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Riesgo de éxodo de médicos en Baleares por la imposición del catalán

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/02/2018 elmundo.es
Varios médicos trabajan en un hospital. / EFE © EFE Varios médicos trabajan en un hospital. / EFE

Cuenta el doctor Bartolomé Bonet que en su hospital de Baltimore para ir desde la puerta hasta el aparcamiento tenía que ir acompañado de un hombre armado. "Aproximadamente el 20% de las personas que atendíamos eran por heridas de bala", dice. Mucho más complicado fue ir desde la puerta del hospital hasta su casa, en Ibiza: "Mis padres se hacían mayores, y pensé que como ibicenco era el momento de ofrecer a mi gente mis conocimientos". Según currículum, licenciatura en Medicina por la Autónoma de Madrid, Biología por la de Barcelona, especialista en Pediatría por la de Maryland, especialista en Endocrinología por la de Washington, supervisor de residentes en el Children's Orthopedics Hospital, y de Medicina Interna en Harborview Medical Center, ambos en Washington. Pero por el catalán, su lengua materna, casi no puede volver.

"A mi hija mayor le quedaban dos años de bachiller. Era una niña que había hablado toda la vida castellano e inglés porque había vivido entre Madrid y Estados Unidos. En Ibiza todas las clases son en catalán y, como comprenderás, su rendimiento iba a bajar. Quería estudiar medicina y no se podía permitir el lujo de bajar mínimamente la nota. Eso me obligó a buscarle un colegio privado que, evidentemente, lo tienes que pagar tú", comenta el ya desde hace una década jefe de Pediatría del hospital ibicenco de Can Misses, el único público que hay en la isla.

Durante los diez años que lleva al frente de esta Unidad debe dedicar gran parte de su tiempo a buscar pediatras a los que no les importe irse a vivir a una isla, ni quizá compartir piso o pagar alquileres de 1.200 euros de media, o incluso vivir por un tiempo en una cama del hospital abandonado, el viejo Can Misses, donde el Gobierno balear habilitó algunas camas. Pocas veces lo consigue. Desde hace seis meses añade a su discurso si no les importaría, de paso, sacarse un título de catalán.

El nuevo decreto del Govern balear, en manos del Partido Socialista, los ecosoberanistas de Més y el apoyo externo de Podemos, dice que los médicos y auxiliares de enfermería tienen que sacarse un título de catalán. Hasta la última modificación del decreto no podían ni presentarse a las oposiciones sin el título. Ahora pueden, aunque para empatar los puntos de alguien con el nivel de catalán exigido necesitan un doctorado o haber publicado siete libros de medicina. Si aún así lograran la plaza el Govern les obliga a sacarse el título en dos años. De no hacerlo se quedarán sin traslados, sin promoción interna, y no podrán tener acceso a la carrera profesional. Ninguna otra Comunidad tiene este nivel de exigencia con la lengua de los médicos.

"El problema no es el catalán, no estamos en contra del catalán, pero en Ibiza y Formentera especialmente es un problema añadido a todos los que ya tenemos para conseguir médicos", dice Miguel Lázaro, del Sindicato Médico. Para Claudio Triay, de urgencias del hospital Mateu Orfila de Menorca: "Encima se está consiguiendo que la gente reniegue del catalán, se crea aversión, lo estoy escuchando entre los compañeros de continuo, y es algo que como menorquín me duele".

En estos momentos en Ibiza faltan seis pediatras en atención primaria, de cuyas consultas se van haciendo cargo médicos de familia. Pero fichar pediatras ya no es el peor problema de Bonet, sino que los que ya están no se marchen. La argentina Ileana Antón, la única neuropediatra que hay en la isla, ya le ha dicho que si el Govern sigue adelante con el decreto lo deja: "Va en contra de mis principios que se me valore porque hablo un idioma y no por mis conocimientos".

Las plazas sin cubrir se extienden en estos momentos por otras especialidades como médicos de familia, traumatología o urgencias. En este último servicio la plantilla, siempre incompleta, se renueva constantemente con contratos temporales. A finales de noviembre salieron plazas para obtener la interinidad. Se presentaron once. Todos fueron excluidos porque ninguno sabía catalán. El doctor Enrique Cruz, de Málaga, fue uno de los que se presentó. Es de esos que había pasado por vivir "sin agua caliente" en el hospital abandonado de Can Misses, y que pagaba 1.200 euros de alquiler por vivir en un piso mucho más pequeño que por el que tenía una hipoteca de 300 euros en Málaga. "No estoy en contra del catalán, de hecho a mi hija la he matriculado en un colegio en catalán", explicó a este diario en una entrevista publicada el pasado 17 de diciembre. Seis días después abandonó la isla.

Pero de lo que más falta en Ibiza son anestesistas, tres. Y de los diez radiólogos que tenía que haber solo hay cuatro. Esto ha provocado que la lista de espera para operarse roce los cien días, un mes más que en el resto de Baleares.

