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La desconfianza entre independentistas se agrava pero preservan el Govern

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia hace 4 días
Núria Marín recibió de Celestino Corbacho la vara de mando en la Diputación mientras en la calle la ANC protestaba contra el pacto JxCat-PSC © Image LaVanguardia.com Núria Marín recibió de Celestino Corbacho la vara de mando en la Diputación mientras en la calle la ANC protestaba contra el pacto JxCat-PSC

La presión que ERC ha ejercido durante seis días consecutivos sobre su socio de Govern por el control de la Diputación de Barcelona no ha surtido efecto. El partido de Carles Puigdemont no se ha salido del guion marcado y ayer jueves apoyó la investidura de la alcaldesa socialista de l’Hospitalet de Llobregat, Núria Marín, que presidirá la corporación supramunicipal gracias al pacto entre posconvergentes y el PSC.

JxCat ha optado por aliarse con el partido de Miquel Iceta pese a poder sumar con los republicanos, una decisión que ha sacudido de nuevo la relación entre los socios de Govern y que no ha estado exenta de dudas en el universo neoconvergente. Las reuniones y llamadas entre miembros de las dos formaciones soberanistas para explorar un posible acuerdo se sucedieron hasta el último minuto, y el mismo miércoles por la noche, dirigentes independentistas evaluaron con los presos en Lledoners los pros y contras de los posibles pactos en la Diputación.

Deterioro

“Habrá un antes y un después de esto”, advierte la portavoz de los republicanos

La balanza de JxCat se inclinó finalmente del lado de los socialistas, una operación en la que ha jugado un papel central el presidente del PDECat, David Bonvehí, que se ha ocupado de preservar el pacto con los socialistas para que llegase a buen puerto. Era el desenlace que el PSC daba por hecho sin un ápice de duda.

Mientras en las filas sobera­nistas crecían los nervios y las suspicacias mutuas, los socialistas catalanes se mostraban tranquilos y seguros de que Núria Marín sería elegida presidenta de la Diputación de Barcelona con los votos de JxCat. “Tenemos total confianza en ello”, repetían dirigentes del PSC.

Ayer por la mañana la alianza quedaba certificada en el pleno de constitución del gobierno de la Diputación, y también la distancia que separa a los dos socios de Govern. Los republicanos no escondieron su “decepción” mientras que los miembros de JxCat en el ente supramunicipal apelaron al “sentido común”.

Las concentraciones pinchan

La ANC apenas congrega a 200 personas para protestar contra el pacto

Fuera, ante las puertas del edificio, la Assemblea Nacional Catalana (ANC) protestaba por el pacto del partido de Puigdemont con los socialistas. La entidad soberanista elevó su tono pero apenas pudo reunir unas 200 personas. Aun así, sostuvo que es el momento de dar un paso más en sus movilizaciones para “canalizar el enfado” ante la “absoluta incoherencia” con la que, a su juicio, actúan las fuerzas independentistas.

La presidenta de la Assemblea, Elisenda Paluzie, censuró el pacto de JxCat y PSC y lo tachó de “hecho grave y error estratégico”. “Si dos años atrás le dices a la gente que defendía las escuelas del 1-O en l’Hospitalet de Llobregat que un partido independentista estaría votando a su alcaldesa no se lo creerían”, reprochó.

Decisiones “contradictorias” que la ANC admite que “desaniman y frustran” al independentismo. Enojo que ayer se tradujo en duras críticas contra JxCat, ERC y sus alianzas con el PSC. “Ni pactos ni abstenciones con el 155”, rezaban los carteles de la concentración. A un lado, su representación gráfica: un perímetro de 155 sillas negras tiradas por el suelo para representar la pugna por los cargos entre las formaciones independentistas. Aun así, y pese a haber avalado el acuerdo sociovergente, el único que sorteó la pira de la ANC fue el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, a quienes los manifestantes apelaban como su “president legítimo”.

En el bando independentista hacen ahora balance de daños de esta última crisis. La sensación, como resumió la exconsellera Elsa Artadi esta semana, de que se ha “tocado fondo” en la relación entre JxCat yERC es palpable. “Habrá un antes y un después de esto”, admitía ayer la portavoz de los republicanos, Marta Vilalta. Los pocos lazos de confianza que quedaban intactos entre JxCat y ERC se han deshecho tras los pactos locales y, aunque el enfrentamiento ha explotado por el control de la Diputación, podría haber salido “por cualquier otra parte”, reconocen en las filas soberanistas.

La mala relación entre JxCat y ERC es como un géiser que se dispara cada cierto tiempo pero que, aun así, no llega a tocar el Govern. La estabilidad del Ejecutivo no corre peligro de momento, repiten los dos socios y, aunque la convivencia en el Palau de la Generalitat es cada día más difícil, sigue adelante.

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