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La angustia de estar con un fallecido con posible coronavirus horas y horas

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS hace 6 días F. Javier Barroso
Dos funerarios trasladan un féretro en el hospital Ramón y Cajal. © Luis Sevillano (EL PAÍS) Dos funerarios trasladan un féretro en el hospital Ramón y Cajal.

Luis, un peruano de 25 años, está angustiado. En la habitación de al lado yace el cuerpo sin vida de su padre Germán Julio C., muerto a los 79 años víctima del coronavirus. La estancia está cerrada, pero el temor crece conforme avanza el tiempo. Ha avisado a la funeraria y no sabe siquiera cuándo vendrán a recoger el cuerpo. Esta escena que se vivió en el barrio de El Carmen, en Ciudad Lineal, se ha convertido en habitual en los últimos días ante la avalancha de muertos que ha registrado la región por la Covid-19. Un total de 1.825 personas habían fallecido hasta este miércoles en la Comunidad de Madrid, el 53,1% de los 3.434.

Este joven graduado en Administración y Dirección de Empresas (ADE) llamó a la ambulancia la tarde del martes al ver que su padre no podía respirar. Cuando llegaron los sanitarios, ya había fallecido. Los facultativos intentaron ver si se podía hacer algo, pero resultó infructuoso. Germán Julio estaba bajo de defensas a causa de una inmunodeficiencia y había sufrido hace poco una neumonía. La causa de la muerte fue insuficiencia respiratoria aguda, según consta en el certificado de defunción. Eso sí, provocada por el coronavirus.

Desde que el médico certificó la muerte, pasada la medianoche, surgió el temor. ¿Cuánto tardarían en llevarse el cuerpo? De inmediato avisó a la funeraria, pero estos le dijeron que iba a tardar. De hecho, primero tenía que pagar —o comprometer al menos el desembolso— los 2.700 euros que cuesta la incineración. “Pero ni mi padre ni yo tenemos ese dinero. Él era jubilado y yo solo trabajo los fines de semana para sacarme un dinero”, reconoce Luis. “Les dije que yo no podía pagar ese dinero. La única solución es que pidiera que lo hiciera de forma gratuita la empresa del Ayuntamiento, pero para eso tengo que llevar toda la documentación que me piden al tanatorio de la M-30”, añade. “Pero, ¿cómo voy a ir si lo más seguro es que yo también esté infectado al haber estado en contacto con mi padre?”, se preguntaba.

Mientras, la desesperación se apodera de Luis. El cuerpo está tapado y la habitación, cerrada, pero el tiempo pasa y nadie recoge el cuerpo. Situaciones similares se dan en otras familias de la región. Se ha dado el caso de que un anciano muriera en su domicilio, una pequeña vivienda de poco más de 50 metros cuadrados, en la que vivía con su esposa, enferma de Alzheimer, y su cuidadora. La funeraria a la que llamaron tardó unas 20 horas en poder acudir a este domicilio y trasladar al fallecido. Algunas empresas reconocen que están sobrepasadas ya que no tienen dimensionado ni su personal ni sus instalaciones para la cantidad de fallecimientos que se están registrando durante los últimos días. De media, la región sufrió la muerte de un madrileño cada cinco minutos en las últimas 24 horas. Jamás se habían visto cifras tan luctuosas en las últimas décadas.

Desinfectar la casa

Pasadas las cuatro de la tarde, unos empleados vestidos con trajes blancos, guantes y mascarillas de protección se presentan en el domicilio de Luis. Se meten en la habitación donde se encuentra su padre y al cabo de unos minutos salen con el cuerpo metido en un sudario blanco. Las bolsas estancas de color crema utilizadas para enfermos infecciosos o para traslados por avión o barco se han agotado. Ahora, según la normativa regional basta con meterlo con introducir los cuerpos en dos sudarios.

“Ahora queda desinfectar la habitación. Yo no sé ni cómo hacerlo ni tengo medios adecuados. Cuando los de la funeraria se han ido, me han dicho que llame al teléfono de la Comunidad de Madrid y que ellos me dirán cómo hacerlo”, recuerda Luis. “Yo lo único que quiero es que me hagan la prueba para ver si tengo el virus. Si no lo tengo, me iré a casa de alguna tía o de alguna amiga, porque lo único que quiero es marcharme de aquí, de esta casa, cuanto antes”, añade el joven. Las cenizas de su progenitor las podrá recoger mañana viernes, si no hay retrasos en la incineración.

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