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El ‘efecto Almeida’ en la contaminación de Madrid

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 11/07/2019 Berta Ferrero
Este cubículo en Plaza Elíptica es una de las 24 estaciones de medición de contaminación en Madrid. En la foto, José Antonio Hernández, uno de los técnicos encargados de controlar la calidad del aire. © Jaime Villanueva Este cubículo en Plaza Elíptica es una de las 24 estaciones de medición de contaminación en Madrid. En la foto, José Antonio Hernández, uno de los técnicos encargados de controlar la calidad del aire.

La contaminación está en el aire. No hay ideologías en esa afirmación. Y medir su calidad se ha convertido en un asunto de Estado por una cuestión de salud pública. Desde el 17 de junio, cuando el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, anunció que iba a suspender las multas a partir del 1 de julio en Madrid Central, el nivel de contaminación subió poco a poco hasta alcanzar niveles previos a la puesta en marcha de esta medida. Los datos de esta subida pertenecen al propio el Ayuntamiento y son públicos.

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El dióxido de nitrógeno (NO2) se disparó y pasó de rondar los 22, 23 y 26 microgramos por metro cúbico de abril, mayo y junio, respectivamente, en la estación de medición de la Plaza del Carmen -la única en la zona de bajas emisiones Madrid Central- a situarse en una media de 35 en solo una semana. Es por eso que Ecologistas en Acción, organización sin ánimo de lucro, consiguió que el juez paralizara la moratoria el pasado día 5, y lo llama el "efecto Almeida".

El repunte que muestra estos datos no es intrascendente. La legislación establece que el valor límite anual no debe superar la media de los 40, una cifra que históricamente se ha rebasado en esta área concreta del centro de Madrid y que había que atajar para cumplir con las exigencias de la Unión Europea. “En julio, uno de los meses más bajos del año porque no hay colegios, la gente se va de vacaciones y el tráfico disminuye considerablemente, subió en una semana a 35. Si esto [la moratoria de Madrid Central] pasa en septiembre lo rebasamos con creces”, explica Juan Barcena, portavoz de Ecologistas en Acción.

¿Qué hace exactamente una estación de medición y por qué es tan importante? Visitar una es vital para entender cómo se mide un problema que Madrid arrastra desde hace décadas. El Ayuntamiento acepta abrir las puertas de la que está situada en la plaza Elíptica. “¿Podría ser la de plaza del Carmen?”. No, responden. Da igual: 

  • Las 24 estaciones repartidas por Madrid miden el dióxido de nitrógeno (NO2), un contaminante indicador de actividades de transporte, especialmente de tráfico rodado.
  •  Es importante porque el NO2 es hoy en día de los que más preocupa a los expertos porque cuesta mantenerlo a raya. Y lo emiten directamente los vehículos, especialmente los diésel, aunque se produce también en la atmósfera por un proceso químico como es la oxidación del monóxido de nitrógeno (NO), también propagados fundamentalmente por los vehículos.
El interior de la estación de medición. © Jaime Villanueva El interior de la estación de medición.

La zona de plaza Elíptica, entre Usera y Carabanchel, con mucho tráfico debido a la A-42, es de las más problemáticas para cumplir los niveles de NO2. Una especie de agujero negro de la contaminación en la capital. La estación es una caseta de hierro verde, decorada en su exterior con varios grafitis y que mide tres metros de ancho, dos de largo y dos y medio de alto. Cuando se abren las compuertas, las tripas de la estación de medición quedan al descubierto. Las tomas de muestra de gases y partículas situadas en el techo son tubos cilíndricos de diferentes alturas que conectan en el interior con filtros, medidores, ordenadores y pantallas donde se ve cómo va cambiando en tiempo real la cantidad de dióxido de nitrógeno, de ozono o de las partículas en suspensión que hay en la zona.

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En algunas de ellas, como en esta, hay también una torre meteorológica, pero no en todas. Hay varios tipos: estaciones de tráfico, más cerca de vías de puntos de alto tráfico; las urbanas de fondo, que pretenden medir más la exposición de la población en general, que están un poco más alejadas, y las suburbanas, como las de El Pardo, Casa de Campo o el parque de Juan Carlos I. "Esas son las zonas más limpias, pero es donde tenemos los máximos de ozono. El ozono troposférico, que es un contaminante de verano, es contaminante secundario y se forma cuando hace mucho calor, no hay viento y cuando hay contaminantes primarios, como el que provoca el tráfico. También porque hay contaminación transfronteriza", explica Ángeles Cristóbal, subdirectora general de sostenibilidad en el Ayuntamiento de Madrid, un puesto técnico que ejerce desde 2011. "Es que la contaminación es muy complicada, porque tenemos la que producimos nosotros y la que nos viene de fuera, se mezcla todo y luego lo respiramos. Los puntos más altos de ozono se dan justo en esas zonas, en los parques, que justo es donde tenemos los niveles más bajos de NO2”.

El mapa de red lo componen 24 estaciones fijas y dos móviles. Están así repartidos en la región:

El mapa de red con las 24 estaciones de medición. En verde, las suburbanas; en azul, las urbanas de fondo y en rojo, las de tráfico. Los puntos en amarillo es la Red IME (Indicador de exposición PM2,5), y los morados el punto de muestreo de metales pesados. © AYUNTAMIENTO DE MADRID El mapa de red con las 24 estaciones de medición. En verde, las suburbanas; en azul, las urbanas de fondo y en rojo, las de tráfico. Los puntos en amarillo es la Red IME (Indicador de exposición PM2,5), y los morados el punto de muestreo de metales pesados.

