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Nunca sé si pagar en una primera cita o no, así que he pedido ayuda

Logotipo de GQ GQ 13/09/2018 Victor M. González
© Mia y Sebastian no pagaban, se ponían a cantar y bailar./ Copyright: © Imagen: 'La La Land' (Damien ...

Los propósitos de pareja para el otoño, el fin de la monogamia y el horizonte de las nuevas relaciones, desterrar las costumbres románticas tóxicas que nos han transmitido durante décadas… Nos encontramos en un momento de constante revisión de lo que supone el amor y la vida en pareja, de búsqueda de relaciones más sanas y equitativas, pero aún nos cuesta sacudirnos ciertos hábitos y convencionalismos que nos hacen sentir incómodos. Uno de ellos, y lo sabes, es el siguiente: ¿quién debe pagar en una primera cita? Para no caer en lugares comunes y eliminar de una vez por todas los prejuicios asociados a ello, charlamos con Elena Requena, sexóloga y asesora de parejas, y África Bos, consultora emocional y coach de dating.

Una situación… ¿incómoda?

Despejemos la duda desde el comienzo: ¿existe presión a la hora de pagar en una primera cita? "Sí, hay una creencia extendida de que quien paga tiene más interés o puede estar buscando algo más del otro", nos comenta África: "Además parece un síntoma de generosidad, y en ese momento todos queremos mostrar nuestra mejor cara. La presión existe cuando hay algo detrás, como que la otra persona nos interesa y queremos quedar bien".

Elena coincide con África, y también cree que debemos quitarle hierro al asunto. "En este tema nos dejamos llevar por los convencionalismos y lo que culturalmente está bien visto, pero depende de los interesados y solo de esas dos personas en particular. Quizá hablarlo durante ese encuentro puede dar lugar a conversaciones interesantes o a conocernos mejor".

Superado este desafío, y en el caso de que haya más citas, la cosa irá como la seda si sigues guiándote por la intuición. Así lo explica Elena: "Es una cuestión de confianza. Sentirnos más libres de hacer lo que nos apetece o lo que puede agradar al otro es algo tan natural en una pareja como la andadura del conocimiento mutuo, del otro pero también de nosotros mismos".

Lo que hemos aprendido mal

Entre estas recomendaciones iniciales, la más importante es la siguiente: no tiene por qué encargarse de la cuenta el hombre. "Esa es la creencia que nos ha transmitido el patriarcado. Paga el hombre porque es el que tiene que demostrar que puede proteger y mantener a una mujer con su dinero, y si no lo hace, demuestra que no puede. ¿Conclusión? No es lo suficientemente hombre", apunta Bos. "Hoy en día todos sabemos que una mujer puede pagar la cuenta y que un hombre puede dejarse invitar".

¿Sucede lo mismo en las parejas LGTB+? Aquí nuestras expertas difieren. Según África, "existe la misma presión porque no hay diferencia entre las emociones y las creencias de un colectivo u otro respecto a las citas, porque todos nos hemos creado en el mismo ambiente". Según Elena, "estos roles no suelen estar tan patentes y todo es más maleable. Eso da más libertad a ambos participantes de hacer lo que les haga sentir más cómodos o cómodas".

¿Pagamos a medias?

Podemos pensar que en este panorama de relaciones igualitarias, lo más recomendable es pagar a medias. ¿Es así? "Si lo pensamos fríamente es lo más apropiado, ¿no? En culturas diferentes a la nuestra, lo relacionado con el dinero suele ser más equitativo, y las cuentas suelen dividirse", opina Elena. Pero existe la otra cara de la moneda: "Ahora bien, me parece un gesto agradable invitar a alguien a quien te apetezca invitar, o así mismo dejarte invitar. No es una comida de empresa, nos estamos relacionando con alguien que nos atrae o a quien atraemos".

África es de esa misma rotunda opinión: "Lo ideal es hacer lo que te apetece en ese momento. Habrá días en los que estés más generoso o sientas esa conexión y quieras pagar; otros estarás más tacaño y no lo harás aunque haya habido una conexión brutal. Lo que no tiene sentido es ir con una reglas establecidas sin tenerte en cuenta a ti, ni lo que sientes, ni lo que está pasando. Y, obviamente, sin tratar de comprar a nadie, que eso se nota mucho".

El juego de apariencias

África acaba de apuntar un aspecto importante que los más pánfilos no tenemos en cuenta: pagar también es un juego de apariencias y flirteo. "Todo lo que hacemos o decimos en una primera cita genera una impresión", continúa Bos: "Una persona que quiere pagar sí o sí puede querer demostrar que tiene mucho interés, pero también que no puede aportar nada más que su dinero, aunque esto no suele ocurrir en muchos casos".

Pero, ¿qué hay de aquello a lo que podemos dar pie? ¿Que uno pague la cena y el otro una copa, o una segunda cita? "Es una indirecta para seguir conociéndose, aunque no hay nada asegurado. Puede ser una forma de coquetear o un síntoma de inseguridad, de querer cerrar el pacto cuanto antes”, reflexiona África. Elena reivindica esa emoción: "Estamos perdiendo algo tan precioso como la seducción, así que esto me parece maravilloso. Son juegos entre dos, para dejar claras nuestras impresiones sin ser muy explícitos".

Un puñado de consejos

Ahora que sabemos todo lo que entra en juego en esto de pagar la cuenta en una primera cita, reunimos un puñado de consejos. Pero no podemos pulirlos sin preguntarles a nuestras especialistas qué harían ellas. África lo tiene claro: "A mí me gusta pagar, especialmente cuando me lo he pasado bien, me guste quien tengo delante o no. Confieso que cuando me aburro me cuesta más hacerlo y propongo repartir. Eso sí: lo que aprecio mucho es que la otra persona también tenga disposición de pagar, aunque acabe haciéndolo yo”.

¿Qué haría Elena? "Soy muy de intentar pagar en la primera cita, o tener la iniciativa a priori. Pero intento ver cuáles son los deseos de la otra persona. A veces no es fácil y puede que las dos personas estemos en las mismas. Como siempre, imprimir a estos momentos un poco de humor es la solución ideal".

1. Quítale hierro al asunto. No hay reglas establecidas ni de ello va a depender totalmente que haya una segunda cita o no. Haz lo que te apetezca, déjate llevar, guíate por tu intuición.

2. No creas que debes pagar solo por ser hombre. Importantísimo: no caigas en eso tan antiguo solo para quedar bien o para fardar de tu salario. Es masculinidad mal entendida.

3. Pagar a medias no tiene por qué ser lo perfecto. No seas tan rígido, porque también darás esa impresión. Disfruta lo espontáneo del momento.

4. Participa en el juego de la seducción. Sírvete de esta situación para dejar claro que te ha gustado la cita, y para dar pie a un próximo encuentro.

5. Sé empático e intenta conocer a la otra persona. Como decíamos antes, plantear esta cuestión puede dar pie a una charla interesante y que te ayude a conocer más al otro. También respeta las decisiones de esa persona y mantente alerto a si la ves cómoda o incómoda.


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