Paco Cuesta es el coordinador de radiología. Trabaja con el cáncer. "El de mama ya es casi una epidemia", comentaba el jueves a las puertas de Can Misses, durante una protesta de médicos por el decreto. "Yo tengo la plaza, luego hay una valenciana que podría convalidar el catalán, pero mis otros dos compañeros son un chileno y un venezolano", explica. Ya no le preocupa que le falten seis. Ahora le preocupa que el venezolano se marche. "No hay paro en radiología, se nos rifan en toda España", casi se lamenta. Pero hay otro problema: "Es una especialidad en continua evolución tecnológica, los TACs, las resonancias, cada vez son más especializados para detectar los tumores, pero somos muy pocos y las guardias dejan poco tiempo para formarnos. Ahora el chileno que se ha puesto a estudiar catalán, tres días por semana, dos horas por la tarde".

El pasado martes, en sesión parlamentaria, el Partido Popular le arrojó algunas de estas cifras a la consellera de Sanidad del Govern balear, la socialista Patricia Gómez, y añadieron que la imposición del catalán no ayudará a cubrir las vacantes. "Me parece lamentable que cuestionen la cultura y los sentimientos", replicó la consellera.

Los psiquiatras montaron un corrillo durante la protesta del jueves. Entre ellos estaba Gustavo, de Valladolid, quien fuera coordinador del servicio, y Daniel, un argentino. El equipo está formado por una docena de profesionales. Solo uno o dos podrían acreditar el catalán, hacen cuentas. "Estamos en Ibiza y la mayoría de nuestros pacientes son de fuera, a muchos los tenemos que tratar en inglés", dice Daniel. Paco Cuesta salta a la conversación: "Es que en un día normal mis resonancias son dos búlgaras, dos checas, dos brasileños, dos ibicencos, tres ingleses y cuatro franceses".

Hacia una ambulancia del 061 va con prisas David Fernández. Es aragonés. Sus compañeros cuentan que en su primer día de prácticas en Madrid ayudó a coserle la cabeza a Cristina Almeida, que había sufrido un pequeño accidente doméstico. Lo dicen porque luego David se hizo sindicalista. "¿A usted los pacientes le hablan en catalán?", le pregunto. Pero la pregunta en el entorno médico empieza a resultar hasta de mal gusto: "Pues mira cuando yo llego muchos están inconscientes, se asfixian, tienen mucho dolor, están paralizados o intoxicados...".

El 80% de la plantilla del hospital de Formentera no puede acreditar el catalán. El centro fue inaugurado por el ex presidente Jaume Matas, ya con la placa retirada de la puerta, en febrero de 2007. Lo más importante era que las embarazadas no tuvieran que navegar once millas náuticas hasta Ibiza con las primeras contracciones. El drama fue encontrar a los ginecólogos antes de cortar la cinta. Aparecieron dos, Gregory Kolinsky y Sylwester Przybysz. Dos polacos. Ninguno hablaba catalán, pero eso no era lo peor. El doctor Przybysz solo sabía algunas palabras en español. El doctor Kolinsky ninguna. Todas las consultas se realizaban con traductor.

La gran ventaja del doctor Kolinsky era que su mujer, también polaca, y que tampoco hablaba español y mucho menos catalán, era oftalmóloga. Y durante los tres o cuatro primeros años de vida del hospital, la isla de Formentera tuvo un oculista. Ahora no tiene ninguno.

Hace unos días el servicio balear de salud sacó una plaza de médico de familia para Formentera. Se presentó solo un aspirante. Fue rechazado por el catalán. José Escandell tiene 92 años. Es uno de los hombres más viejos de la isla y está esperando al suyo. Su nieto explica que lo que le molesta no es que no le hablen en catalán, sino que cada vez que viene se encuentra un médico distinto y tiene que empezar a explicarlo todo desde el principio. "Si fuera un maestro de escuela o algo así estaría muy bien, pero los médicos... que sean buenos médicos, ya está", dice José.

Teresa Carroquino trabaja como auxiliar administrativo, el departamento que más habla con el paciente, y en el que sus empleados tienen un mayor conocimiento de catalán. Sin embargo reconoce que no se habla en exceso, o mucho menos que el alemán o el italiano. El hospital ya no le preocupa como trabajadora, le preocupa como paciente: "Está en los corrillos, todo el mundo anda mirando cosas para marcharse".

Antes de lo del catalán la principal preocupación de los vecinos de Formentera era que el hospital tuviera un TAC. La presidenta balear, Francina Armengol, ha visitado el centro en el último año más que cualquiera de sus antecesores. En marzo de 2017 anunció que habría TAC en 2017. El pasado 8 de febrero que en 2018. Pero lo peor es que de verdad lo traigan. "¿Dónde van a encontrar quién lo maneje?", se pregunta Carroquino.

Sin hablar castellano

Uno de los principales argumentos para defender que los médicos tengan que aprender catalán es la presunta existencia de personas de avanzada edad que tienen dificultades para defenderse en castellano. "Yo creo que esa gente no existe", dice el pediatra ibicenco Bartolomé Bonet desde Ibiza. "¿Gente mayor que solo habla catalán? ¿Hoy en día? Ni uno", dice el doctor menorquín Claudio Triay desde Urgencias del hospital Mateu Orfila de Menorca.

