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‘El joven Papa’ entra en el Vaticano

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 05/10/2017 Daniel Verdú
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Jude Law en el papel del papa Pío XIII, protagonista de El joven Papa' © Proporcionado por ElPais Jude Law en el papel del papa Pío XIII, protagonista de El joven Papa'

El sacerdote, un español con dificultades ya para recordar cuántos años lleva en el Vaticano, se detiene en el kiosko y pide un ejemplar de L’Osservatore Romano. Se chupa el dedo ínidice, pasa las páginas del periódico casi sin mirar y señala el texto del que estaba hablando. “Por supuesto que la hemos visto muchos”, responde sin levantar la vista de la doble página. Pero la cuestión es: ¿ha gustado?

La primera temporada de TheYoung Pope, la serie de Paolo Sorrentino sobre Lenny Belardo, un pontífice que bebe Cherry Coke Zero, fuma mirando las estrellas en una azotea del Vaticano, cita a Daft Punk y a Banksy e invoca provocadoramente la áspera ortodoxia preconciliar para recuperar el misterio de una espiritualidad tantas veces mancillada en llaveros e imanes de nevera, apareció el pasado domingo reseñada en el periódico de la Santa Sede. Es la primera vez que puede leerse un pronunciamiento intramuros de una serie que, pese al gusto de Sorrentino por deformar los escenarios y el rostro de sus protagonistas, no ha disgustado en el Vaticano. Es más, algunos, como el propio Giovanni Maria Vian, director de la publicación desde hace 10 años y prestigioso experto en historia de la Iglesia, la sitúan a la altura de las grandes obras como Las sandalias del pescador (1968) o El cardenal (1963), de Otto Preminger.

Las dos reseñas, firmadas por Juan Manuel de Prada y por la historiadora y directora del suplemento mensual del rotativo vaticano, Lucetta Scaraffia, llegan un año después de su estreno y repasan luces y sombras del periplo de diez capítulos de un cínico cardenal estadounidense que llega a Papa después de traicionar a su mentor con apenas 47 años. Un pontífice demasiado joven para casi todo. Pero, sobre todo, para que la naturaleza pueda enmendar lo que a todas luces parece un error del Cónclave.

Anthony Quinn en Las Sandalias del pescador.

La relevancia del debate la marca el lugar donde se produce —L’Osservatore se edita desde 1861 y puede tomarse, en mayor o menor medida, como una orientación para entender muchas posturas oficiales— y el momento elegido. Y como explica Vian, llega solo ahora para evitar su instrumentalización, que tiende a ser comercial. Cuando el periódico de la Santa Sede habla de una obra de arte o de un producto cultural es tentador buscar entre líneas la bendición o excomunión del Vaticano. Sucedió con otras películas —Habemus Papam, de Nanni Moretti, que no salió demasiado bien parada— o con obras musicales como las de los Beatles, con quienes siempre se fue favorable.

Pero aquí tocaba pronunciarse sobre Pio XIII (Jude Law en la serie), una criatura sorrentiniana con guiños a Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli, conocido como Pío XII, líder de la Iglesia durante los años más convulsos de Europa. Un Papa autoritario y narcisita que, cronológicamente, podría ser sucesor de Francisco, y que censura por completo la proyección de su imagen para no saturar el discurso espiritual. Pero como explica Scaraffia en su crítica del guion y pese a los histrionismos del personaje, no ha sido percibida como una serie contra el clero o la Iglesia.

El Vaticano negó el permiso a Sorrentino para rodar en su interior. Aunque la realidad es que nunca se concede. De lo contrario, como explica Vian –que acompañó al realizador napolitano por el laberitno y los jardines del Vaticano antes de empezar a rodar para que pudiera hacerse una idea de cómo era el escenario-, este pequeño territorio estaría ocupado 365 días del año por equipos de rodaje. El director del rotativo vaticano cree que la obra “tiene muchos menos errores de lo normal”. “Estamos a nivel de las grandes películas. Y casi diría que aquí está mejor reconstruido el interior del Vaticano. Es una película muy culta y refinada, hasta excesivamente”, señala.

Pero, ¿la ha visto Francisco? El Papa no ve la televisión y apenas se sienta a revisar algunas películas, según él mismo ha explicado. Pero lo han hecho abundantes sacerdotes, monseñores y algunos trabajadores del Vaticano consultados por este periódico. Hay reacciones de todo tipo. Especialmente amargas cuando la paciencia y el tiempo libre no han permitido ir más allá de la caricatura de los dos primeros capítulos. “Sorrentino ya advirtió que había que verla entera para juzgarla”, recuerda el director de L'Osservatore. Pero se valora el respeto por los detalles y la evidente fascinación de Sorrentino por el mundo eclesiástico —su secretario de Estado, interpretado por Silvio Orlando, es su máxima expresión—. “No le habrá gustado a todos, pero seguro que ha interesado mucho. Por eso hemos decidido darle tanto espacio”, señala Vian.

Porque nadie tiene ninguna duda de que The Young Pope, la historia de un pontífice que duda de la existencia de Dios, trata sobre la Iglesia y el Vaticano. Pero sobre todo habla de cómo uno de los hombres más poderosos de la Tierra se propone hacer una revolución de tintes autoritarios mientras descubre, completamente sobrepasado, que el único camino posible es el amor.

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