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¿Por qué cuesta más la cesta 'saludable'?

Logotipo de El Mundo El Mundo 02/10/2017 CRISTINA GALAFATE

Vegano, sin lactosa, 0%, no lleva azúcares añadidos, ecológico... Si realiza la compra con asiduidad, habrá reparado en el barniz saludable de todos los productos. ZEN se detiene a examinar esta tendencia de consumo, pareja a una mayor conciencia del somos lo que comemos. De la mano de expertos, este suplemento compara dos cestas: una convencional o "menos sana" y una adquirida en la sección bio de un supermercado -ubicada nada más poner el pie en la tienda- con alimentos "más saludables".

Aunque no se trata de un experimento científico ni los productos, marcas -que obviaremos- y cantidades son las mismas, sino posibles sustitutivos que adquiriría cualquier familia española de clase media para su dieta diaria, la primera evidencia es clara: el precio de la compra se incrementa en casi 50 euros cuando tratamos de comprar más sano. Y precisamente ésa es la segunda conclusión: pese a la gran cantidad de información, existe mucha confusión sobre los atributos de un "producto saludable" y en qué se debe fijar un consumidor para que no le den gato por liebre.

"Yo estoy reaprendiendo a comer, aunque si hiciera caso a todas las fuentes y bulos de internet no podría alimentarme de nada", se queja Carolina Pérez en el supermercado. "En Europa la legislación es restrictiva y los mecanismos para luchar contra la publicidad engañosa funcionan gracias a la labor de numerosos organismos, tanto públicos como privados, que trabajan para garantizar una venta ética y un correcto etiquetado. Eso no es óbice para que se pongan en marcha técnicas de marketing destinadas a asociar a un producto valores relacionados con la salud y, por este motivo, el consumidor debe mantener una actitud crítica, informarse y ser responsable en sus decisiones de compra", afirma Beatriz de Andrés, CEO de

Art Marketing

.

La también vicepresidenta de la

Asociación Española de Mujeres Empresarias de Madrid

(ASEME) explica que estas estrategias se centran en códigos de color -uso predominante del verde-, tipografía e iconografía que recuerda a la naturaleza -hojas-, utilización de maderas o papeles reciclados e imágenes de personas con buen físico o practicando deporte. "La intención, lícita, es transmitir un ideal de salud y bienestar, que se lleva hasta el lineal, aprovechando las áreas de influencia".

ZEN observa en la cesta eco que, efectivamente, numerosos productos ofrecen contenidos de divulgación y consejos de salud. Alguno cuenta con experto reputado en medicina o bienestar e, incluso, celebrity cuya imagen pública se vincula con los aspectos sobre los que quiere reforzarse la marca en cuestión. Lo mismo ocurre con la otra compra: unos cereales repletos de azúcares y chocolate, que se presuponen poco sanos, llevan una tira verde impresa en la caja con el mensaje "contiene fibra y vitaminas". "En líneas generales, todas las marcas quieren parecer más saludables y, para ello, describen una característica buena pero obvian otras".

'Sin azúcar añadido' no le libra del azúcar

Volvamos a los ejemplos: "sin azúcares añadidos" en la portada de uno de los envases no implica que en la contraportada figuren los azúcares propios de los componentes. "De hecho, algunos productos desnatados contienen azúcares", corrobora la experta, que anima a darle la vuelta al producto: "No hay nada que se pueda hacer ante una etiqueta, ahí está toda la verdad. Hay que tratar de comprar con sentido común".

Sólo en el año 2016, de los 281 casos que atendió el Jurado de la Publicidad de la

Asociación para la Autorregulación de la Comunicación Comercial

(Autocontrol), 85 estaban referidos a anuncios de alimentos y bebidas ya difundidos. "En el proceso de decisión de compra hay una carga emocional y psicológica". De hecho, ya en 2015 y a pesar de la crisis global, ocho de cada diez consumidores preferían invertir más dinero en productos buenos para su salud, de calidad y menos industrializados, recoge el último informe disponible de

Nielsen Global Health and Wellness Report

.

Evitar enfermedades

© Proporcionado por elmundo.es

Según la

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura

(FAO), una dieta saludable "ayuda a protegernos de la malnutrición en todas sus formas, así como de las enfermedades no transmisibles, como la diabetes, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y el cáncer", mientras sitúa las dietas insalubres y la falta de actividad física como "los principales factores de riesgo para la salud en todo el mundo". Sin embargo, el aumento de la producción de procesados, la rápida urbanización y el cambio en el estilo de vida ha dado lugar a nuevos hábitos alimentarios.

Ahora se consumen más productos hipercalóricos, grasas saturadas, azúcares, sal o sodio; se abusa de precocinados por falta de tiempo y, además, hay muchas personas que no comen las raciones recomendadas de frutas, verduras y fibra dietética. "Las familias que han tomado conciencia de este progresivo abandono de la alabada dieta mediterránea han dejado de acudir a supermercados tradicionales, donde adquirían refrescos y petit-suisse, para pasar a mercados ecológicos donde pretenden comprar lo mismo en su versión baja en grasa o bio. Esto es un error porque, si uno se fija en esos productos, resulta que están llenos de edulcorantes artificiales y conservantes sintéticos", aclara

Nuria Roura

, autora de Aprende a vivir, aprende a comer. Transforma tu vida, tu salud y tu relación con la comida (Ed. Zenith).

