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¿Duermes mal? La culpa es de la evolución

Logotipo de El Mundo El Mundo 28/09/2017 Álvaro Celorio

Abres los ojos. El mismo techo de siempre. El mismo desvelo de cada noche. Pero, tranquilo, dormir mal, algo que habitualmente interpretamos como algo negativo, puede tratarse de una ventaja de carácter evolutivo. Es lo que defiende una nueva investigación publicada por The Royal Society, basada en la observación de una tribu de cazadores en Tanzania. La conclusión a la que han llegado es que podría tratarse de un mecanismo de supervivencia para evitar las amenazas nocturnas. Es decir, una defensa en casos de urgencia... que sigue vigente.

«Desde la revolución industrial hemos conseguido un gran control sobre las condiciones de luz y temperatura ambientales, lo que influye en nuestros patrones de sueño», explica David Samson, investigador de la Universidad de Duke (EEUU) y uno de los autores del estudio. «Hemos interrumpido nuestros ritmos naturales al tiempo que hacíamos nuestras condiciones más seguras».

Por eso la investigación de la tribu Hadza resultaba tan interesante: prácticamente viven en las mismas condiciones que nuestros ancestros, por lo que el contraste con sus hábitos puede arrojar luz sobre la calidad de nuestro sueño. Durante tres semanas se observó a los 33 miembros de la tribu y comprobaron que despertarse en medio de la noche era algo común y que existían diferentes horarios para jóvenes y mayores. Esto aseguraba que siempre hubiera un miembro de la tribu en actirud vigilante. En 220 horas de observación, como constata el estudio, sólo hubo 18 minutos en los que todos los miembros durmieron de forma simultánea.

Entonces, ¿estamos condenados al insomnio? Samson cree que no. «De hecho, el insomnio puede ser una resaca evolutiva. Era conveniente estar hipervigilante en los ambientes de nuestros ancestros. Tenemos que entender que quizá estemos ante un escenario de discordancia evolutiva, donde el estrés moderno afecta negativamente a nuestro sueño a pesar de que ya no estemos en peligro constante», explica.

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Sin embargo, el mensaje final es positivo: «Dormiremos mejor en el futuro. Conforme entendemos los mecanismos que crean una buena buena fisiología del sueño, mejoraremos su eficiencia».

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