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'¡Oooolé, oooolé'

El Mundo El Mundo 14/06/2014 EDUARDO J. CASTELAO

Hubo algo de presagio en la imagen de Iniesta, con los ojos cerrados y la cabeza gacha en el túnel de vestuarios justo antes de iniciarse el Mundial. Pero había algo en esa pose, en esa actitud, que no terminaba de cuadrar. El futbolista español más talentoso, la piedra angular de una hipotética segunda estrella -hoy más hipotética que nunca-, cerraba los ojos y agachaba la cabeza.

Hora y media después, en un proceso de imitación involuntario, copiaron el gesto los poco más de 5.000 españoles que había en la grada, estupefactos ante lo que estaban viendo. Estupefactos y mojados, porque claro, en noches como la de ayer nada sale bien y, al margen del agua en el campo, cosa de Holanda, hubo también agua en la grada, cosa del clima de Salvador, donde hace un calor del demonio pero donde, de vez en cuando, el cielo alivia con un chaparrón de primera.

© Proporcionado por elmundo.es

Agacharon la cabeza porque lo de la segunda parte fue doloroso. Doloroso para ellos, se entiende, porque la mayoría del público se lo pasó requetebien. Los holandeses, obvio, pero sobre todo los brasileños, mayoría en el Arena Fonte Nova de Salvador de Bahía, un estadio sitiado, por cierto, al que ya desde primera hora se hizo muy difícil llegar, con los primeros controles policiales a más de un kilómetro del recinto -sin acreditación, por ahí no se podía pasar, así que hubo muchos paseos-. Esos paseos, luego, le supieron a gloria al público local, que terminó burlándose de la campeona del mundo mientras . '¡Ooooolé, ooooolé!', coreó la grada una vez, y otra, y otra más, provocando la rabia de Torres, y de Pedro, desesperados apurando la última gota de orgullo. Los brasileños tienen en sus peticiones al cielo a España -al cielo se le puede pedir lo que sea-, y ayer vieron muy cerca la opción de quitarse de encima al rival que más temen.

Aplaudió el estadio a rabiar cada uno de los goles holandeses, que iban cayendo uno detrás de otro como las campanadas de Nochevieja -y no llegaron a 12 de milagro-. Una pareja con la camiseta de Silva apoyaban sus cabezas con el 4-1 y en la grada sonó una carcajada burlona. Les salió la noche redonda a los hinchas de la canarinha, que antes de corear los pases de Holanda, en el último tramo, se divirtieron mucho burlándose de Diego Costa. El delantero hispanobrasileño fue el protagonista de todo lo que ocurrió hasta que Robben puso por delante a los suyos. La primera patada que recibió el -todavía- delantero del Atlético, obra de Vlaar, fue saludada con una tremenda ovación. Después, un abucheo brutal en cada balón que tocó, y el colmo fue cuando la gente empezó a transmitirse la una a la otra que no había sido penalti la jugada que terminó con el primer gol, y único, de España.

Fue en ese instante cuando todo el estadio comenzó a cantar. '¡Diego, viado; Diego, viado!', que significa, escrito así a lo bruto, 'Diego maricón, Diego maricón', como bien se encargó de explicar un periodista brasileño, que también sonreía como sin querer queriendo. El caso es que el hipanobrasileño se marchó del campo cumplida la hora de partido entre una pitada monumental. En ese momento ya iba perdiendo España y en Salvador de Bahía, los dueños de los bares de Río Vermelho seguramente ponían a enfriar más cervezas de las que se consumieron en la noche del jueves, cuando la gente celebraba la victoria de Brasil sobre Croacia.

Cuando Rizzoli pitó, hubo un estallido de júbilo mientras los jugadores de la selección desfilaban como podían, con cara de no haber asimilado aún lo que había pasado. Mientras, Holanda daba una vuelta al césped como si hubiera ganado un trofeo -meterle cinco a la campeona mundial probablemente lo sea-, los futbolistas y Del Bosque se rascaban la cabeza buscando razones para explicar la mayor derrota de la selección en el inicio de un Mundial.

¿Habrá revolución contra Chile?, le preguntaron a Vicente del Bosque nada más terminar. 'No. Ahora vamos a tranquilizarnos, e igual que hemos sabido ganar espero que ahora sepamos perder', explicó el técnico, cariacontecido como todos, como Casillas, al que tras el fallo en el segundo gol de Van Persie, un fallo grosero, el mundo se le vino en cima y puso esa cara que pone últimamente cuando falla, como si tuviera que pedir perdón.

'Poco se puede decir. Poco... Poco se puede decir', acertó a balbucear Iniesta, también golpeado, como todos, heridos en lo más profundo de su orgullo, cabizbajos y silenciosos camino del aeropuerto, buscando rápido su refugio de Curitiba.

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