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¡Cómo está Madriz!

Logotipo de Notodo Notodo 07/06/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "¡Cómo está Madriz!" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "¡Cómo está Madriz!"

Somos las calles, somos las plazas
y callejones de Madrid,
que por un recurso mágico
nos podemos hoy congregar aquí.
Es el motivo que nos reúne
perturbador de un modo tal
que solamente él causaría
un trastorno tan fenomenal.
Así cantan, con garbo, este tema de La Gran vía de Chueca. Pero para trastorno de quedarse mano, el del protagonista de la zarzuela de Miguel del Arco, un Paco León que se levanta a media noche para echar la bronca desde su balcón a la banda municipal que no deja de tocar en la plaza mayor. Y que cuando se acuesta sueña con la villa de Madrid del s.XIX. Y trastorno el de los mendas a los que les han salido sarpullidos después de ver (o medio, si han escapado a la mitad, como Gallardón) el espectáculo. Pero a nosotros nos ha encantado, hemos disfrutado como enanos, y aquí las razones para ir a ver este ¡Cómo está Madriz! tan chipén.



Porque respira amor a la ciudad por los cuatro costados.
Miguel del Arco ha decidido fusionar dos de los títulos más conocidos del género chico: La Gran Vía y El año pasado por agua, de Federico Chueca y Joaquín Valverde, con libreto de Felipe Pérez y González la primera y Ricardo de la Vega la segunda, dado que "Los dos títulos comparten una misma premisa argumental: un personaje real y uno alegórico pasean por el Madrid de finales del siglo XIX." Aquí, Paco León deambula por ese Madrid como una Alicia chulapa, como él dice, llegando a la conclusión de que no mucho ha cambiado desde entonces: la municipalidad dando a luz calles y con necesidad de obras públicas para no aburrirse, chorizos, revueltas por doquier, pero sobre todo, un ánimo castizo inquebrantable para no perder el buen humor. Y es que este ¡Cómo está Madriz! es una auténtica oda a la ciudad y al carácter de sus conciudadanos, que mal les pese a sus políticos, nunca agacharán la cabeza y seguirán bailando hasta que los pinreles aguanten.

Por una puesta en escena superior y llena de dinamismo.
Ese vestuario surrealista de las calles de Madrid (la orondez de la Deuda municipal o el choque de la calle Libertad como un travestón de dos metros en plataformas son maravilla), o todos los trajes típicos, esas pantallas que ubican de forma harto efectiva con estampas de la capital el transitar de los personajes, esas escaleras móviles que se desplazan por la escena y el diseño de iluminación, todo conforma un espectáculo dinámico y estétic al que Miguel del Arco sabe imprimir un ritmo perfecto para no aburrir ni un solo instante en sus dos horas y cuarenta minutos de duración, moviendo y haciendo bailar a los intérpretes y coro que da gusto.

Por el buen hacer de los ciudadanos de ese Madriz del XIX
Los intérpretes de este viaje alucinado por la villa y corte disfrutan como enanos sobre la escena. Y eso se transmite al patio de butacas (aunque algunos se resistan). Todos están espléndidos, pero no se puede por menos que destacar a su protagonista, un Paco León de diez, simpático, gracioso y fresco de natural, que lleva la función sobre sus hombros sin problema alguno. También sobresale (no sólo por estatura) un Jorge Usón que se come lo que le pongan por delante. Pero vamos, que la Opinión Pública de Miriam Montilla es inolvidable. La Municipalidad de Manuela Paso es tremenda también y la Justicia de Verónica Moreno, simpatiquísima. Por no hablar del siempre fetén Ángel Ruiz, que canta de maravilla y ofrece unas caracterizaciones de órdago (ese Neptuno es un escándalo y genial su escena con la Cibeles de Natalia Huarte), que lo único que le falta es prepararte un cocido para ser más versátil todavía. Vamos, que todos se entregan al máximo para entretener. Como dice Barbieri: Para sermones la Iglesia, no el teatro



Por escuchar una Zarzuela. Y punto.
Que, a pesar de cierto resurgimiento, la zarzuela sigue siendo un género abandonado por muchos. Y del Arco & co demuestran que sigue siendo un pedazo de espectáculo con todas las de la ley, y con más vigencia que nunca. La música es una gozada (escuchar temazos como Pobre chica, la que tiene que servir... no tiene precio), y la orquesta y los cantantes (muy grandes María Rey Joly, Amelia Font y Luis Cansino) se entregan para que llegue al público con más actualidad y potencia que nunca. La función acaba con apoteosis de felicidad, alegría y chotís.

Con el público de pie y cantando la zarzuela como si no hubiera un mañana, una fiesta en toda regla. Aquí los hacedores tienen claro que hay que pasárselo bien. Y si bien algunos chistes son fáciles hasta decir basta y algunos detalles sobren (que le hagan una mamada a un obispo es una cosa que ya ni escandaliza, pero no pega con el resto de la función y acaba por resultar un arma arrojadiza para sus enemigos) la función se ve con un cachondeo y alboroto. Sin olvidar la crítica (por ahí desfilan la Espe, Bárcenas o los Pablos Iglesias, el original y el de ahora) que aporta vidilla y chicha a la cuestión, de una forma meridianamente cristalina (dan cera por varios frentes) pero tampoco en exceso agresiva.

El caso es que, para criticarla o para disfrutarla, este primer acercamiento del siempre interesante Miguel del Arco a este género popular y castizo es casi obligatorio si no quieres parecer gilí. Un espectáculo pa llevar a la parienta, a la contraria y a toda la tropa. Auténtico placer poder disfrutar de este canto a Madriz y sus habitantes (porque en Madrid uno no nace, se hace). ¡Qué placer es bailar y mover el cuerpo así y poder apreciar la melodía del chotís!

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