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¿De verdad vuela este cacharro? Los aviones más bizarros de la historia

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 03/12/2016 Sergio Ferrer

Bombarderos propulsados por energía nuclear, 'crepes' con alas, imitadores de Ícaro... La historia de la aeronáutica reúne un sinfín de extraños vehículos que han asfaltado el camino para desarrollos posteriores. Aviones bizarros que, como su nombre indica, resultan a la vez temerarios, valientes y raros. Unos se adelantaron a su tiempo y la mayoría cayó en el olvido. Todos hacen que nos preguntemos: "Pero, ¿de verdad podía volar ese cacharro?".

'Aviones bizarros' (Glyphos, 2016) es un libro que juega con las dos acepciones del término. Escrito por el autor del blog 'Tecnología obsoleta', Alejandro Polanco, en colaboración con el ingeniero y piloto José Manuel Gil, supone un repaso por la historia menos conocida de la aeronáutica. Polanco explica a Teknautas cómo surgió la idea: "Historias de cazas clásicos hay miles; queríamos hablar de las naves aéreas olvidadas, que tuvieron poco recorrido, no funcionaron o lo hicieron mal". Un párrafo escondido en algún viejo libro es el único testimonio que queda de muchas de ellas.

Despegaran o no, Polanco huye de palabras como fracaso para hablar de estos experimentos. "¿Ideas a evitar? ¡Todo lo contrario! La moraleja del libro es que arriesgar en tecnología tiene sus ventajas". El autor explica que algunos de los incontables diseños incluidos en la obra fueron retomados en el futuro: aunque estuvieran adelantados a su tiempo plantaron la semilla de la innovación para las décadas siguientes.

"Fueron pioneros que lo arriesgaron todo: capital, trabajo, salud e incluso la vida para llevar a cabo maquínas que pueden parecer rarísimas, pero gracias a las que hemos llegado hasta aquí". Resulta imposible resumir en un artículos los cientos de vehículos que incluye la obra, desde trenes de aterrizaje en forma de oruga a cabinas a 'ballenas volantes', pasando por las últimas innovaciones como el dirigible-culo Airlander o las aeronaves eléctricas. Polanco repasa con nosotros algunos de sus diseños favoritos.

Un avión con reactor nuclear NB-36H vuela junto a un Boeing B-50. (Wikipedia) © Proporcionado por El Confidencial Un avión con reactor nuclear NB-36H vuela junto a un Boeing B-50. (Wikipedia)

Pilotar un reactor nuclear

A comienzos de los años 50, junto al desarrollo de los primeros reactores nucleares, se intentó aplicar esta nueva moda al mundo del transporte. Aviones, barcos, submarinos y, por qué no, coches impulsados con uranio que acabarían con la dependencia de la gasolina. Ya en plena Guerra Fría, los Estados Unidos y la Unión Sociética se embarcaron en otra carrera atómica, esta para desarrollar aeronaves nucleares.

Un avión nuclear no es una aeronave con armas nucleares, sino aquella que obtiene su energía de un reactor de fisión. Incorporar este elemento, grande y pesado,  a bordo de una máquina voladora no era tarea fácil. El elegido para convertirse en el primer avión nuclear fue el bombardero Convair B-36 Peacemaker, inmenso hasta para los estándares actuales. Sólo así se podría añadir una planta nuclear sin demasiados dolores de cabeza.

Tras muchos dolores de cabeza y rediseños vio la luz el Convair NB-36H 'Crusader', que tuvo que sacrificar el espacio dedicado al armamento para colocar el reactor y cuya proa tenía un pesado blindaje de plomo y goma para proteger a los pilotos de la radiación. Con el mismo objetivo se instalaron contenedores de agua en la parte trasera.

Entre 1955 y 1957 el NB-36H llevó a cabo, sin contratiempos, cuarenta y siete vuelos de prueba. En 1961, los soviéticos probaron su versión, el Tu-95LAL, con treinta y cuatro viajes experimentales. Al final, los avances en materia de misiles nucleares y las mejoras en los bombarderos tradicionales dejaron obsoleta esta peligrosa tecnología antes de que se popularizara. Al menos hasta ahora, porque Boeing ha patentado un concepto de motor a reacción nuclear.

Castillo de Coruña del Conde desde donde saltó el 'ícaro' español. (Juan Carlos Gómez/Wikipedia) © Proporcionado por El Confidencial Castillo de Coruña del Conde desde donde saltó el 'ícaro' español. (Juan Carlos Gómez/Wikipedia)

Un 'ícaro' español

Don Diego Marín Aguilera, un pastor oriundo de Coruña del Conde (Burgos), es un nombre olvidado fuera de su tierra natal. Sin embargo, es la primera persona que voló en la Historia. Al menos, de la que exista registro. El 15 de mayo de 1793, este pionero saltó desde una montaña sobre un 'pájaro' de madera y metal de ocho metros de envergadura, recubierto de plumas. Por suerte o habilidad, no se estrelló en el intento.

Tras planear durante más de trescientos metros, un perno roto le obligó a aterrizar. Don Diego lo había logrado. Pero los vecinos del pueblo no vieron con buenos ojos una invención que rozaba la herejía: quemaron el 'pájaro' y este soñador, abatido por la depresión, murió pocos años más tarde. Aunque no se trate de un avión al uso, este aventurero burgalés bien merece una mención en la lista.

El 'Natter' en pleno despegue © Proporcionado por El Confidencial El 'Natter' en pleno despegue

A lomos de un cohete

¿Quién dijo que unir aviones y cohetes era una mala idea? Esta peligrosa idea ha sido recuperada varias veces a lo largo de la historia de la aviación. Una de ellas sucedió durante la Segunda Guerra Mundial, cuando una desesperada Alemania tuvo que hacer uso de esta propulsión 'instantánea' para actuar con mayor rapidez durante los combates.

El sistema consiste en colocar la nave sobre una rampa para que los cohetes proporcionen toda la energía necesaria para el despegue. De esta forma no hace falta pista de despegue y el avión puede entrar en acción con mayor velocidad.

De entre todas las propuestas, el Bachem Ba 349 Natter ('víbora, en alemán) adelantó varias décadas la tecnología de cohetes por etapas. Como si fuera una nave de la NASA, este avión se lanzaba en vertical y, para aterrizar, se separaba la fase de propulsión de la cabina con el piloto. Ambas aterrizaban por separado con un paracaídas.

El Natter voló a comienzos de 1945, poco antes de que terminara la guerra, y sólo se fabricaron unas pocas decenas. Sus cortas alas le daban la apariencia de ser más un misil tripulado que una aeronave al uso, filosofía que continuaron los japoneses con su MXY-7 Ohka, el famoso avión suicida que pilotaban los 'kamikazes'.

Un abuelo futurista

El X-3 'Stiletto' parece una aeronave del siglo XXII, pero en realidad voló entre 1952 y 1956. Este avión fue el primero en incorporar titanio a su diseño, y su ahusada forma nos da una pista de con qué objetivo se creó: abrir las puertas al vuelo supersónico.

El objetivo de la aeronave era probar materiales de gran resistencia a altas velocidades, y su diseño fue tan complicado de finalizar que el único prototipo tardó una década en ver la luz. Fue un fracaso por no alcanzar las velocidades esperadas. Una arriesgada apuesta del que el Concorde sería un heredero espiritual. La semillas de los aviones del futuro fue plantada por estos extraños y arriesgados diseños.

Northrop HL-10. (Wikipedia) © Externa Northrop HL-10. (Wikipedia)
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