En Ibiza, Joan Ribas, de 72 años, viene con su mujer a la revisión del cardiólogo: "Que lo consideren un mérito me parece muy bien, pero para ejercer medicina tener que exigir saber catalán...". "Em sembla una asenada tan grossa... (me parece una burrada tan grande)", interrumpe su mujer.

"Ahora dicen que les dan dos años para aprenderlo, si esto es verdad....", trata de seguir Joan, pero de nuevo le interrumpe su mujer: "No hace falta". Joan hace como si no la hubiera oído: "Hay mucha gente, bueno, ahora ya no, pero en una época....". "Ahora lo entiende todo el mundo", acaba la frase su mujer. "También tengo que decir que cuando había mucha gente que no entendía el castellano había muy pocos médicos que entendieran el ibicenco", logra Joan terminar una frase.

Catalina es ibicenca. Tiene 73 años y gripe. A su lado está Esperanza de 67. También es ibicenca y también tiene gripe. "Fa caguera (Da miedo)", empieza Catalina. Esperanza tose afirmativamente. "Yo soy ibicenca, no catalana, no tengo ningún interés catalanista ni me siento catalana, van a lograr que nos quedemos sin médicos", dice Catalina. "Para operar a alguien no creo que haga falta saber catalán", tose Esperanza.

Vicent es de Ibiza y tiene 74 años. Acaba de pasar una semana ingresado en Can Misses con una infección. Su mujer, María, de 71, es de Formentera. La primera reacción se repite. "Es una asenada (burrada)". Habla María y Vicent asiente: "Es una vergüenza. Me indigna. Después de superar dos cáncer de pecho lo que menos me preocupa es el idioma en el que me diga que puedo vivir tranquila". Vicent añade: "A ver si ahora en vez de venir los mejores médicos van a venir solo los que sepan catalán".

En el centro de salud de Es Viver, no es nada fácil encontrar ibicencos. En la sala de espera de pediatría hay ocho mujeres y cerca de una veintena de niños. Todas llevan hiyab. En la cola de análisis de sangre está el profesor y escritor Bernat Joan, ex eurodiputado de ERC y ex secretario de Política Lingüística de la Generalitat catalana: "Deben aprenderlo porque yo como usuario he detectado errores médicos por desconocimiento del catalán. Los médicos deben tener todos los instrumentos necesarios para poder tratar a los pacientes". ¿Pero no es otra dificultad para encontrar médicos en Ibiza?: "Lo entiendo, pero una vez que están aquí no entiendo que no comprendan la lengua. En el siglo XIX era impensable que un médico no entendiera la lengua de sus pacientes. Lo que es sorprendente es que haya médicos que lleven quince años aquí y no sepan catalán".

De 7.000 quejas registradas por el servicio balear de salud solo siete fueron por razones de lengua. Cinco porque el médico no les podía atender en catalán. Dos porque ni siquiera les podía atender en castellano.

Según una encuesta de usos lingüísticos de la Conselleria de Cultura, Participación y Transparencia del Govern balear, tras un estudio realizado por la Universidad de las Islas Baleares y la dirección general de Política Lingüística de la Generalitat de Catalunya solo el 36,8% de los Baleares usa habitualmente el catalán, el 23,9% en el caso de Ibiza y Formentera. Entre los baleares de 15 y 29 años solo el 20% a pesar de la inmersión en educación. La consellera balear de Cultura, la ibicenca Fanny Tur, habla incluso de "un retroceso en el uso en los últimos quince años".

En el centro cultural Ebusus, en el paseo Vara de Rey de Ibiza, los jubilados ibicencos juegan al 'ramé', el Remigio parecido al chinchón de toda la vida. Estos días bromean con que a los médicos el título de catalán no les va a servir de nada. Y mucho menos desde que los gobiernos de Baleares, Valencia y Cataluña decidieron empezar los Països Catalans homologando títulos. A un catalán se le puede romper el 'maluc', también a un valenciano, aunque no muchos lo dicen. A un mallorquín también se le puede romper el 'maluc', pero jamás a un ibicenco o a un formenterer. Mientras que un menorquín y algún mallorquín de la part forana se romperá en el mismo sitio el 'ballador de s'anca'. A los mallorquines de los pueblos del Pla será a los únicos a los que le duela el 'dobler de sa panxa'. Y solo los menorquines pueden tener un 'ull blec', por herencia del black (negro) de la ocupación británica. En el mismo sitio un mallorquín de cierta edad tendrá un 'ull de vellut'. A los menorquines les duele un 'braó', mientras al resto de las islas le duele el 'canyell'. Solo un ibicenco o un formenterer de cierta edad tendrá 'mal de co'. Y solo los mallorquines y menorquines tendrán 'sa ròsa'. Mientras que los ibicencos y formenterers tienen 'pallola'. Los valencianos también tiene 'pallola', pero un catalán jamás tendrá ni 'pallola' ni 'sa ròsa'. Eso sí, a todos sin excepción se les romperá la cadera, les dolerá el ombligo, tendrán un ojo morado, les dolerá la muñeca, estarán con el estómago revuelto o tendrán sarampión.

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