Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

¿Empieza de verdad la recuperación?

EL PAÍS EL PAÍS 08/06/2014 María del Carmen Gallastegui

Después de tanta pérdida de empleo, de riqueza, de bienestar, después de esta crisis tan larga y dolorosa, esta semana hemos tenido buenas noticias. Por un lado, la evolución de los mercados de trabajo en España y en Euskadi y por otro, el paquete de medidas del Banco Central Europeo (BCE).

Los datos indican que se ha creado empleo, ha bajado el paro, ha aumentado el número de afiliados a la Seguridad Social y se ha experimentado un aumento generalizado en el número de trabajadores autónomos. Y todo esto está muy bien, aunque estamos lejos de alcanzar la situación a la que aspiramos; una situación ideal, llamémosle de “pleno empleo” en la que todos los que deseen trabajar, y busquen activamente empleo, puedan hacerlo o una situación normalizada en la que la tasa de paro sea soportable, (no más del 6-7%). Me temo que no podemos esperar que esto ocurra de forma rápida ni que necesariamente se logre por la inercia de los mecanismos económicos. Para conseguir que los jóvenes y los mayores de 45 años que están buscando un puesto de trabajo lo encuentren es preciso asegurar que las estructuras económicas generen incentivos que empujen a los consumidores, empresas, sector público y sector financiero en la dirección adecuada. Todavía estamos lejos de conseguirlo; hay muchos factores en juego y muchas instituciones que deben funcionar con acierto, desde las más cercanas hasta las europeas.

Por eso, precisamente, me ha gustado, la actuación del BCE. No tanto porque crea que las medidas concretas, que son acertadas, puedan influir decisiva y rápidamente en la reactivación que anhelamos sino porque es una señal de que el BCE se ha “asustado” y empieza a actuar tratando de evitar cualquier amago de deflación y ayudando a que el dinero llegue a las empresas y a los ciudadanos a precios bajos. Ahora sólo falta que la demanda de crédito solvente despegue con más fuerza. La señal, que llega de Europa, de que la austeridad no puede ser la única receta es alentadora.

La lucha contra el fraude y la corrupción son fundamentales y urgentes como lo es el análisis en detalle de algunas ideas que se van aceptando como correctas sin serlo. Algunas de ellas surgen fruto de la comprensible desesperación de mucha gente que lo está pasando mal pero no necesariamente tienen que ser acertadas. Al estar situadas en un extremo no van a servir para conseguir una economía bien fundamentada. Es normal que en situaciones críticas nuestras opiniones sean más extremas. Pero hay que saber reconocerlo y no generalizarlas. Hay ejemplos ilustrativos de este tipo de creencias generalizadas. Utilizaré solo uno.

Los astronómicos salarios y las prebendas de muchos responsables de entidades financieras, junto con la chapucera gestión de otros, son éticamente reprobables y perversos para el buen funcionamiento de una sociedad. Dicho esto me pregunto cuándo llegará el momento de aceptar que el rescate de los bancos y cajas financiado por todos no produjo un beneficio exclusivo para los banqueros y los grandes accionistas. El rescate sirvió también a pequeños accionistas y gran cantidad de depositantes. ¿O es que no queremos acordarnos?

Doy por hecho que todos queremos vivir en una sociedad próspera, con una justa distribución de la renta, sostenible ambientalmente, con expectativas positivas para los jóvenes... Para conseguirlo, los gobiernos tienen que demostrar decisión, visión e ideas correctas. Y todos debemos exigirlo con determinación evitando caer en lo que calificaré como “trampas intelectuales”.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon