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Con ustedes… el coleccionista obsesionado por Citroën

Logotipo de MichelinMichelin 07/08/2017
© Mullin Automotive Museum

Citroën es una rareza en el mundo del automóvil: en lugar de seguir a la manada, el fabricante francés está dispuesto a correr riesgos y a apostar por la innovación. En consecuencia, a lo largo de los años, Citroën ha construido algunos de los coches más peculiares: a menudo estrafalarios, pero bonitos a la vez; engañosamente sencillos y sin embargo con un alto perfil técnico.

“Los Citroën son automóviles extraordinarios”, afirma con entusiasmo Peter Mullin, presidente del consejo de administración del Museo Petersen del Automóvil en Los Ángeles y fundador y presidente ejecutivo del Museo Mullin del Automóvil en California, EE. UU. “La mezcla de diseño futurista e ingeniería de vanguardia no tiene precedentes. Son extraños y maravillosos al mismo tiempo”.

© Rex Features

El antiguo magnate de los seguros y entusiasta del motor de toda la vida conoció a este mítico fabricante de coches cuando estaba en la universidad. “El padre de un amigo tenía un DS”, recuerda. Al primer vistazo, Mullin no tenía muy claro si le gustaba o no. “No acababa yo de ver eso del techo tan curvado hacia abajo”, admite Mullin. “Pero cuando vi el coche ponerse en marcha y encarar la carretera como si fuera conduciendo sobre una nube, me enamoré… Pensé “Vaya logro de concepto”. Cuanto más lo observaba , me parecía cada vez más elegante, y me iba quedando más y más prendado”.

Pese a que Mullin ha estado coleccionando coches franceses durante más de 35 años (principalmente Delahayes, Delages, Bugattis y Bellangers) solamente lleva unos años coleccionando Citroëns. “Después de comprar mi primer Citroën, quería celebrar el 100 aniversario de la marca”, cuenta Mullin. Dicho y hecho: se puso a recorrer el mundo en busca de los modelos de Citroën más históricos y singulares que se han construido. El resultado fue la colección de Citroëns más grande de Norteamérica. “Cuarenta y seis vehículos en total”, dice, “incluidos varios vehículos hechos por el carrocero francés Chapron, un raro 2 caballos Sahara de 1966 con dos motores, un par de 7C Traction Avants y la icónica furgoneta HY.” Todos pueden verse en el Museo Mullin del Automóvil como parte de una exhibición titulada “Citroën: el hombre, la marca y la mística”.

Como con tantos coleccionistas, el interés de Mullin por los coches comenzó en la infancia. “Mi padre era ingeniero químico en Mobil”, dice este oriundo de Los Ángeles de 76 años de edad. “Solía ir con él a eventos relacionados con los coches: carreras, shows, lo que fuera. A él le interesaba ver cómo funcionaba la gasolina Mobil en los coches, la viscosidad, el coeficiente de fricción, ese tipo de cosas. Yo estaba interesado en la velocidad y el diseño. Formábamos una insólita asociación: él me enseñaba cómo funcionaban los motores y yo le enseñaba a él cosas sobre el lado artístico de los automóviles”.

© Mullin Automotive Museum

El primer Citroën que compró Mullin fue un Traction Avant Cabriolet 7C de 1934 (foto de arriba). Diseñado por André Lefèbvre y Flaminio Bertoni, el Traction Avant era revolucionario y rompía con los cánones existentes de diseño automovilístico. El 7C no solamente fue el primer coche de producción con tracción delantera, sino también unos de los primeros coches con carrocería y chasis monocasco.

“Lo compré porque pensaba que el coche tenía un aspecto estupendo, un biplaza abierto”, dice. “Estaba hecho para un cliente que aspirara a vivir una vida sin ataduras ni complicaciones. Además, era raro. Todavía tiene el motor original de 1,6 litros y 36 caballos, y la pintura original. La pátina está estupenda después de 70 u 80 años”.

Aunque sea el primer Citroën que compró, el 7C no es el favorito de Mullin. Ese privilegio se lo disputan dos automóviles muy diferentes. El primero de ellos todavía no forma parte de la colección: es un DS Le Paris de 1958, con la carrocería retocada por el famoso carrocero Henri Chapron.

© Mullin Automotive Museum

Su otro favorito es el cinco caballos de 1923 (foto de arriba). “El famoso Cinq Chevaux, con el adorno de cristal del capó realizado por el artista René Lalique”, explica Mullin. Equipado con un motor de 4 cilindros y 856 cc que generaba 11 caballos de potencia, el 5CV alcanzaba una velocidad de casi 60 km/h. Era económico de mantener y fácil de manejar, y con el añadido del arranque eléctrico, muy deseable para las mujeres, al no tener que arrancarse con manivela.

Otro modelo que ocupa un lugar especial en el corazoncito de Mullin es el dos caballos. Presentado en el Salón de Automóvil de París de 1948 era un económico ‘coche del pueblo’, la versión francesa del escarabajo de Volkswagen. Puesto que a partir de la Segunda Guerra Mundial los terrenos en Europa estaban en muy malas condiciones , el dos caballos se construyó como coche de trabajo resistente y a la vez cómodo para la clase trabajadora. “Los granjeros podían conducirlo a través de un campo sin arar, con, pongamos por caso, un cargamento de huevos sin que se les rompiera ni uno”, dice Mullin. “Una auténtica maravilla”.

© Mullin Automotive Museum

Además del dos caballos corriente, Mullin cuenta en su colección con un dos caballos Sahara edición especial de 1966 (arriba), una versión del dos caballos con tracción en las cuatro ruedas especialmente diseñado para terrenos fuera de carretera en las antiguas posesiones francesas del Norte de África. “Tiene dos motores, uno montado delante y otro detrás”, dice Mullin, cada cual mueve su eje específico. Sobrepasaba los 64 km/h con un motor, o los 104 km/h con los dos motores en funcionamiento.

© Mullin Automotive Museum

Por último, llegamos al Citroën SM (arriba), el último de los favoritos de Mullin. A principios de los setenta, Citroën estaba interesado en ver cuánta potencia podía aguantar su mecanismo de tracción delantera; así que adquirió un fabricante italiano para que le hiciera un motor V6 digno de tal tarea.

A quien esté pensando en comprar uno de estos míticos automóviles, Mullin le da un consejo: “No lo haga sin contar con un mecánico ducho en Citroën”. Admite que son vehículos estupendos, bonitos, divertidos de conducir, pero conviene tener en cuenta esta importante advertencia: “Hay que hacerles muy bien la puesta a punto”. Y agrega el coleccionista: “En eso son muy franceses”.



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