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¡Quiero hablar con el alcalde!

EL PAÍS EL PAÍS 02/06/2014 Jordi Mumbrú Escofet
Xavier Trias, alcalde de Barcelona, en un pleno del Ayuntamiento de Barcelona. © ALBERT GARCIA Xavier Trias, alcalde de Barcelona, en un pleno del Ayuntamiento de Barcelona.

Los vecinos lo saben. Cuando tienen un problema con el concejal del distrito y parece que se han agotado todas las vías para el acuerdo, toca movilizarse. Pero antes, queda una puerta abierta: la del despacho del alcalde.

El alcalde de Barcelona, Xavier Trias (CiU), recibe constantemente a vecinos, asociaciones y plataformas ciudadanas. No todos salen de su despacho victoriosos, pero muy a menudo, el alcalde es capaz de desencallar la situación, sorprendiendo incluso a sus interlocutores. “Trias es claramente una persona muy pragmática y si ve que se puede ahorrar un conflicto, intentará ahorrárselo seguro”, explica Lluís Rabell, que como presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) ha tenido que negociar con Trias en varias ocasiones. “Es como si él, desde arriba, hiciera la función de Napoleón Bonaparte”, añade.

El caso más reciente que demuestra la eficacia de reunirse con el alcalde es el de la Federación de Entidades La Harmonia, en Sant Andreu. Este colectivo llevaba ocho años reclamando una nave industrial de la Fabra i Coats para convertirla en un centro autogestionado y abierto a todas las entidades que lo requieran. En las últimas semanas, las relaciones con el concejal del distrito, Raimond Blasi (UDC), se habían deteriorado y mientras el colectivo amenazaba con llevar la decisión de no cederles el espacio a los juzgados y con ocupar la nave, el mandatario respondía enviando a los agentes antidisturbios de la Guardia Urbana a la puerta de la Fabra i Coats para impedir la entrada. Cuando todo parecía bloqueado, los vecinos lograron la reunión con el alcalde. “Le entregamos la propuesta, se la miró, dijo que le gustaba y que, tras un acompañamiento del distrito, la gestión sería nuestra”, explicó satisfecho Ferran Verdaguer, miembro del colectivo.

Los vecinos de Sant Martí tuvieron una experiencia similar. Primero consiguieron convencer al alcalde Trias para que comprara el edifico de la Flor de Maig para permitir que las entidades lo pudieran seguir gestionando. “El primer paso fue ocupar el espacio, después nos reunimos con el alcalde y el siguiente paso fue que el Ayuntamiento anunció la compra del edificio”, explica orgulloso Pere Nieto, del colectivo Fem Rambla. Tras descubrir el filón, los vecinos del Poblenou volvieron a llamar a la puerta del alcalde para desencallar otro conflicto: la transformación de la Rambla del Poblenou. El concejal del distrito, Eduard Freixedes, había empezado la reforma de un tramo de esta vía sin haberlo pactado con los vecinos. Ellos salieron a la calle para frenar las obras, suspender la reforma y empezar un proceso de participación en el barrio sin precedentes. Las relaciones entre las dos partes se complicaron cuando el concejal organizó un proceso participativo en paralelo y anunció que adjudicaría las obras sin tener en cuenta el proyecto vecinal. La situación no paraba de tensarse. Los vecinos contaban con el aval de un proceso en el que participaron más de mil personas. El concejal tenía el mando y defendía su propio proceso. “Conseguimos una reunión con el alcalde y desde entonces Desde su punto de vista “el Ayuntamiento ha entendido que era necesario pararlo todo y sentarse a negociar”.

En Nou Barris hay ejemplos parecidos. También en este distrito las relaciones entre los vecinos y la concejala, Irma Rognoni, están muy deterioradas y el alcalde ha tenido que reunirse con los vecinos y acabar desbloqueando medidas importantes, como las becas comedor.

El portavoz vecinal Lluís Rabell está convencido de que esta situación se crea “porque los concejales están demostrando muy poca cintura y poco nivel político”, con solo alguna excepción. La Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona y algunos partidos de la oposición se muestran muy críticos con algunas decisiones del alcalde porque están convencidos de que responden a la presión de los lobbies, como la reforma de la Diagonal a medida de los comerciantes, la transformación del Port Vell en un puerto de lujo o la autorización de que se abran hoteles en Ciutat Vella.

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