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Pilotamos el Mercedes-AMG GT R: 585 caballos de puro placer

Logotipo de Car and Driver Car and Driver 19/09/2017 Car and Driver

Bilster Berg es un auténtico parque de atracciones para mayores de 18 años por sus increíbles instalaciones para probar deportivos. La pista principal mide 4,2 kilómetros de largo y los constantes desniveles de la misma, que alcanzan el 26%, hacen que el estómago suba y baje como si se tratara de una montaña rusa. La experiencia es aún más gratificante cuando identificas rápidamente rectas y curvas de otros circuitos reproducidos aquí a escala, como el famoso Sacacorchos de Laguna Seca, el mismo que tuvimos ocasión de conocer allá por 2014 con el hermano pequeño de nuestro protagonista. Tres años después de aquella aventura americana que transcurrió también por las calles más cinematográficas de la ciudad de San Francisco, California, volvemos a ponernos al volante de un Mercedes-AMG GT, pero en esta ocasión lo hacemos en Alemania con la versión más radical y extrema que se comercializa de momento a la espera de un futuro Black Series: el GT R, nombre idéntico al que utiliza Nissan para su archifamoso ‘Godzilla’. ¿Coincidencias?

La unidad que espera arrancada en el pit lane de Bilster Berg tiene todo lo necesario para no pasar desapercibida. Para empezar, un color verde mate denominado light green magno que cuesta 10.900 euros; continúa con un kit estético propio en el que predominan los detalles en negro y finaliza con una preparación mecánica en la que se dan la mano un chasis específico y un V8 biturbo de 585 caballos. El resultado de esta explosiva combinación no es otro que ser uno de los deportivos más veloces en el mítico Nordschleife, como bien demuestra el récord logrado hace un año y que la marca de la estrella publicita diciendo que ha sido posible gracias a que este coche es, de toda la gama AMG, el que más tecnología de competición lleva.

El GT R gana al Porsche 911 Turbo en la relación peso/potencia

Es cierto, porque los ingenieros de la firma se han inspirado en la versión GT3 de carreras del citado Mercedes-AMG GT para introducir multitud de soluciones. Hablamos de que el GT R tiene aerodinámica activa –un alerón inferior colocado en el morro se despliega cuatro centímetros para variar el paso del flujo del aire por debajo del vehículo–, dirección activa a las ruedas traseras y AMG Traction Control, un mecanismo que permite que el eje posterior ‘resbale’ en función de las necesidades motrices del piloto-conductor. Pero aquí no acaba la cosa porque también se ha procedido a reforzar la estructura del coche debido a las nuevas prestaciones a la par que se aprovechaba para aligerar el conjunto, de ahí que se utilice de forma masiva fibra de carbono, que es un 40% más ligera que el aluminio, y otros materiales livianos del estilo. Al final el biplaza germano arroja unos contenidos 1.630 kilos.

Los soportes dinámicos del motor permiten una mayor precisión en la conducción

© Proporcionado por Hearst Magazines S.L. © Copyright © 2017 Hearst Magazines, S.L.

Ahora que sabemos lo que esconde el GT R, toca ponerse a sus mandos. Según nos acercamos percibimos un sonido de escape muy grave que incluso traspasa las protecciones de nuestro casco. Con esa melodía de fondo, accedemos a un cockpit bajísimo, al que cuesta entrar y salir debido a los pocos centímetros que lo separan del suelo (nada nuevo que no sepamos de este cupé). Un rápido vistazo al interior nos deja claro que todo se mantiene igual aunque se añaden detalles más lujosos y exclusivos como los cinturones de seguridad en amarillo (605 euros) o la tapicería de Nappa y microfibras (4.521 euros); una lástima que no se haya aprovechado para variar la posición de la palanca del cambio en la voluminosa consola central, que queda a la altura de nuestro codo derecho (literal).

