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“Hemos sido sumamente torpes con Cataluña”

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 25/09/2017 Miguel Ángel Noceda
Javier Vega de Seoane, presidente de Círculo de Empresarios. © Alvaro García Javier Vega de Seoane, presidente de Círculo de Empresarios.

En estas fechas se cumplen 40 años de la creación del Círculo de Empresarios, un think thank en el que se agrupan más de un centenar de empresas. Su actual presidente, Javier Vega de Seoane (San Sebastián, 1947), reclama reformas y evalúa el proceso catalán.

Pregunta. ¿Cómo ha cambiado España en este periodo?

Respuesta. La sociedad y la economía han progresado enormemente. Ha sido una etapa sin parangón en la historia de España. Sin embargo, el estado anímico era mucho mejor en 1977 que ahora. Entonces teníamos un proyecto colectivo, había ilusión, elementos que nos unían, porque queríamos libertad, democracia, entrar en Europa, modernizar el país, construir un Estado de bienestar… Y eso era compartido por todos los españoles. Ahora estamos desnortados, nos hemos quedado sin proyecto. No tenemos la energía positiva que movilizó a los españoles y vertebró un proyecto común con independencia de la ideología de cada uno.
Como no recuperemos un proyecto y una actitud de consenso, los augurios no son buenos.

P. ¿Cuándo se torció?

R. Es constatable que cada nueva camada de políticos ha sido de peor calidad. El promedio va en deterioro porque la política se ha convertido en algo profesional, los políticos han perdido contacto con la realidad social y se concentran en ganar las próximas elecciones. Han hecho mal los deberes. Y, encima, cuando la sociedad se ha hecho más transparente, han salido a la luz comportamientos poco edificantes que les ha llevado a un descrédito mayor.

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P. Coinciden estos 40 años con el proceso catalán. ¿Entre esos deberes incluye este asunto?

R. Casi nadie pensaba que íbamos a llegar adonde estamos llegando. Algo hemos hecho mal cuando un porcentaje muy alto de catalanes se quiere ir de España. Y, particularmente, en el tratamiento emocional de los temas de Cataluña. El factor desencadenante fue el fiscal, pero con independencia de ello, había un caldo de cultivo al que los independentistas han echado leña oportuna y astutamente. Hemos sido sumamente torpes. Esperemos que no se pierda el control.

P. ¿Qué hay que hacer?

R. Nosotros pensamos que la prioridad ahora es defender el Estado de derecho por encima de todo. Exigimos a los poderes públicos que se cumpla la ley. Cuando estemos en el día después y tengamos una situación más tranquila, habrá que hacer autocrítica y corregir comportamientos. Tendremos que recomponer las cosas co más sensibilidad y más consideración con aquello que en Cataluña se valoran mucho y aquí poco, como su lengua, la fiscalidad y la inversión pública.

P. ¿Por ejemplo?

R. Según mi opinión, que no es la del Círculo, hemos tratado mal la lengua catalana, que es patrimonio de todos. Si los catalanes hubieran percibido que todos los españoles queremos defender su lengua, la situación no habría ido tan lejos. Otro tema es el fiscal, en los últimos 40 años la brecha entre ricas y pobres sigue siendo la misma. Tendríamos que recomponer el sistema manteniendo el principio de ordinalidad y siendo muy solidarios, pero exigiendo reformas y planes para que vayan dejando de recibir ayudas. Hay un tercer elemento que son las inversiones públicas, en las que Cataluña ha recibido un porcentaje más bajo de lo que le corresponde a su peso en la economía.

P. A su juicio, ¿cómo se están comportando las empresas?

R. Con mucha inquietud, especialmente las catalanas. Hay una esquizofrenia entre la razón y el corazón. A los empresarios les horroriza que sus gobernantes no cumplan la ley y pidan al pueblo que la incumpla. Cuando estás en ese ambiente, gente de orden como los empresarios, que quiere estabilidad, se siente muy incómoda. Incluso algunos que abrazaban la causa se han desmarcado.

P. ¿Tiene datos?

R. Calculamos que habría una pérdida del 15% de posición competitiva. Objetivamente, esa situación expulsaría a muchas empresas. Hay cálculos de que el proceso supondría una pérdida de entre el 20% y el 30% del PIB catalán. Muchas inversiones previstas están retenidas, y el consumo se está desacelerando, lo que es un indicio de que la gente tiene miedo, y eso va tener un impacto en la economía.

P. ¿Cree que la posición de la patronal ha sido ambigua?

R. Yo creo que cuando Juan Rosell [presidente de la CEOE], que es una persona inteligente y muy bien informada, hizo unas declaraciones, que fueron ambiguas y se pueden interpretar de muchas maneras, estaba pensando en el día después porque cuando pase el lío habrá que recomponer las cosas. Tener un presidente de la patronal que sea catalán es muy positivo para ello.

P. ¿Qué otros deberes han dejado de hacer los políticos?

R. El más importante es la educación, porque de ahí parte el resto. En un mundo en el que la economía está cada vez más conectada con el conocimiento y la innovación, si no se tiene una buena base de educación es imposible que podamos proyectar una España de calidad y competitiva. El sistema produce unos jóvenes con formación insuficiente y desconectada con lo que se demanda en el mercado. Además, pedimos una reforma del mercado laboral que genere más flexibilidad y acabe con el mercado dual, que hace que los empresarios no inviertan en formar trabajadores y estos no se comprometan con la empresa. Y el sistema de pensiones, por otra parte, no es viable. Alguna vez hay que tomárselo en serio y poner en marcha un sistema de capitalización complementario que puede ser público o privado.

P. ¿Se les hace caso?

R. Se nos oye porque pegamos voces, pero se nos escucha poco.

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