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Éxtasis de insaciables

Logotipo de Notodo Notodo 12/12/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Éxtasis de insaciables" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Éxtasis de insaciables"

Una sensual joven, cara de loca lasciva y maquillaje corrido, balanceándose en un columpio sobre el patio de butacas. Otra mujer, de elegancia aristocrática y vestida rigurosamente de negro, sentada con inquietante rictus en un silla en el desnudo escenario. Y dos hombres, uno torso al descubierto y abrigo de estética pseudo-sado, y el otro excéntrico protagonista, bufón de la decadencia aristócrata, reciben al público en Réplika Teatro. El éxtasis de los insaciables se despliega sobre la escena. Un éxtasis que llega de la mano de Mikolaj Bielski (responsable de la potentísima Combate de negro y perros), en un crisol posmoderno basado en textos de Stanislaw Ignacy Witkiewicz, uno de los más prolíficos y controvertidos autores (y artista multidisciplinar) de la Polonia de Entreguerras.

Contraponiéndose al naturalismo y al simbolismo del momento, Witkiewicz defendía la Forma Pura, sugiriendo entre otros asuntos que una obra de arte pueda ser contemplada únicamente en las categorías formales, omitiendo por completo el contenido de esta obra. Olvidándonos por completo de todas sus relaciones con la realidad fuera del arte. Y el montaje dirigido por Bielski logra efectivamente que nos olvidemos de la realidad, y sumerge al espectador en una ceremonia teatral que entronca directamente con el Teatro de la Crueldad de Artaud. Una explosión sensorial en la que las reflexiones (sobre política, ética, estética, decadencia y más) lanzadas de una manera que casi llega al histerismo por el protagonista cohabitan con todos los recursos a su alcance para noquear al espectador. La función es un grito, desencajado y agudo, que taladra las barreras teatrales convirtiéndose en un espectáculo total y excesivo (más sugerente todavía por su minimalismo escénico).


El éxtasis de los insaciables presenta a un aristócrata esquizoide y delirante (extremo Raúl Chacón) que vomita sus teorías sobre la decadente existencia del ser humano actual mientras presenta a su desnaturalizada madre (exquisita e inquietante Socorro Anadón) una novia prostituta y demenciada (deliciosamente siniestra Eeva Karolina) que mantiene relaciones con otro aristócrata (imponente Malcolm Sitté) de forma paralela pero que es la horma del negro zapato del protagonista.

Entre el brutal uso de los elementos escénicos desplegado por Mikolaj Bielski destaca la atmosférica e hipnótica música en directo de ErRor Humano (Víctor Heitzmann, Salvador Liétor y Jacobo Márquez) y el atractivo diseño de iluminación que saca partido de un escenario prácticamente desnudo. Todo suma en la ecuación de una función en la que los personajes repiten cual mantra que “la inteligencia es síntoma de decadencia”. De sobra de los dos hay en este montaje. Un montaje con algunos de los momentos más desfasados e ininteligibles pero también de los más potentes y fascinantes que se pueden ver en este momento en un teatro. Un auténtica experiencia, verdadero descenso a los infiernos de la sociedad contemporánea, sobre todo si uno es capaz de dejarse arrastrar a su oscuro universo en el que las palabras a veces quedan perdidas en un maremagnum de impulsos.


El éxtasis de los insaciables: función inclasificable, un delirio en el que la brutal estética aniquila cualquier posibilidad de escapatoria de este asixiante universo. Un universo de estímulos continuos, gritos y cacofonías en el que el discurso del protagonista (en un anárquico continuum) llega al paroxismo bombardeando la corteza cerebral del respetable, seriamente perjudicado (para bien) por un despliegue estético y sombríamente exquisito que acaba en una cena muda en la que la aparente serenidad de lo normal esconde la locura interna de la pesadilla esquizo que se acaba de presenciar. El éxtasis de los insaciables, si bien a algunos les parecerá excesiva y carente de sentido, hará las delicias de los paladares más decadentes. Porque “La grandeza se encuentra solo en lo pervertido”.

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