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¿Vestidas para ser violadas?

Logotipo de El Mundo El Mundo 05/10/2017 IRENE HERNÁNDEZ VELASCO

"Unos pantalones caqui y una camisola. Ese día tenía que hacer una presentación".

"Unos pantalones de chándal, una camiseta de la universidad y una gorra de béisbol".

"Mi camiseta amarilla favorita. Los pantalones no me acuerdo de cuáles eran".

"Una falda negra y un jersey rojo. Eran de mi compañera de habitación, me lo dejó para ir a mi cita. Estaba tan nerviosa. Me gustaba tanto aquel chico... Parecía un tío majo. Pero cuando le dije que parara y empecé a llorar, él no paró".

© Proporcionado por elmundo.es

Así es como iban vestidas algunas mujeres en el momento en que fueron violadas. Sus ropas, tristes y desangeladas, cuelgan ahora de la sala de exposiciones de la Universidad de Kansas, en Estados Unidos, para desmontar el mito de que hay mujeres que provocan la violación.

La muestra, bajo el elocuente título ¿Qué llevabas puesto?, recoge 18 atuendos de 18 víctimas de agresiones sexuales. Junto a cada una de las ropas, cuelga un pequeño panel en el que la víctima describe en pocas líneas la ropa que vestía cuando fue violada.

Hay incluso ropa infantil, como ese vestidito de verano de rayas rojas, rosas y blancas que una niña, ya adulta, llevaba cuando abusaron de ella. "Meses después, mi madre, delante de mi armario, se quejó de que ya no me pusiera ese vestido. Yo tenía seis años", concluye la víctima. El resultado de la muestra son pequeñas y sobrecogedoras historias como esa que, junto a la ropa de las víctimas, generan horror en quien las contempla y obligan a hacerse preguntas...

"Unos pantalones cortos de deporte y una camiseta naranja. Pasé por su casa cuando acabé de correr. Él no dejaba de decirme que me encontraba muy sexy, y yo no paraba de buscar excusas para irme. Pero no me dejó marchar", se lee en una de esas cartelas, junto a la ropa correspondiente. "Un traje de baño. Habíamos pasado todo el día montando en canoa por el río, me había divertido mucho. Entraron en mi tienda de campaña cuando me estaba cambiando de ropa", reza otra ficha.

Y en otra de las paredes de la sala de exposiciones, siempre bajo el encabezamiento ¿Qué llevabas puesto?, otro breve cuento de terror: "Falté un par de días al trabajo después de aquello. Cuando se lo dije a mi jefa, me hizo justo esa pregunta. Le dije que una camiseta y unos pantalones vaqueros, ¿qué se supone que lleva a un partido de béisbol?".

Las 18 historias que componen la exposición son historias reales de estudiantes universitarias del medio oeste americano, recogidas por el equipo de la Universidad de Kansas. Las ropas expuestas, sin embargo, no son las que llevaban las víctimas en el momento preciso de ser agredidas, aunque se han elegido en base a sus descripciones para que se ajusten lo más posible a la realidad. "No hemos expuesto la ropa real de las víctimas por decisión propia, porque puede ser cualquier camiseta, vestido o pantalón, no esa camiseta, ese vestido o ese pantalón en concreto", asegura Jen Brockman, directora del Centro de Educación y Prevención de Agresiones Sexuales de la Universidad de Kansas.

Lo que busca la exposición es forzar a los espectadores, la inmensa mayoría estudiantes universitarios, a reflexionar sobre las agresiones sexuales y a tomar conciencia de que es absolutamente falso que porque una mujer lleve unos leggings transparentes, un top ajustado, un escote de vértigo, una minifalda o cualquier otra prenda esté invitando a ser violada, que ante una agresión sexual el foco debe de apuntar siempre al carnicero, no a su víctima; que no es de recibo hacer un juicio moral a quien ha sido atacada y justificar de ese modo al agresor.

"Muchas narrativas aún utilizan eso de ¿Qué llevabas puesto? para culpabilizar a las víctimas y validar a los agresores", nos cuenta Jen Brockman, responsable junto con Mary A. Wyandt-Hiebert (su homóloga de la Universidad de Arkansas) de esta impactante exposición. "Preguntar ¿Qué llevabas puesto? le sale gratis al que pregunta, no le cuesta nada. Hemos querido humanizar la respuesta y devolvérsela a toda la comunidad. Queremos que cualquier persona se sienta reflejada en estas ropas y en las historias que encierran".

Fue en el ya lejano febrero de 1989 cuando la Audiencia de Lleida dictó una vergonzosa sentencia en la que se señalaba que una chica de 17 años que había sido agredida sexualmente "pudo provocar, si acaso inocentemente, a su agresor a causa de su vestimenta". La chica llevaba una minifalda y, aunque su agresor fue condenado, la reprobación moral fue para ella.

Pero los prejuicios aún siguen campando a sus anchas. En octubre de 2011, la Audiencia Provincial de Murcia falló que el que un hombre calificara de "zorra" a su esposa no constituye menosprecio o insulto, sino que simplemente "describe a un animal que debe actuar con especial precaución". Y antes, en 2004, un juzgado de Barcelona absolvió a un hombre acusado de agredir a su mujer por considerar que no existían pruebas de malos tratos y por el aspecto de la mujer. "No sólo iba arreglada, sino que vestía cada día diferente, a la moda, con anillos y pulseras y curiosos pendientes, gafas de tamaño grande", decía la sentencia.

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