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“Hay que ser fuerte y valiente para aceptar la libertad”

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 01/10/2017 Gabi Martínez
Charlotte Wood, escritora australiana. © Wendy McDougall Charlotte Wood, escritora australiana.

La secretaria de un parlamentario, una estrella de la prensa rosa, una modelo... Son tres de las 10 jóvenes que protagonizan En estado salvaje (Lumen), la premiada y multitraducida novela de la australiana Charlotte Wood. Secuestradas por dos tipos repugnantes y su sumisa colaboradora, las chicas son recluidas en una remota finca con vallas electrificadas. La historia cuenta cómo los hombres someten y maltratan a sus rehenes. Cómo las mujeres se enfrentan a ello. “Partí de una historia real: en Nueva Gales del Sur, en los años sesenta, hubo una cárcel de mujeres donde castigaban brutalmente a las presas. A muchas las metían acusadas de vagas o por tener mal carácter”, dice Wood en el exclusivo bar para socios de la Art Gallery de Sidney, ciudad donde vive. Afuera hace un sol radiante que anuncia el final del invierno mientras los ibis picotean migajas de bocadillos escolares.

Pregunta. El clima de la novela es tan extremo como los hechos.

Respuesta. Es que soy de Cooma, un pueblo del interior. El clima es muy distinto del de Sidney. Crecí en la naturaleza, en el bosque, jugaba allí.

P. A sus protagonistas no las encierran por vagas ni antipáticas sino por famosas.

R. Al principio, una de ellas dice que quizá se trate de un reality. Quería un encierro más contemporáneo y con unos guardias igual de bestiales que en los sesenta pero que no saben manejar el enorme poder que les han dado sus jefes.

P. ¿Qué ocurre cuando descubren que de algún modo ellos también son prisioneros?

R. Hay un juego de equilibrios sobre quién tiene el poder. Algunas presas no asumen su papel y otras, lo aceptan. La misoginia no es solo cosa de hombres. La igualdad me obsesiona. En las sociedades ricas capitalistas la mujer está distraída con cosas tontas como los anillos, los perfumes... Hay muchas industrias dirigidas a ella y termina autocondenándose a perder el tiempo.

P. Usted se pinta los labios.

R. Y me tiño el pelo. Todos queremos formar parte de algo y, a la vez, ser diferentes. Pero es difícil cuando la sociedad pone límites tan estrechos. Así que, cuando me siento vulnerable, me pinto. Desafortunadamente, el libro no me ha curado de 50 años de cultura.

P. ¿En estado salvaje evidencia que algo está cambiando?

R. Las jóvenes están cambiando. Muchas me han comentado sus sensaciones después de leer mi obra. En Estados Unidos, Teen Vogue se está colocando en la primera línea de oposición a Trump.

P. Su novela tiene un trasfondo de lo más político.

R. Es que en Australia hay problemas muy graves. Aquí todavía estamos debatiendo si el matrimonio homosexual debe legalizarse; la relación con los aborígenes es desastrosa; el trato a los refugiados... ¡A los inmigrantes ilegales los están encerrando en auténticas cárceles!

P. Sorprende cómo la mayoría asume el encierro.

R. No piensan que puedan tener poder. Por otro lado, están en medio de ninguna parte. Si se rebelaran, ¿qué? Hay que ser muy fuerte y valiente para aceptar la libertad.

P. Hasta ahora había escrito novelas más bien...

R. ... Naturalistas, no muy políticas, pero este libro ha tenido mucho más éxito. Supongo que había algo muy profundo que pedía ser contado. Hay un momento en el que debes reaccionar. Aquella historia de las prisioneras maltratadas se combinó con el momento que estaba viviendo Julia Gillard, la primera australiana elegida primer ministro. Mientras gobernaba, padeció una discriminación sexista implacable, también de gente de su propio partido. Debo reconocer que hasta el año pasado pensaba que Australia era peor que Estados Unidos, pero desde la llegada de Trump, con todo eso que va diciendo de las mujeres...

P. En la novela aparece una Piedad, aunque el yacente es un canguro.

R. Está hecho muy adrede. La naturaleza es una fuerza redentora... que atraviesa un momento crítico.

P. ¿Es religiosa?

R. Crecí como católica aunque ahora no me considero creyente. De joven, el catolicismo me abrió a una posibilidad de misterio y una riqueza de imágenes, ritmos de lenguaje y cosas así que agradezco. Pero encuentro bastante terrible el culto en sí.

P. También recurre a referentes muy actuales. Por ejemplo, da una trascendencia insólita a canciones de Rihanna o Lady Gaga.

R. Las protagonistas son casi adolescentes, no tienen religión ni rituales ni canciones de consuelo, así que se apoyan en lo que conocen. Además, quería que la realidad golpeara al lector para indicarle que esos hechos como de ficción también forman parte de este mundo.

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