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'¿Y cómo funciona este chisme?'

Logotipo de El Mundo El Mundo 30/05/2014 DANIEL SOMOLINOS

«¿Sabes que es lo que van a conseguir? Que traigamos bates de béisbol para acabar con estos aparatos». E. D., militante y ex cargo del Partido Popular, está indignado con los nuevos parquímetros que se están instalando desde el lunes en Madrid. Y también con la «mala» política llevada a cabo por Ana Botella: «José María Aznar ha sido el mejor presidente de España, pero su mujer es la peor alcaldesa de la historia».

E. D. metió ayer un euro en una de las nuevas máquinas para poder estacionar legalmente su vehículo en zona SER, pero cuando le pidieron la matrícula no se acordaba de ella: «Nadie te obliga a memorizar tu matrícula». Trató de buscar a algún controlador de parquímetros que le ayudara con este nuevo mecanismo, y lo encontró, pero tras 12 minutos caminando.

Este usuario reclamó a la controladora que, tras anular la operación, no le habían devuelto el euro que había desembolsado. «Viven de nuestro dinero, son unos ladrones y con acciones como ésta están financiando su latrocinio», comentaba exaltado, refiriéndose a la Alcaldía, tras golpear dos veces con su mano el parquímetro.

«¿Mi tiempo vale menos que el de otras personas?», se preguntaba E. D., añadiendo que habría que poner una denuncia por este fraude.

Al final se volvió a su casa con un enfado mayúsculo tras haber perdido más de media hora intentando sacar su ticket: «Me voy sin el euro y sin haber podido realizar las gestiones que tenía pendientes, tras cruzarme todo Madrid».

La controladora que en aquellos momentos vigilaba el entorno del Bernabéu, parca en palabras, confesó como durante la mañana había tenido «lío», ya que bastantes personas le preguntaban cómo funcionaban los nuevos aparatos: «Son intuitivos, fáciles de utilizar».

Otro conductor, sin dinero en efectivo, se quedo inmóvil cuando escuchó de boca de la controladora que no se aceptaban, de momento, las tarjetas de crédito. «¿Qué hago entonces?», se cuestionaba este hombre sin que la trabajadora municipal le supiera dar una respuesta.

«La gestión está siendo nefasta», declaró molesto, sin entender por qué no ha habido un periodo de prueba donde convivieran tanto los parquímetros nuevos como los antiguos, para dar varias alternativas a los usuarios: «Siempre lo pagamos los mismos, somos en los últimos en quienes piensan».

Ésta es la solución que muchos anhelaban para evitar el caos y la incertidumbre que se apoderó de las calles de Madrid y provocando que muchos se preguntaran: «¿Y cómo funciona este chisme?». Como Miguel, que aparcó su vehículo en Plaza Castilla para realizar una entrevista de trabajo. En mitad de su prueba, tuvo que bajar de nuevo a la calle para ampliar la hora de estacionamiento. Pero algo no funcionaba y no sabía cómo solucionarlo. «No me deja prolongar otra hora más, no sé qué hacer», aseguraba este desempleado.

Los nervios y el minutero del reloj jugaban en su contra. A lo lejos, subiendo la Castellana vio a un controlador de parquímetros ataviado con un chaleco reflectante. Miguel se dirigió hacia él con premura y lo trajo de vuelta hasta el parquímetro, donde, finalmente, consiguió prorrogar su estacionamiento.

Este controlador de parquímetros, al que le habían advertido que no hablara con la prensa, comentó que las nuevas máquinas son «súper fáciles de utilizar» y que, además, repartieron folletines en mano a los transeúntes. Miguel no estaba tan de acuerdo con esta afirmación: «Nadie me explicó nada ni me dijeron qué tengo que hacer».

Un aparcacoches que trabaja en un restaurante próximo a la zona del estadio Santiago Bernabéu también se mostraba desconcertado con estos nuevos modelos. «Es un cacao y encima lo tengo que utilizar a menudo», se quejaba.

La indignación y el desconcierto se medían en partes iguales. Los había que apuntaban las matrículas de sus coches en su antebrazo, para que no les pasara lo que a E. D. y perdieran tiempo.

Otros hacían hincapié en lo mal diseñado que está la apertura donde recoger el ticket: «Antes la máquina te lo expulsaba, ahora tienes que meter la mano dentro del aparato, con el peligro que supone poder pillarte los dedos», se quejaba un usuario.

Luis, al tratar de pagar con su tarjeta monedero en un parquímetro nuevo de la calle Serrano, se topó con un «no se reconoce su tarjeta».

Tampoco corrió mejor suerte otro cliente que aseguró haber pagado desde la aplicación de su teléfono móvil. Afirmó que el pago no se les reflejaba a los controladores, por lo que fue multado, aunque más tarde recibido una carta de disculpas del Ayuntamiento Madrid.

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