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Lo que sí nos gusta es la posición de los mandos del Dynamic Select, así como los que varían la amortiguación y el ESP. Otros como la desactivación del Start&Stop, la modificación del escape o el que permite que manejemos la caja de cambios manualmente sí están lejos, lo que nos obliga a estirar el brazo más de lo debido.

Salimos a pista para tomar referencias de aceleración, giro y frenada con la mente puesta en que sólo correremos con dos de los cinco programas de conducción disponibles puesto que Sport+ y Race son los que permiten aprovechar verdaderamente el potencial del GT R en circuito. Nada más activar el primero, percibimos un endurecimiento de suspensión y dirección y una variación en la respuesta tanto del propulsor como del cambio; lo esperado, vaya… El V8 comienza su escalada de revoluciones y en un abrir y cerrar de ojos ha pasado de 2.000 vueltas a sobrepasar las 5.000, justo el régimen en el disponemos íntegramente de los 71,4 kilográmetros de par. Mientras, el control de estabilidad nos permite jugar con una trasera que se encuentra ‘sujeta’ por un diferencial autoblocante que va instalado dentro de la propia caja de marchas. Pero si hay algo que destacar en el comportamiento es la dirección activa, una garantía para que el paso por curva sea realmente vertiginoso, ya que posibilita que los neumáticos posteriores giren 1,5º en sentido contrario a los delanteros a velocidades de entre uno y 100 por hora.

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El reparto de pesos entre los dos ejes está casi en equilibrio: 47,3% delante y 52,7% detrás

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Con las primeras vueltas aumenta la confianza, la misma que nos motiva para incrementar poco a poco el ritmo hasta que Race nos devuelve a la realidad. Los 585 caballos se encuentran libres sin ninguna atadura, por lo que es frecuente que salga humo de las gomas; derrapar es mucho más sencillo de lo que imaginas… No obstante, el AMG Traction Control ayuda a variar la forma en la que patinan las ruedas. Este dispositivo con nueve posiciones se maneja a través de una ruleta naranja situada bajo las cuatro salidas centrales de ventilación. Las iniciales son más permisivas que las finales, en las que hay una desconexión total de la electrónica. Nos arriesgamos y el GT R se marca una bonita cruzada que lado a lado. Menos mal que el ritmo en ese tramo no es muy elevado y nos hacemos de nuevo con él.

¿Y qué hay del cambio y de los frenos en Race? Apenas hay rectas por lo que no podemos pasar de la cuarta marcha de la transmisión automática Speedshift DCT. Aun así comprobamos que es rápida y no da tirones en el salto entre ellas. De los frenos, hacemos muy recomendable el montaje de los carbocerámicos con discos de 402 milímetros delante y 360 milímetros detrás. Y es que aunque cuestan tanto como un utilitario de nueva generación (hablamos de 10.500 euros), son los aliados perfectos para los 585 caballos del GT R. Estos frenos no resultan incómodos de utilizar fuera de circuito y dentro de él, se calientan con suma facilidad, aunque como suele pasar en estas situaciones, si no se refrigeran bien se vienen ‘abajo’, algo que detectaremos cuando las frenadas se alarguen y sintamos en el pedal un tacto esponjoso nada habitual.

© Proporcionado por Hearst Magazines S.L. © Proporcionado por Hearst Magazines S.L.

Los neumáticos Michelin Pilot Sport Cup 2 de 19 y 20 pulgadas han obligado a aumentar el tamaño de las vías

Nos bajamos temblorosos y con una sonrisa en la cara que nada ni nadie nos puede borrar, y no es para menos dado el concentrado de emociones que llevamos en el cuerpo. El Mercedes-AMG GT R es un supercar de los pies a la cabeza, bonito, bien hecho y capaz de enamorar a cualquiera. Así que entenderás que hagamos nuestras las palabras que Lewis Hamilton le dedicó a este ‘bicho’ nada más probarlo: “¿por qué no todos los coches son como éste?”. Imposible no estar de acuerdo con el piloto británico…

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