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La 'Diada' menos multitudinaria desde 2012 y líderes cada vez más enfrentados

Logotipo de Expansión.com Expansión.com 11/09/2019
© Proporcionado por Unidad Editorial

La diferente modulación de la respuesta, que previsiblemente será contundente, ante la sentencia del Tribunal Supremo contra los líderes del 'procés' y la pugna entre las distintas fuerzas políticas, básicamente ERC y 'Junts per Cat' ante unas más que previsibles e inminentes elecciones autonómicas, han hecho del magma independentista un conglomerado heterogéneo en el que difícilmente se puede saber con claridad qué cartas juega cada uno de sus actores en cada momento.

'Divisores'... más divididos que nunca

Hace ya tiempo que la 'Diada' del 11 de septiembre dejó de ser ese tradicional escenario, en teoría festivo, en el que los independentistas, todos a una, concurrían como una piña para depositar flores en el mausoleo de su ya figura mítica, Rafael de Casanovas y aprovechaban para criticar a los llamados 'constitucionalistas' que, en su mayor parte, nunca concurrían a estos aquelarres so pena de ser increpados, escupidos o abucheados, como les pasaba a los pocos líderes del PP catalán que se atrevían a aparecer por allí.

Hasta el menos avisado se da cuenta de que el secesionismo se halla ya en almoneda; su porcentaje de adeptos va descendiendo según los datos de la propia Generalitat y ya no va más allá del 44 por ciento de los catalanes. Los adeptos a su causa se hallan cada vez más desmotivados por el espectáculo circense que ofrecen sus líderes, parte de ellos huidos de la Justicia y viviendo a cuerpo de rey en Waterloo o Suiza, otros en la cárcel y la mayoría con el 'filtro declarativo' activado por si acaso terminan en prisión preventiva. La fecha clave para todos es el 16 de octubre, tope para que la sentencia del juez Marchena se haga pública. Hay conciencia general de que será dura, aunque no se sabe en qué grado. Lo que sí es cierto es que, sea esta la que sea, sus repercusiones en Cataluña serán como un tsunami político y social cuyos desperfectos son aún difíciles de calcular. De cómo capitalicen sus efectos políticos los distintos partidos dependerá mucho el éxito o fracaso electoral de unos comicios autonómicos que tendrán lugar sin duda poco tiempo después.

La división, también entre los 'constitucionalistas'

Si miramos al otro lado de la 'trinchera', el panorama de unidad que ofrecen los 'constitucionalistas', gobierno de España en funciones y oposición, no es mucho mejor. En la mañana del miércoles se vivía un durísimo enfrentamiento entre el líder del PSOE y jefe del Ejecutivo en funciones, Pedro Sánchez, y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, a cuenta del ya famosísimo artículo 155 de la Carta Magna. Este último ha insistido en exigir su aplicación y ha pedido una reunión a Sánchez "mañana mismo" para aplicar el 155 en Cataluña, 'ipso facto' el socialista le ha tachado de hipócrita.

Opina Sánchez, cuya química personal con Rivera no puede ser peor, que el líder de la formación naranja 'sobreactúa' y le pide que no dé 'lecciones de patriotismo'. La pregunta de Rivera, en la primera Sesión de Control al gobierno de los últimos seis meses, veía a cuento de las chulerías de Quim Torra hace unos días en Madrid, amenazando en un desayuno informativo con no aceptar otra sentencia que no sea la absolutoria para los políticos presos y anunciando -¡vaya novedad!- que se pondrá al frente de las manifestaciones 'progolpistas' que este año, según los datos de la propia Guardia Urbana, no han reunido más que a 600.000 personas, cuando hace un año fueron estimadas en un millón. Llueve sobre mojado porque Sánchez no dejó pasar la ocasión de lamentar que Rivera 'solo tuviera en su argumentario político el 155, ETA y Venezuela'. Poco aleccionador.

No es mejor la relación entre Sánchez e Iglesias, aunque aquí es el presidente el que se coloca en una 'posición institucional' y afirma desconfiar de un hipotético socio de gobierno (Iglesias y los suyos) que tiraría los pies por alto cuando estalle el conflicto social por la sentencia. Valdría la pena que Pablo Casado hiciera de 'hombre bueno' en esta ocasión y arrimara el hombro para ayudar a urdir un auténtico 'Pacto de Estado' que una a todos cuantos se oponen a la independencia de una parte substancial de España.

También los líderes catalanes se saben la teoría... pero no se unen

Pedía el líder del PSC, Miquel Iceta un gran acuerdo que abriera camino a la consecución de objetivos que permitan gobernar de una vez pensando en los ciudadanos; reducir las listas del paro, mejorar la sanidad y afrontar los grandes retos como el cambio climático.

En la misma línea, Alejandro Fernández, líder del PP catalán, pedía poner el acento 'en lo que une y no en lo que separa, en referencia a los constitucionalistas.

Desde Ciudadanos, su portavoz, Lorena Roldán pedía la comparecencia urgente de Torra en el Parlament para que dé explicaciones sobre el uso por parte del gobierno autonómico catalán de su policía para vigilar y perseguir a políticos no independentistas.

El lema de 'Volveremos a hacerlo' ( el golpe ) es especialmente inaceptable para los 'naranjas'.

Mientras los líderes políticos dan una pobre -por ser suave- lección de 'liderazgo', los planos aéreos que ofrecían las cadenas de televisión no dejaban lugar a dudas: la 'fiesta del separatismo', cada vez es la fiesta de menos ciudadanos. La falta de acuerdo entre los grandes partidos, que persisten en mantener el bloqueo político y la espada de Damocles de la sentencia del Tribunal Supremo, no augura nada bueno para la mejora del que es el auténtico cáncer de la política española a día de hoy.

Euprepio Padula, Presidente Padula&Partners y Experto en Liderazgo

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La Diada 2019 de Cataluña, en imágenes (Fuente: El País)

 
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