La legislación obliga a Madrid capital, por su población y tamaño, a tener un mínimo de siete. “Luego los expertos de cada ciudad deciden por la orografía y las condiciones meteorológicas del lugar cuántas son necesarias. Nosotros cumplimos con creces”, añade Cristóbal. “No en todas las estaciones medimos todo. En las 24 sí medimos dióxido de nitrógeno, primero porque es un contaminante con el que tenemos más problemas para cumplir con lo que exige la normativa y además es el que tiene mayor variación espacial. Hay otros contaminantes como el dióxido de azufre (SO2) que es del pasado, daba problemas en Madrid hace 20 años con las calefacciones de carbón, pero ahora mismo prácticamente tenemos los mismos niveles en toda la ciudad, por lo cual no tiene sentido medir mucho eso. Pasa lo mismo con el monóxido de carbono (CO)”.

En cada estación, la muestra de aire entra por dos tubos. Hay un distribuidor de muestra y llega a los sonalizadores de gases y a los de partículas. “En plaza Elíptica se miden partículas, las dos fracciones PM10 y PM2,5: significan menores de 10 micras y menores de 2,5, porque según el tamaño son más peligrosas para la salud porque pasan más fácilmente por el aparato respiratorio. Medimos también el monóxido de carbono, el ozono y el dióxodo de nitrógeno, que en esta es de las estaciones que tiene picos más altos”.

Madrid lleva midiendo la contaminación desde finales de los 60. La primera ley data de 1972, y se puso en marcha entonces una red manual. Antes, casi todas las estaciones estaban colocadas en el interior de la M-30 y tuvieron que distribuirlas de otra forma más estratégica. “La ciudad ha ido creciendo y la legislación se ha ido modificando. Se ha ido haciendo reestructuraciones, y la más profunda llegó en el año 2009, con Ana Botella, porque hubo una nueva legislación en 2008. Salió la última directiva europea de calidad del aire donde establecía este tipo de estaciones y también unos criterios de cuántas tenía que haber de cada tipo para que hubiera una proporcionalidad. También con el objetivo de representar bien la calidad del aire que respiramos y para que hubiera comparabilidad entre los estados miembros en la UE”.

En la plaza Elíptica, por ejemplo, cambiaron la caseta de ubicación unos metros para cumplir los criterios de la legislación. “Y ahora, esta estación incumple la normativa europea porque ya ha superado el valor de límite horario”. El dato es relevante ya que la normativa establece dos formas de medir la contaminación del NO2: según los valores límites anuales y según los valores límites horarios, que sirven para determinar los picos, los episodios de contaminación. “En el NO2 hay dos valores, tienes el límite anual de 40, que es muy difícil de cumplir, y que lo incumplimos en varias estaciones, como la del Carmen, y es un valor que se establece a final de año sumando los resultados de cada mes, y luego el valor límite horario, que nos permite superar 18 horas al año los 200 microgramos. Cuando lo superas 19 horas, ya hemos incumplido”, ahonda Cristóbal.

Un detalle de una de las pantallas en el interior de la estación de medición de contaminación. © Jaime Villanueva Un detalle de una de las pantallas en el interior de la estación de medición de contaminación.

De ahí la importancia de los datos que ha presentado Ecologistas en Acción sobre la semana sin multas. “Es un dato de referencia. Si queremos llegar a final de año sin rebasar los 40 microgramos por metro cúbico tienes que acumular meses por debajo. En el trimestre en el que Madrid Central estaba funcionando, bajamos de los 30, fue el trimestre más bajo de la historia en esa estación. Ahora estamos cerca de llegar al valor límite anual, porque nos hemos situado en 35 de media, aunque desde que se ha suspendido la moratoria [y se vuelve a multar] el valor ha bajado de nuevo hasta 27”, añade Bárcena.

Aunque los datos que emiten las estaciones son objetivos, los números que llegan a los ciudadanos dependen de quien los lance. Hasta tal punto ha llegado la guerra de cifras que la ausencia de datos públicos que sufrió este miércoles la estación situada en Madrid Central se está mirando con lupa. Los registros de dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre y ozono aparecieron en blanco durante casi 24 horas, aunque volvieron a la vida a última hora de la tarde. "Un apagón informativo", denunció el PSOE. Pepu Hernández, portavoz municipal de los socialistas, alertó de que "esto ocurre en unos días en los que el Ayuntamiento debe aportar ante el juez los datos de contaminación de Madrid para que decida sobre las medidas cautelares pedidas por el PSOE en el recurso planteado contra la moratoria". Para el Ayuntamiento, que ha confirmado que presentará este viernes sus alegaciones a la medida cautelar decretada por el juzgado, fue un simple fallo de comunicaciones por un “corte de suministro”. 

Los datos, cuando no hay cortes, son de acceso público. El seguimiento de ellos servirá por tanto para valorar el "efecto Almeida".

Multas de 90 euros y 115 cámaras

Las multas por acceder sin permiso a Madrid Central son de 90 euros (45 por pronto pago). Pueden entrar al área de bajas emisiones los residentes y los vehículos con etiqueta de la DGT Cero y Eco. Los que tienen distintivo B y C pueden acceder al área solo si su trayecto termina en un aparcamiento o si tienen una invitación de un residente. Los vehículos sin etiqueta no pueden acceder, aunque hasta 2020 los que tengan invitación sí podrán hacerlo.

En el perímetro de Madrid Central hay instaladas 115 cámaras que vigilan los accesos a la zona restringida, 60 en la entrada y 55 en la salida. Estas cámaras, que han estado en pruebas desde diciembre, registran las matrículas de los vehículos que acceden al área y las de los que salen. En los aparcamientos públicos y privados, cámaras de acceso registran la misma información y la envían al Ayuntamiento. El Consistorio cruza datos y discrimina quiénes son residentes, quiénes tienen permiso para acceder y quiénes no.

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(Fuente: 20 minutos)

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