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El futuro de Cristina de Borbón tras la sentencia del ‘caso Nóos’ está en Lisboa

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 17/02/2017 Mábel Galaz
Palacio Mendonza, en Lisboa (Portugal) se de la Fundación Agá Jan. © SIPA Palacio Mendonza, en Lisboa (Portugal) se de la Fundación Agá Jan.

Cristina de Borbón ha recibido en Suiza con su marido y sus cuatro hijos la sentencia del caso Nóos. Días antes estuvo en Barcelona por motivos de trabajo. Su presencia, como siempre que pisa España en los últimos meses, fue muy discreta. La hija menor de los Reyes eméritos vive su propio exilio autoimpuesto, que continuará ahora en Lisboa, adonde se trasladará con sus cuatro hijos.

Cuando el caso Nóos comenzó a destaparse, la familia Urdangarin y Borbón se instaló en Washington en un intento de protegerse de la exposición pública y buscando un destino profesional para el entonces duque de Palma de Mallorca en Telefónica. Agotada esta estancia, la Infanta decidió regresar a España, pero la familia permaneció en su casa de Pedralbes un año. La Infanta Cristina se convenció tras esos meses en Barcelona de que la familia debía poner tierra por medio. Fue entonces cuando, con la ayuda de LaCaixa, entidad en que la infanta trabaja desde hace casi 20 años, encontró un trabajo en la sede que la Fundación Agá Ján tiene en Ginebra.

Desde hace tres años reside allí en una casa en el centro de la ciudad, cuyo alquiler paga la fundación. Ella sigue cobrando su sueldo de La Caixa, mientras que el colegio de los niños lo paga el Rey emérito, como también lo hace con los hijos de la infanta Elena. Urdangarin, desde que se mudó a Ginebra, no ha trabajado. Cristina de Borbón, al tener un empleo, logró la residencia en Suiza para ella y sus niños. Urdangarin ha estado mucho tiempo allí como turista.

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La Infanta Cristina se planteó hace tiempo que si la sentencia era desfavorable para ellos no seguirían en Ginebra. Por eso, acompañada por sus hijos Juan, Pablo, Miguel e Irene, se trasladará cuando acabe el curso escolar a Lisboa. Los Borbón han estado desde siempre muy ligados a esta ciudad. Allí residió el conde de Barcelona en el exilio y con él su hijo Juan Carlos. En el barrio de Lapa, situado en el centro de la ciudad, tiene una sede la Fundación del Agá Ján y allí trabajará la hermana del Rey a partir de ese momento. Lisboa le permitirá estar más cerca de su marido si ingresa en prisión.

Lo que no parece estar en cuestión es el matrimonio de Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarin. Cuantos más problemas ha tenido el exduque más se ha estrechado su unión, al menos en público. En privado, su círculo de amigos ha desvelado que Urdangarin ha necesitado ayuda médica y que la Infanta también ha pasado momentos de gran melancolía. La hermana menor del Rey a estas alturas no se siente culpable y tampoco cree que su marido lo sea. La pareja se considera una víctima y piensa que desde el palacio de La Zarzuela les han dejado “solos” y no les han defendido como ellos esperaban. Argumenta que todo es fruto de una conspiración contra su esposo. La Infanta ha cerrado filas con él. Si hubo algún momento de crisis matrimonial tras la filtración de unos correos que mostraban una aparente infidelidad de Urdangarin, esta se desvaneció. Cristina es cabezota, tozuda, tanto que mantiene a veces actitudes por pura altivez. Conforme la instrucción de caso Nóos avanzaba, ella más se aferraba a su marido y a sus derechos como infanta de España, a los que no renuncia, dice, por sus hijos.

Cristina manda mensajes a la familia a través de su madre y hermana, se siente “abandonada”. Doña Sofía y la infanta Elena son su único nexo con La Zarzuela. El Rey emérito se mostró inflexible como monarca, pero herido y profundamente decepcionado como padre. La comunicación con su hija ha sido durante estos años cada vez más fría. Las constantes llamadas de don Juan Carlos pidiendo a su hija que renunciara a sus derechos como infanta cortaron el cordón umbilical y si había aún alguna posibilidad de acercamiento, todo acabó el día en que se produjo el relevo en la Corona. El entonces Rey, de acuerdo con el Sucesor que llamaba a la puerta, asumió la tarea de comunicar a Cristina de Borbón que no asistiera a los actos programados para la ocasión. Fue una conversación tensa, pero, más aún, el momento en que la infanta desoyó la orden paterna y se presentó en el palacio de La Zarzuela. Pero el cortafuegos se puso en marcha y Cristina solo tuvo acceso a las habitaciones que ocupa su madre. Ambas almorzaron allí a solas.

Ejecutado el relevo en la Corona, Felipe VI pidió a su hermana menor que renunciara a su título de duquesa de Palma, a lo que ella se negó. El Rey tuvo que despojarla del título. Desde ese día, la brecha se hizo aún mayor entre ambos. La pasada Navidad, Cristina y su familia solo estuvieron unos días en Vitoria donde recibieron la discreta visita de la infanta Elena, convertido en el único nexo con la familia Borbón y Grecia.

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