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La niña atrapada en los restos del colegio Rébsamen da señales de vida e inyecta nueva esperanza

Logotipo de Sin Embargo Sin Embargo 20/09/2017

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© SinEmbargo

“Se está escapando el gas”, grita un hombre a una maestra que encabeza un grupo de alumnos que logró salir del colegio Enrique Rébsamen, antes de que una parte del espacio educativo cayera.

Al momento, tras el derrumbe se registra un saldo de 21 niños y cuatro adultos fallecidos. Personal de rescate se encuentra en la zona ante la posible presencia de dos supervivientes.

Un oficial de la Marina Armada de México ha informado esta tarde a Milenio Televisión que dos de tres pruebas detectaron signos de vida de la niña que está bajo los escombros del colegio Enrique Rébsamen, ubicado en la avenida Brujas y División del Norte, en Coapa.

Además, otros rescatistas confirmaron a los a medios que la menor está con vida.

“Metimos tres tecnologías: una es la parte térmica, sonora y movimiento. La térmica y movimiento está confirmado, pero la sonora no está confirmado porque hay mucho ruido”, dijo el oficial de la Marina. El sitio digital Milenio agrega además que “una autoridad que participa en el operativo de rescate dijo que le dieron agua a la niña a través de una manguera”.

“En la escuela hay esperanza todavía. Las maniobras de fuerzas federales y rescatistas hacen imaginar una buena noticia. Además de no usar maquinaria pesada, rocían el suelo con agua para que no se levante la tierra, apuntalan partes colapsadas con madera y conectaron ventiladores justo en dirección de la zona de desastre”, informa el diario esta tarde.

Un video compartido en redes sociales muestra los momentos posteriores al colapso de una parte del colegio Enrique Rébsamen.

En la grabación, un hombre alerta a las maestras de una fuga de gas en la zona, por lo que pide que evacúen a los menores.

“Se está escapando el gas, maestra, necesita sacar a los niños”, se escucha decir al hombre con la voz visiblemente desesperada.

Posteriormente enfoca hacia la izquierda y muestra parte del derrumbe que la escuela sufrió y que, hasta el momento, ha dejado un saldo de 21 niños y cuatro adultos fallecidos.

Algunos niños abandonan la escena, mientras jóvenes se acercan a la zona para buscar ayudar a los niños que habían quedado atrapados.

El colegio privado impartía clases en los niveles preescolar, primaria y secundaria.

Esta tarde de miércoles, personal de rescate se encuentran en la zona ante la posible presencia de dos menores con vida.

LAS HORAS DE ANGUSTIA

En las proximidades del Colegio Enrique Rébsamen, hojas de cuaderno revelan el destino de varios de los niños que quedaron atrapados tras el fuerte terremoto que azotó la Ciudad de México. Aun así, quedan muchas personas que ven, con angustia, que ya han pasado 24 horas sin saber de sus familiares.

“Fátima: encontrada viva”, “Fidel: hospital Ángeles”, “Pamela: ambulancia”. Los nombres escritos en las hojas intentan ser de ayuda a los familiares que se acercan a la institución.

Sin embargo, este es solo un pequeño gesto que no logra resolver las dudas de las decenas de familiares que esperan saber dónde están sus hijos. “No hay certeza de nada”, asegura a Efe Adriana, madre de una de las niñas hasta el momento desaparecidas.

El derrumbe del colegio ha provocado la muerte de al menos 21 niños y cuatro adultos, según el último reporte de la Secretaría de Educación Pública, aunque otras fuentes han elevado hasta 37 las víctimas mortales, 32 de ellos alumnos.

Cuando el martes empezó a temblar, a las 13:14 hora local (18:14 GMT), un grupo de alumnos de segundo de primaria, entre los que se encontraba la hija de Adriana, Mónica, intentó evacuar el edificio por las escaleras del lado izquierdo del inmueble.

“Fue justo la zona de colapso inmediato”, explica la madre.

Su otra hija, en un curso más avanzado, logró salir del edificio por el lado opuesto, y se encuentra bien.

Acompañada de sus primos, sus cuñados y su marido, Adriana espera que haya más noticias, aunque estas cada vez tardan más en llegar porque las tareas de rescate son cada vez más delicadas.

Si los niños sacados de los escombros no son identificados, conocer su paradero se hace prácticamente imposible. En los hospitales “no te dejan ver a los niños”, y en el Ministerio Público “no te dejan ver el cuerpo” para saber si es o no un familiar, a no ser que el nombre coincida con el registrado.

Adriana reconoce que la esperanza de encontrar a Mónica con vida “es mínima”. Del grupo que iba con ella, “al menos seis chiquitos ya fallecieron, y una maestra”, dice.

“Creo mucho en Dios, y si Dios me quiere compartir otro rato a mi hija, es el mejor regalo de la vida, y si no, me la compartió siete años maravillosos que me hizo muy, muy feliz”, afirma emocionada.

Al llegar a las inmediaciones del lugar, María Elena Villaseñor, voluntaria y vecina del lugar, atiende a quienes se acercan a las listas de los niños con un “¿está buscando a un familiar?”.

Ella lleva desde la tarde de este martes intentando ayudar en las tareas de rescate. “No te puedes quedar parado sin hacer nada cuando sabes que una escuela de kínder, primaria y secundaria está abajo”, señala la voluntaria, cuyos hijos asisten a un colegio que está justo detrás del Rébsamen y que quedó en pie.

De entre todos los carteles, María Elena señala el que tiene escrito el nombre de Frida Santiago. La niña es una superviviente a quien encontraron entre los escombros porque pudo mantenerse en contacto con su madre a través de Whatsapp.

Los cuerpos de rescate esperan encontrar alguna persona más con vida entre el derrumbe.

Para saber si hay supervivientes, los rescatistas piden a gritos que estas personas hagan un golpeteo o cualquier señal para saber dónde están. En el mejor de los casos, los afectados pueden responder verbalmente, lo que también ayuda a mantenerlos conscientes.

La lentitud actual de los avances se explica porque los pisos de la estructura se compactaron, y los posibles sobrevivientes están en ese lugar, en el que el acceso es “muy difícil”, explica a Efe un rescatista de la Marina, uno de los cuerpos que participan en la actividad.

El rescatista subraya el riesgo que esta labor entraña. Si se siente una réplica del terremoto, o si hay algo que no se apuntale bien, que se deslice”, incluso los brigadistas pueden quedar atrapados.

Sentados en sillas de plástico y cubetas volteadas, los familiares de Jessica aguardan serenos, con la mirada fija en una ambulancia que aguarda la llegada de los rescatados. Pero, advierte Rosa, uno también se cansa de estar calmado.

“Nos cansamos de estar esperando, esperando, ya queremos saber, es una angustia tanto para ella como para mi familia”, defiende Rosa, hermana de Jessica.

Jessica, de 31 años, trabaja en la intendencia de la escuela, y estaba llevando a un par de niños al baño cuando la sorprendió el temblor.

Su hermana entiende que la capital está colapsada tras el sismo, que ha causado al menos 225 muertos, según el último reporte oficial, pero también pide a los cuerpos de seguridad que se pongan en su lugar y entiendan la necesidad que tienen, como familiares, de saber qué está pasando.

“Yo ya quisiera que acabara todo esto, todo este martirio”, lamenta mientras los cuerpos de rescate siguen con su vaivén constante, vigilados por una pancarta que, en lo alto del edificio que no ha quedado derruido, afirma “La unión hace la fuerza”.

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