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Comienza el toque de queda en Francia: "Son las nueve, váyanse a su casa"

Logotipo de El Mundo El Mundo hace 3 días IÑAKI GIL
La habitualmente concurrida calle de la República en Lyon, completamente desierta tras iniciarse el toque de queda. © Unidad Editorial, S.A. La habitualmente concurrida calle de la República en Lyon, completamente desierta tras iniciarse el toque de queda.

"Les habla la Gendarmería. Son las 9. El toque de queda va a comenzar. Váyanse a su casa". La furgoneta Renault azul oscuro acaba de aparcar en un cruce de calles que hay al norte de la Plaza de la Bastilla. El altavoz tiene un timbre metálico y viejuno.

Aquí arranca la rue de Lappe que tiene 37 números y un mayor número de bares y restaurantes. Cuando faltaba un cuarto de hora para las 9, en Chez Paul están poniendo las maderas que cubren los cristales. Dentro los clientes de la última mesa han pagado y se disponen a irse. Quedan abiertos dos vietnamitas feos y vacíos. No bajan la persiana porque sirven comida a domicilio, bol de sopa vegetariana a 8 euros. El dueño del estanco está haciendo caja con la persiana abierta.

No entra nadie. Porque en la calle no hay nadie. Se oye el traqueteo de las ruedas de la maleta de un viajero y un clic, clic. Es el vecino del primer piso, encima del Khao Suay, bar restaurant & nightclub, que se está cortando las uñas en la ventana. En esta calle bulliciosa donde reinó el acordeón y se bailó el balajo, donde hay discos y actuaciones en directo, colas, gentío y bronca, hay tal silencio que se oye a un inquilino guarro cortarse las uñas.

Donde los gendarmes han aparcado hace un rato una pareja joven azuzaba a los críos. "Vamos, vamos" decía la madre mientras el padre se cargaba al hombro al pequeño. Los gendarmes patrullan de cuatro en cuatro, el novato con el fusil en la mano, todos con mascarilla blanca.

Me piden la atestación que justifique mi presencia pero en cuanto digo que soy periodista y muestro la acreditación oficial pasan de mí. Es la primera noche, no hace frío y el buen rollo alcanza a repetir el mensaje por la megafonía para la televisión austriaca que no lo ha podido grabar entero.

La plaza de la Bastilla, recientemente reurbanizada por el ayuntamiento socialista de Anne Hidalgo, está casi desierta. La Ópera está cerrada porque la temporada no acaba de arrancar. Somos tan pocos que otra patrulla me pide que me identifique. El toque de queda ha entrado en vigor sin problemas. De hecho, a las 8:30 sólo quedaba abierto "le paradis du fruit". La verdad, no he verificado si servían aún porque lo último que pediría antes de un toque de queda es un multifrutas. En las terrazas, los últimos clientes apuraban sus consumiciones mientras los camareros apilaban las sillas. A las 9:13 sólo hay luz en una cadena de hamburgesas. El Cinema Majestic ha apagado sus viejos neones, las patrullan preguntan a los últimos si viven cerca y les mandan a casa. Primer día, cero tensión. En la Plaza de los Vosgos sólo cierra con retraso la frutería. En Le Marais no hay nadie. En la rue de Rosiers, aprovechan la ausencia de tráfico para descargar un camión de mercancías. La gente no está para contarle su vida al periodista. "Es lo que hay", "Qué quiere que le diga, si esto frena la pandemia". Obviamente, los dueños de bares han manifestado su cabreo desde el mismo día que Macron anunció el toque de queda desde las 9 de la noche hasta las 6 de la mañana. El mundo de la cultura pidió derogaciones. Por ejemplo que la entrada del cine sirviera de salvoconducto como los billetes de tren o avión. Pero el primer ministro Jean Cástex no quiso hacer excepciones. Una señora que ha sacado el perro se cambia de acera.

El París gay ha bajado la persiana a la hora y los corrillos de 'osos' o de tíos vestidos de cuero se han debido ir a casa. En una tienda fina de artículos de placer han dejado el escaparate iluminado y tienen en promoción el "pack couvre feu, siete regalos románticos y 8 pícaros para entretener sus veladas". A 49,90 euros en lugar de 75. El toque de queda parisina nos suena a Ocupación y a "Le dernier metro" con Gerard Depardieu y Catherine Deneuve donde François Truffaut contaba en realidad la historia del padre de ella. La base legal del actual es la ley de 1955 adoptada por una mayoría radical socialista. Se ha aplicado muchas veces, la mayoría en barrios coflictivos. En 1961 dio cobertura a una matanza de decenas de argelinos en pleno proceso de independencia.

El de ahora cuenta con el apoyo de las encuestas y la voluntad de adaptarse para frenar al Covid. Así el Crazy Horse ha adelantado sus sesiones. En vez de las 20:30 y las 23:00, los pases son a las 15:30 y a las 18:00. Debe ser un poco raro entrar al cabaret a plena luz del día. Pero como dijo Macron: "hay que aprender a vivir con el virus". Son las 10 , las calles son de los riders y de los vagabundos, intocables, cuando me aborda la tercera patrulla que comanda una mujer. No tengo ni que sacar la acreditación. "Ande, váyase a casa y buenas noches".

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