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“En lo cotidiano puede estar lo extraordinario”

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 30/09/2017 Manuel Morales
Fotografía de la serie 'La Chanca en color' (1962-1965). Esta imagen fue tomada en 1965. © CARLOS PÉREZ SIQUIER Fotografía de la serie 'La Chanca en color' (1962-1965). Esta imagen fue tomada en 1965.

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Nervioso, en algún momento conmovido, con ganas de huir de tanto halago de las autoridades, aunque no le dedican a uno un museo todos los días. El fotógrafo Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930), premio Nacional en 2003 y uno de los renovadores de la fotografía española en los años cincuenta, inauguró el pasado viernes, en la localidad almeriense de Olula del Río (7.000 habitantes), el centro que lleva su nombre y acoge su obra, formada por más de 20.000 negativos, diapositivas, documentos, carteles, libros, cámaras… Todo se digitalizará para ponerlo a disposición de expertos y aficionados. Es el primer gran museo monográfico dedicado a un fotógrafo español vivo. “Ni en sueños pensé algo así, no sé qué hago yo en un sitio como este. Aunque ahora mi obra me sobrevivirá. Ojalá esto sirva para incentivar la creación de un museo de la fotografía en España, un proyecto que prometió el ministro Javier Solana hace más de 30 años”, dijo el protagonista después de descubrir la placa conmemorativa del Centro Pérez Siquier.

Con una superficie de 500 metros cuadrados, el centro de Olula del Río, que dirige Juan Manuel Martín Robles, consta de cuatro salas, más un patio de otros 200 metros cuadrados con lo más destacado del medio siglo largo de trayectoria de Pérez Siquier, un autor para quien “la fotografía ha sido un impulso de vivir”. Este museo es fruto de la iniciativa privada. La Fundación de Arte Ibáñez Cosentino ha pagado los 300.000 euros que ha costado y, según sus impulsores, por el momento acoge poco más del 10% del legado del fotógrafo.

Casi todas las fotos que se exponen fueron tomadas en la provincia de Almería. Un mensaje a los que empiezan: “Para mí no ha sido necesario ir a países exóticos, ni fotografiar a gente de otras pieles. Me he mantenido fiel a mi tierra, en ella he conseguido imágenes con trascendencia. En lo cotidiano puede estar lo extraordinario”, destaca Pérez Siquier.

Una realidad dura se exhibe en la sala principal, que acoge una treintena de las fotos que Pérez Siquier tomó, en blanco y negro, de la barriada de La Chanca, en Almería, entre 1956 y 1962. Es su trabajo más conocido y el que le dio nombre en la fotografía española. Niños de ojos grandes, mujeres que acarreaban agua en cántaros y “la miseria de un espacio” del que quiso resaltar “la dignidad y sinceridad de sus gentes”. La sala contigua muestra su regreso a La Chanca, pero en color (1962-1965) con el objetivo puesto en las paredes encaladas, y su contraste con los tonos cálidos de objetos y ropas. Un pionero del color en la fotografía europea, como lo valoró Martin Parr.

Pérez Siquier cambió de registro con La playa (1972-1980), producción de la que se exponen unas 25 imágenes y que le situó en la fotografía internacional. Fue un recorrido por playas mediterráneas para capturar “fragmentos de los cuerpos de los turistas", las suecas, que sudaban al sol, maquilladas, “y no se extrañaban de ver a un tipo haciéndoles fotos de cerca”. Cuellos, bustos, espaldas… en tono irónico y colores pop.

'Roquetas de Mar', 1973.CARLOS PÉREZ SIQUIER

Rodeado de su familia: esposa, dos hijas y cinco nietos, Pérez Siquier, rememoró sus inicios, cuando su padre, un aficionado a la fotografía, instaló un cuarto para revelar en la buhardilla de su casa. “Él me prestaba la cámara, y pronto me di cuenta de que la fotografía era algo más que hacer amistades con chicas interesantes”, añade serio, como siempre que se pone socarrón. En 1956, con su amigo José María Artero, fallecido en 1991, lanzaron la revista Afal (Agrupación Fotográfica Almeriense), que sirvió para arrumbar el pictorialismo y la fotografía de salón y dar paso a nuevas corrientes.

Afal fue un sueño que duró siete años. “Pusimos en contacto a los autores inconformistas que, desde distintas regiones”, habían decidido documentar la realidad con una mirada neorrealista: Miserachs, Cualladó, Masats, Terré… Ahí comenzó Pérez Siquier una obra que, en sus palabras, se caracteriza por la “autenticidad, la intuición, y sin trucos… a cámara limpia”.

El patio al aire libre del Centro Pérez Siquier alberga su obra más reciente, la de la abstracción a través de motivos como un desconchón en una pared o manchas de pintura. Un camino que continúa en el libro que, anuncia, está preparando, La briseña, nombre tomado de su cortijo, en el que busca “luces, sombras y objetos”. Devoto diario de su gin tonic de las ocho de la tarde, Pérez Siquier ya ha avisado de que morirá “con las fotos puestas”, y tira de humor negro para expresar sus sensaciones de un día así: “Que se abra este museo me alegra por inaugurarlo en vida. Lo prefiero a un mausoleo, pues creo que nunca podré tener dos vidas como Dalí”.

Más de medio siglo con la cámara

Carlos Pérez Siquier nació el 14 de diciembre de 1930 en Almería.
Se aficionó a la fotografía viendo revistas y aprendió en el cuarto oscuro que su padre montó en casa.
Entre 1948 y1950 estudió fotografía en la Escuela de Artes y Oficios de Trabajó en un banco durante 30 años mientras desarrollaba su obra fotográfica.
En 2003, el Ministerio de Cultura le concede el Premio Nacional de Fotografía, y en 2013, PHotoEspaña le otorga el Bartolomé Ros a su carrera.

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