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“Los árabes no esconden a su padre cuando chochea”

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 28/09/2017
SOPFIA AZZEDINE ESCRITORA CONTRA AMIGUET Y PARA CULTURAS 19-9-2017 FOTO KIM MANRESA © Image LaVanguardia.com SOPFIA AZZEDINE ESCRITORA CONTRA AMIGUET Y PARA CULTURAS 19-9-2017 FOTO KIM MANRESA

Cuando presentó Confesiones a Alá no había terrorismo islamista...

Claro que había, pero no en Barcelona o París: lo sufría sobre todo el mundo árabe, pero... ¿cuál es su pregunta?

Iba a preguntarle si ese terrorismo ha cambiado su sentido del humor literario.

Esos ataques me han devastado, como a todos, pero no creo que sólo haya una respuesta religiosa para explicarlo, sino también y sobre todo política.

¿Cuál?

Sólo soy novelista, pero sé que esos jóvenes vivían como nosotros, como occidentales, antes de convertirse en asesinos y no creo que la razón de su cambio sea la religión.

Pero sus heroínas aún se enfrentan al destino con sentido del humor.

Es lo único que les queda. Su ironía y la religión, el islam que vuelven a hacer suyo después de que se lo hayan arrebatado.

Usted es francomarroquí: ¿viaja mucho a su país? ¿Le gusta lo que ve allí?

Mis padres viven ahora en un oasis en el ­Sáhara Oriental. Y llevó a mis hijos allí desde Francia porque quiero que estén orgullosos de algunos de los valores de esa cultura. Aunque ahora dé miedo a mucha gente.

¿Cuáles?

Oiga, no voy a idealizar ahora ni Marruecos ni el mundo árabe, porque no tiene nada de ideal, pero sí conservan algunos valores universales que nosotros ya hemos perdido.

¿La familia?

Sí, pero aceptan todo en la familia, no sólo la parte bonita y agradable y cómoda y fácil, como hacemos en Occidente.

¿Cuál es la fea?

Aquí idealizamos a los bebés y los niños, y allí no. Los bebés son fáciles de querer, pero no te enseñan nada. Son una página en blanco. En cambio, los árabes respetan y dan atención y cariño también a los ancianos, de los que sí puedes aprender.

¿Aquí no?

Aquí escondemos a nuestros viejos cuando chochean o se ensucian. En cambio, los árabes no los dejan en manos de empleados para despreocuparse de ellos; al contrario: ponen a sus ancianos en el centro de sus comidas familiares y los acompañan con orgullo hasta la muerte sin esconderlos.

Habrá de todo en todas partes.

Pero aquí sólo queremos la dulzura, la felicidad y la facilidad de la vida, y nos avergüenza la degradación de la vejez, aunque también sea parte irrenunciable de la existencia sin la que esa felicidad almibarada de serie de televisión resulta insulsa y vacua.

¿Usted trata con cariño a sus padres?

Es que no hablo sólo de los míos. En mi pueblo del Sáhara se cuida a todos los ancianos hasta el final y son escuchados con atención y queridos. No nos dan vergüenza.

¿Y sus hijos captan ese respeto?

Una vez llevé a mi hijo de cinco años a visitar a una anciana moribunda vecina nuestra. Tosía y se desangraba, y el niño se asustó. Pero, poco a poco, se fue interesando por ella y empezó a comprender que la vida no sólo era jugar y divertirse. También fue integrando la muerte y el sufrimiento en ella.

Supongo que eso es crecer y madurar.

Y los abuelos que agonizan no se ocultan: mueren en casa rodeados del cariño, el reconocimiento y la aceptación de todos. Y en todas las celebraciones los ancianos son el centro; nadie los envía a asilos y residencias.

Pero aquí las mujeres son más libres.

A mi entender, la protagonista de mi historia, Bilqiss, es más libre en un país islamista que muchas mujeres aquí, que creen vivir una especie de falsa libertad, pero que, sin embargo, sufren la opresión de unas exigencias imposibles de satisfacer...

Porque las asumen: no se las imponen.

Pero han de ser guapas, jóvenes siempre, sensuales, madres, putas... Todo a la vez. Y, al final, se obligan a sí mismas a vivir en una prisión de autoexigencias estresante.

Siempre pueden decir no a ser todo eso.

Pero esa libertad no las hace más libres, sino más desgraciadas. Se sienten obligadas a operarse una y otra vez: se estiran la cara, se hacen liposucciones, se ponen pechos y se torturan en el gimnasio y con el no comer.

Oiga, a Bilqiss le ponen el burka.

Y eso también es opresión, por supuesto, pero: ¿qué mujeres son más libres?

No veo aquí ganas de irse a Afganistán.

Pues yo creo que Bilqiss, cuando se rebela y durante el juicio contra ella, es más libre que esas mujeres perfectas.

He leído que usted apenas sale de casa.

Prefiero estar con mis hijos en mi hogar, pequeño y sencillo, pero donde me siento libre.

¿Se siente tan libre entre paredes?

Así puedo gestionar, por ejemplo, mi atención. No sigo la actualidad al ritmo que me quieren imponer.

¿Es usted objetora de atención?

Creo que el poder nos somete al ritmo agobiante de las noticias que él decide, así que yo me niego. Sigo la información, pero sólo al ritmo que me permite interpretarla y reflexionar, y no al que quieren los políticos. Para poder entender lo que pasa y lo que pasará y saber qué piensas hay que dejar pasar el tiempo; no perseguirlo.

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