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“No hay más solución que una seria redefinición de la relación España-Catalunya”

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 29/09/2017

La amarga victoria de Merkel el pasado domingo debería servirnos de advertencia sobre el futuro que nos aguarda. Que el PSD y la CDU hayan obtenido los peores resultados de la historia de la república dice mucho sobre el auge de la marea populista. Tras el Reino Unido, Holanda, Francia y los países del Este, lo acaecido en Alemania confirma su ascenso, al tiempo que dota a Berlín de una nueva, y trágica, normalidad: fraccionamiento partidario e irrupción de partidos xenófobos, antieuro y anti-Europa.

Hace poco, el ex primer ministro francés Manuel Valls afirmaba que una solución traumática de la tensión Catalunya-España (en su visión, la independencia) amenazaba al corazón del proyecto europeo. No quisiera entrar en sus razones, aunque sí destacar su alarma. Fue la primera vez que he podido escuchar, de alguien relevante en la Unión Europea, algo que me ha preocupado desde que el conflicto adquirió su actual vi­rulencia.

Porque, se mire como se mire, el auge del independentismo catalán es otra expresión de ese tsunami de creciente insatisfacción social. En particular, con unas elites que no tienen proyecto: ni para hacer frente a los temores de los más jóvenes sobre su futuro, ni para atender a las angustias de los mayores sobre sus pensiones. La globalización, el cambio técnico y el envejecimiento parecen, en su actuación, realidades imposibles de abordar. En el caso catalán, y para un muy importante sector de su sociedad, la demanda de mayor soberanía traduce, justamente, la necesidad de dotarse de instrumentos de estado para hacer frente a aquellos retos.

El domingo por la noche, tanto Madrid como Barcelona proclamarán victoria. Desde el Partido Popular, porque habrá abortado, aunque sea sólo parcialmente, la ­celebración del referéndum; desde la Generalitat, porque habrá conseguido una gran movilización en favor de la autodeterminación.

Y el lunes, ¿qué hacer? En el marco de una Europa que se nos deshace, la propuesta de declaración unilateral de independencia es insensata: si se cumpliera de forma efectiva, ni el euro ni la Unión Europea que hoy conocemos aguantarían, y las consecuencias económicas para Catalunya y España serían, simplemente, devastadoras. También es insensato postular que lo único que hay que hacer es cumplir la ley: aunque desde Madrid no se quiera reconocer, los problemas conti­nuarán.

Hoy por hoy, no hay más solución que la de una profunda redefinición de las relaciones Catalunya-España. Pero las apuestas han sido tan altas, las humillaciones tan profundas y tan severos los desencuentros, que todo apunta a un conflicto sin ­solución inmediata. Aunque del hecho de que no sea posible solventarlo no debería deducirse que no sea imprescindible. Porque si de estos polvos del choque catalán acaban emergiendo los lodos de una nueva crisis en Catalunya, España y Europa, la responsabilidad será, junto a la de los gobiernos de Barcelona y Madrid, de todos nosotros. Buenas noches, y buena suerte.

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