Después de pasar gran parte de su vida en conflicto con su cuerpo y sufriendo ansiedad, acabó estudiando en el

Institute for Integrative Nutrition

en Nueva York, una de las escuelas de nutrición y coaching de salud más importantes del mundo. "En primer lugar, la gente debe saber que comprar en un herbolario, mercado ecológico o en la sección dedicada a ello del supermercado no garantiza que se estén adquiriendo productos buenos para la salud".

En qué invertir

Todos los expertos consultados por ZEN coinciden en la importancia de escoger alimentos frescos, cercanos y de temporada frente a productos envasados. "Comprar garbanzos secos y cocinarlos es más económico y saludable que adquirirlos ya cocidos porque se encuentran conservados en salmuera, aportando mayor cantidad de sal", defiende

Mónica Barreal

, experta en nutrición y cocina saludable.

Los ingresos, el precio de los alimentos -que afectará a la disponibilidad de versiones saludables-, las preferencias y creencias individuales, las tradiciones culturales y los factores geográficos y ambientales interactúan de forma compleja para configurar los hábitos alimenticios. La FAO recomienda comer al menos cinco piezas o porciones (400 g) de frutas y verduras al día para garantizar una ingesta diaria suficiente de fibra dietética, reducir las grasas a menos del 30% de las calorías totales, limitar el azúcar a menos del 10% y tomar una cantidad inferior a cinco gramos de sal: "Se podrían evitar 1,7 millones de muertes cada año si se redujera su consumo al nivel recomendado".

Sin gluten no es más sano

ZEN ha encontrado en la sección eco guisantes con azúcar añadido y galletas con aceite de palma. Nuria Roura aconseja acudir a estos lugares cuando queremos semillas a granel, verdura, cereales, carne, huevos y pescado "porque repercute en nuestro organismo y nos aseguramos comer sin falta de nutrientes, que no lleve pesticidas si es de origen vegetal y, si es de origen animal, que los animales se han criado con la mayor libertad posible y su alimentación ha sido de mayor calidad en lugar de ser hormonados". Cuenta que lo bueno para el medio ambiente suele serlo también para la salud. Por eso no es partidaria de los envasados, especialmente, los productos destinados a celíacos, que siempre son más caros.

"Invertir en una compra más sana es una cuestión de prioridades, pero yo no he decidido ser intolerante al gluten y lo que me encuentro no es nada saludable", protesta la consumidora Belén Amaro. "Movimientos como

gluten-free

abogan por dejar de consumirlo con la idea equivocada de que va a ser mejor para la salud", certifican las nutricionistas. ZEN comprueba esta moda o corriente encontrando un helado apto para celíacos. ¿Por qué habría de llevar gluten una crema de lácteos y fruta congelada? "Cuando un médico diagnostica la enfermedad, la persona debe saber que puede tomar comida real y no sólo dirigirse a la sección sin gluten. Hay marcas para celíacos llenas de azúcares, muy procesadas y con productos sin harina integral".

Si no tienen pan, que coman pasteles, dice una frase atribuida -sin constancia- a María Antonieta. Para Ata Pouramini, director de

Quiropractic Valencia

y autor de Tú eres tu medicina, la solución pasaría por arrancar la verdura del huerto y preparar la mermelada uno mismo pero, si tiene que comprarla de fábrica, procure que sea "lo más natural y cercana posible y que la marca es clara en la información que proporciona. Es decir, que se entienden los ingredientes". Y si tiene que tomar un aperitivo, que sea "una fruta, nueces o anacardos". Roura añade: "Hay muchos mitos y la industria alimentaria es tramposa. Dude de lo que comienza con E- y, cuando algo le atraiga por lo que lleva o no, pregúntese "sí, ¿y qué añadidos más?".

Claves de los nutricionistas para comprar

  1. BIO Y ECO La normativa europea que regula los alimentos ecológicos plantea que 'bio', 'eco' y orgánico son sinónimos. "Hace referencia a alimentos cultivados o criados cumpliendo los criterios de sostenibilidad con el medio ambiente y de calidad y seguridad para los consumidores. Por ejemplo, prohibición de cultivo de organismos modificados genéticamente", explica la nutricionista Mónica Barreal.
  2. ZERO Y NORMAL "Cero no es un claim nutricional reconocido por la Comisión Europea. Indica que el producto tiene ausencia de algún ingrediente empleado en su versión original. En el caso de la Coca-Cola, 'zero azúcares' nos informa de que este ingrediente está ausente en la bebida".
  3. VEGANO Y VEGETARIANO "Un producto vegano no contiene ningún alimento de origen animal. Uno apto para vegetarianos contiene alimentos de origen animal siempre que no ocasionen la muerte del mismo".
  4. EN EL ETIQUETADO... Fíjese en los ingredientes. "Si el producto tuviera más de cinco, no se indica el % de cada uno y el primero no coincide con el nombre del artículo, no es la opción más saludable. Deténgase en los azúcares y en los aceites: el de palma a veces aparece como palmiste, estearina de palma o la especie de la que procede, 'Elaeis guineensis'", concluye.

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