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«El sudor inglés», la misteriosa enfermedad que asolaba a los ricos y desapareció de la historia

ABC ABC 06/08/2015 César Cevera
Panel de peste con el triunfo de la muerte que eran usados en el norte de Europa para advertir de la llegada de una epidemia. © Diario ABC Panel de peste con el triunfo de la muerte que eran usados en el norte de Europa para advertir de la llegada de una epidemia.

El sudor inglés mató a Arturo Tudor en 1502, el hombre llamado a reinar en Inglaterra junto a la española Catalina de Aragón, que, descartando volverse a España con los Reyes Católicos, contrajo años después matrimonio con el hermano del fallecido, Enrique VIII. Además de al posterior matrimonio, dificultoso hasta el punto de causar la escisión de la Iglesia Católica, la española sobrevivió a la misteriosa enfermedad que fulminó a su marido adolescente y que los médicos nunca han sabido identificar. El sudor inglés, que saltó de país en país con un comportamiento extraño, no se había conocido antes de 1485 ni volvió a conocerse después de 1552. ¿Se la llevó el viento?

También llamado «sudor anglicus» o «pestis sudorosa», «la enfermedad Inglesa del Sudor» contaba con unas características poco corrientes. No atacaba a los bebés ni a los niños pequeños, y sus víctimas eran, mayoritariamente, varones jóvenes, sanos y fuertes de buena posición económica. Los síntomas podían confundirse con un proceso gripal (palidez, debilidad, estremecimiento, frío y accesos de fiebre), salvo porque pasados solamente uno o dos días: el sujeto o moría o mejoraban de forma casi inmediata. El sudor excesivo también era otro de sus rasgos de identidad, de ahí su nombre.

La enfermedad estuvo estrechamente vinculada a Inglaterra, lugar de su origen y donde se registraron cinco oleadas durante los siglos XV y XVI antes de desaparecer sin dejar rastro. Sin que se conozcan datos sobre el punto donde se originó, las primeras referencias aparecen en una epidemia que en el año 1485 afectó a la flota que transportaba a las tropas del Duque de Richmond en el contexto de la guerra de las Dos Rosas. La epidemia se extendió por toda la flota y después a su llegada a los puertos ingleses contagió pueblos y ciudades. Lejos de propagarse entre los más débiles y mal alimentados, la enfermedad se focalizó en las clases sociales altas y medias: los primeros en morir en Londres fueron el Lord Mayor (el alcalde) y sus concejales. Lo más sorprendente es que, según las crónicas, esta primera epidemia no tuvo su réplica en ningún otro rincón de Europa, ni siquiera en los vecinos territorios de Escocia e Irlanda. Entre el mito y la realidad, se llegó a sostener que ningún extranjero residente en Inglaterra fue contagiado por el extraño sudor, que persiguió a los ingleses hasta Francia como si se tratara de una plaga bíblica teledirigida contra ellos.

Pero además de selectiva, la epidemia destacó sobre todo por su alta letalidad: algunas ciudades inglesas perdieron más de un tercio de sus habitantes. Los síntomas, no en vano, eran muy distintos a la otra enfermedad conocida, la peste bubónica, capaz de provocar tantas muertes en tan poco tiempo. Con la misma celeridad con la que había llegado, «el sudor inglés» se marchó de forma inesperada y no volvió a aparecer hasta una década después. A las oleadas que asolaron de forma periódica Inglaterra, les siguió una en 1528 que dio finalmente el salto al continente europeo, pero sin dejar un rastro lógico. Afectó primero a los franceses, luego a los alemanes donde provocó más de un millar de muertes en una semana, y desde allí se extendió a Suecia, Suiza, Dinamarca y Noruega, Lituania, Polonia y Rusia, Bélgica y Países Bajos. En cada lugar la infección no duró mas de un par de semanas, y antes de finalizar el año había desaparecido, excepto en el este de Suiza, donde permaneció hasta el año siguiente. La epidemia también golpeó a los turcos que en ese momento, en 1529, mantenían bajo asedio la ciudad de Viena, siendo uno de los principales motivos de que tuvieran que retirarse sin conseguir finalmente su objetivo.

Después de 1552, no se volvieron a registrar más brotes con ese nombre. Todavía hoy está plagado de interrogantes para los expertos en epidemias qué tipo de enfermedad fue, aunque se ha conjeturado con varia causas posibles como algún tipo de gripe o por un hantavirus que provocaba afecciones pulmonares graves. En caso de ser un hantavirus pudo ser transmitido o por roedores o simplemente por la transmisión directa de persona a persona. La idea de que solo afectara a ingleses está completamente descartada y pertenece al mundo de los mitos. También las causas que originaban la enfermedad son objeto de especulación, pudiendo ser culpa de las aguas residuales y de la falta de higiene, lo cual explicaría que se propagara sobre todo a los núcleos urbanos y, en consecuencia, a personas de altos recursos económicos.

Por su parte, el hecho de que se focalizara especialmente en sujetos sanos no resulta tan inusual. La gripe A, que sembró el pánico a nivel mundial en 2009, tuvo su mayor incidencia entre jóvenes y adultos sanos. Según un artículo publicado en 2012 por un grupo de investigadores estadounidenses y argentinos en la revista «Nature Medicine», la explicación estaría en que los adultos sanos que murieron durante la pandemia lo hicieron por daños en el pulmón, provocados por una exagerada reacción de su sistema inmune. Los afectados tenían anticuerpos preparados para defenderse de otros virus gripales aunque ineficaces contra el H1N1. La respuesta de estos anticuerpos no protectores frente al nuevo virus provocó una cascada de reacciones incontrolada que terminó en un ataque directo a los pulmones.

Así y todo, entre 1718 y 1861, la enfermedad conocida como «Picardy sweat», por tener su origen en esta región de Francia, se extendió por Italia y Alemania con unas características parecidas al «sudor inglés», aunque afectaba durante un período de una a dos semanas y era menos mortal, además de ir acompañada de una erupción cutánea.

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