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“Todo el mundo me pide una secuela de ‘Cuando Harry encontró a Sally’, pero Trump me interesa más”

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 04/10/2017 Héctor Llanos Martínez
Rob Reiner, durante su rueda de prensa en Zúrich. © Andreas Rentz Rob Reiner, durante su rueda de prensa en Zúrich.

Rob Reiner (Nueva York, 1947) es hombre afable. Sus continuas bromas y su sonora carcajada lo desvelan en cuestión de minutos. Pero ahora está enfadado. El mismo que creó hace justo 30 años la fantasía de Laprincesa prometida y le puso psicología y humor inteligente a la comedia romántica en Cuando Harry encontróa Sally (1989) esta lleno de ira. En los últimos tiempos, los asuntos políticos obsesionan al actor y director neoyorquino porque, en realidad, lleva enfadado desde 2003. La razón es la misma que todavía resuena en la memoria colectiva de los españoles. Ese año, la Administración Bush aseguró que iniciaba la Guerra de Irak por culpa de las armas de destrucción masiva que poseía Sadam Husein. Su nuevo filme, Shock and Awe, se proyecta por vez primera en Suiza y se centra en un reducido grupo de periodistas que demostró la escasa veracidad del asunto. “Además de rabia, siento una enorme frustración”, matiza el cineasta en Zúrich, cuyo festival de cine premia al estadounidense por su medio siglo de carrera. “Mi país estaba a punto de hacer algo horrible y terminó haciéndolo. Era como ver a tu propio hijo a punto de ser atropellado en la calle y no poder salvarlo”.

Cuenta que, a pesar de leer casi una decena de periódicos estadounidenses a diario, no encontraba en ellos lo que estaba buscando. Sí lo hicieron las crónicas publicadas por el desaparecido grupo de comunicación Knight-Ridder. Woody Harrelson y Tommy Lee Jones encarnan en la película a algunos de los responsables de esas aisladas informaciones. “Nos habíamos metido en una guerra basándonos en una mentira, como ocurrió en Vietnam y está gente fue la única capaz de contarlo con veracidad”, defiende. Su gesta fue tan poco reconocida, que el director no se enteró de la existencia de estos periodistas hasta que años después vio un documental sobre su trabajo. “Pensé en hacer una sátira sobre ello, que quizá pegaba más con el tipo de películas que había hecho antes. Algo al estilo de Teléfono rojo, volamos hacia Moscú. No funcionó, así que busqué otra forma”, recuerda. Esa alternativa, inusitadamente sobria, le ayudó a liberar parte de esa rabia acumulada.

“El resto de medios no fue capaz de hacer su trabajo por la sombra del 11-S. Temieron dejar de ser patriotas en un momento y tampoco querían perder influencia en los círculos de poder”, dice. Y de esa polvareda mal relatada que se levantó en Irak llegan los actuales lodos en forma de fake news, que “han encontrado un importante hueco en medio de todo este lío”, opina el cineasta. El cabreo de Reiner se extiende hasta nuestros días: “Que los grandes periódicos siguieran sin hacer su trabajo, mostrando a las claras al lector quién es Donald Trump, nos ha llevado a la situación en la que estamos. Puede que en principio creyeran que el tipo no iba a ir muy lejos, pero llegó un momento en que debían haber priorizado la verdad”.

En este premio honorífico que el director recibe en Zúrich engloba una de las filmografías más heterogéneas de Hollywood. Se metió a actor en los años 60, a pesar de alargada presencia de su padre, Carl Reiner, un icono de la comedia clásica con 9 emmy en su haber. Años después, se atrevió con la dirección. Tras la cámara fundó las bases del documental-rock siguiendo con su cámara a Spinal Tap en 1984, firmó Misery (1990), una de las adaptaciones de Stephen King más celebradas, y convirtió a River Phoenix en una estrella juvenil en Cuenta conmigo (1986). Pero en los últimos tiempos, Reiner se siente obsesionado por desarrollar proyectos con marcado tono político. El año pasado recurrió también a Woody Harrelson para construir la biografía de Lyndon B. Johnson, el hombre al frente de la Casa Blanca durante la Guerra de Vietnam. Y no descarta inspirarse en el actual presidente estadounidense para la próxima. “Todo el mundo me lo sugiere últimamente. También llevan toda la vida pidiéndome una secuela de Cuando Harry encontróa Sally, pero es una historia que ya he contado. Trump me interesa más. También hay un asunto que me llama la atención: cómo los realities show afectan a nuestras vidas. Yo lo llamo la kardashización de Estados Unidos. Tiene su mérito que las Kardashian hayan montado un imperio de la nada, pero también da que pensar. La fama como logro vital… da para una película maravillosa”, comenta convencido.

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