de llenar el complejo.

Tuvalú, a medio camino entre Australia y Hawái, con cuatro arrecifes de coral y cinco atolones en sus apenas 25 kilómetros cuadrados, no es solo el país con menos habitantes del planeta (alrededor de 12.000, con permiso del Vaticano, que son 950), sino también el que menos turistas recibe. Según la Organización Mundial del Turismo, una media de 1.300 visitantes anuales en lo que llevamos de siglo XXI, es decir, tres al día. Y así no hay megaresort que se mantenga...

Al igual que a otros países con baja densidad turística, como Kiribati, São Tomé y Príncipe o las islas Comoras, la principal razón por la que apenas reciben visitantes es la insularidad y la complejidad de llegar hasta allí. No hay restricciones de número de turistas como en Brunei, ni complicadas gestiones burocráticas como las de Corea del Norte, pero con solo dos vuelos semanales a Fiji como única conexión área, es difícil que lleguen muchos más de los que ya lo hacen.

Una pena, porque Tuvalú tiene mucho que ofrecer. Además, precisamente por la poca presencia de turistas, es todo un paraíso para los que buscan de verdad borrarse del mapa, desaparecer durante sus vacaciones y, de paso, llegar donde seguramente nadie de su entorno habrá estado jamás.

La puerta de entrada al país, independiente de Reino Unido desde 1978 pero que mantiene a Isabel II como jefa de Estado, es su capital: Funafuti. No es necesario irse muy lejos de allí para asombrarse ante las maravillas de la Polinesia, pues precisamente la laguna turquesa que se encuentra a sus pies es una de las maravillas del archipiélago, con unas impresionantes medidas de 14 x 18 km. Unas horas de chapuzón y snorkel en sus aguas perfectas es un buen modo de comenzar la jornada.

Claro que hay que reservar una mañana para cogerse un catamarán y marcharnos al atolón de Funafala, el segundo lugar más poblado del país, donde no hay tiendas ni restaurantes. Además de una cesta de pícnic, no podemos olvidar la cámara de fotos, pues es el típico lugar de chozas de paja, palmeras y playas de arena blanca. ¡Parece un auténtico decorado de una película! No es lo único pintoresco, allí o en la capital se puede ver una partida de kilikiti, una versión local del críquet, así como un emocionante encuentro de te ano, que es un juego que recuerda al voleibol pero que también ha sido adaptado por los tuvaluanos a su forma.

Otra de las actividades que no debemos dejar de hacer es el más que bucólico envío de postales. Pero no porque un ataque de nostalgia deba envolver todo viaje a la Polinesia, que también, sino porque los sellos de la isla, incluso matasellados, son de los más deseados por los amantes de la filatelia. El despacho de Correos de Tuvalú es de esos lugares que no hay que dejar de visitar, al igual que la librería de la Universidad del Pacífico Sur Central, donde encontraremos todo tipo de volúmenes con fotografías increíbles sobre el archipiélago.

Entre baños de sol, chapuzones en la laguna y deportes acuáticos, no podemos olvidarnos de darnos el gustazo de comer pescados a la brasa, recién capturados y en barbacoas que siempre están listas en los pequeños bares y restaurantes de Funafuti. No faltarán cocos preparados para refrescarnos, aunque lo habitual es beber cerveza (solo de importación). Además de coco, pescado y marisco, el menú de Tuvalú se completa con pulakas y taros (unas hortalizas parecidas al boniato, fuente de hidratos de carbono), así como con cangrejos, tortugas, carne de cerdo y plátanos. Los Futi, tiendas gubernamentales de alimentación, es el mejor modo de comprar comida, si queremos irnos de excursión por atolones desiertos.

El único hotel del país, de 17 habitaciones, también es del Estado. Se llama Vaiaku Lagi Hotel y se encuentra frente a la laguna de Funafuti. Es un edificio pequeño, con habitaciones sencillas y sin lujos, pero tampoco se espera que estemos allí más tiempo que el estricto para dormir. El resto de opciones son pequeños hostales y casas de huéspedes (no hay zonas de acampada).

Si queremos visitar Tuvalú desde España, debemos prepararnos para una maratón aérea, así como para un desembolso de alrededor de 2.800 € mínimo por viajero. Las opciones más económicas nos obligan a hacer escala en Shanghai (China) y Auckland (Nueva Zelanda), antes de llegar a Fiji; o en Dubái (Emiratos) y Melbourne (Australia). Ambas, hasta llegar a Funafuti, suponen unas 50 horas de viaje. Más rápida (unas 40 horas) es la opción vía Hong Kong (con Cathay Pacific desde Madrid) o Singapur (desde Barcelona con Singapore Airlines), pero el precio se dispara por encima de los 6.000 €.

Una vez con los billetes en la mano, basta con emular la experiencia de los duques de Cambridge en la isla. El príncipe Guillermo y Kate Middleton visitaron Tuvalú en 2012 y sus fotos con faldas polinésicas, tocados de palma y bailes tradicionales dieron la vuelta al mundo. No les faltó el coco para refrescarse ni la corona de flores tropicales, en una de las visitas oficiales más divertidas, según la prensa británica, que se recuerdan. Y todo en una isla donde, el año que más turistas recibieron, que fue 2010, apenas fueron 1.700 personas.

Más información: Los vuelos de Fiji Airways entre Suva y Funafuti son los martes y viernes (dos horas y cuarto de trayecto, desde 1.030 € aprox./ida y vuelta). La moneda local es compatible con el dólar australiano. Hay una tasa turística de 30 dólares australianos por persona. Turismo de Tuvalú.

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