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¿Penalty al relojero del spray del mundial?

El Mundo El Mundo 14/06/2014 Martín Mucha

Corinthians Arena de São Paulo. 61.600 espectadores dentro del estadio, 3.400 millones por televisión. Minuto 41. Primer partido del Mundial. El Brasil de Neymar contra la Croacia de Modric. Falta, tiro libre. El árbitro coge un bote de aerosol y dibuja una línea en el campo. Momento crucial. Se utiliza por primera vez, en una fase final de la Copa del Mundo, un invento que evita uno de los grandes males del fútbol, cuando la barrera se adelanta y el jugador avanza la pelota en un tiro libre. Distancias reglamentarias respetadas.

A varios miles de kilómetros, en Málaga, Francisco Ortiz Delgado pasea por el campo de La Rosaleda. Ve, a esa distancia que separa la gloria de la indiferencia, un invento que considera suyo y que no le reconocen. El spray que revoluciona los campos de juego es idea de este viejo relojero. Muestra a Crónica los documentos que lo prueban. «Estoy indignado, el campeonato ha comenzado y nada», dice. No se queja de los dolores que le causa en la pierna la mala circulación, sino de lo que él cree es un robo sin precedentes en la historia del fútbol.

A punto de cumplir 62 años, Francisco recuerda cómo pasó. «Era el año 2000 e inscribí mi invento en la oficina del Registro General de la Propiedad Intelectual», cuenta. «Toda la información la tiene mi abogado, que es experto en estos temas». Su voz oscila entre el enfado y la indignación. Crónica contacta con su abogado y nos manda la documentación con la que sustentarán la demanda contra la FIFA.

Entre los papeles destaca la humilde carta de un hombre que vivía de arreglar relojes y que en sus ratos libres inventaba aparatos, con la sabiduría que le daba la paciencia y el tiempo libre. Sus hijos ya eran mayores y su relación con su mujer ya no era la ideal. Experto en fútbol, una de sus ideas era revolucionaria y así lo plasmó en el documento que presentó ante Propiedad Intelectual: «Raya en el césped para perfeccionar la distancia de las barreras del fútbol». Lo presentó en sus oficinas a las 12.50 horas del 19 de junio del 2000.

Semanas después le remite una carta a la Fifa, a su presidente Joseph Sepp Blatter. Fue entregada el 16 de agosto de ese año, según acredita un certificado de Correos. ¿Traspapelado entre los cientos de miles de cartas que recibe uno de los organismos más importantes del mundo? No. La propuesta del malagueño fue rápidamente analizada. Sólo cuatro días después respondía Walter Gagg, entonces director de la división de desarrollo. «Una medida de estas características no es viable, ya que en pocos minutos el césped estaría completamente recubierto de marcas coloreadas, por lo que sería imposible discernir el punto exacto marcado por el arbitro».

Decepcionado, Ortiz responde: «Preparé un bote de aerosol de la empresa Navasol. Sus químicos hicieron unas pruebas y se desvanecía en dos minutos y medio como máximo». Navasol Spray es una reconocida empresa catalana. Fabricó el primer bote de pintura en aerosol hecho íntegramente en España y está especializada en nieve artificial. La combinación ideal. Todo cuadra en el relato de Francisco.

Incluso hay una carta del jefe del Registro Provincial de la Propiedad Intelectual que precisa los detalles de su invento. Reconoce que la idea «punto y raya en el terreno de juego para analizar las distancias las barreras en el fútbol por el árbitro con un expray (sic)» se registró el 23 de mayo de 2001. Francisco registraba cada paso que daba.

Botas-goles, otro invento

Seguía inventando: zapatillas de fútbol para remates perfectos, aparatos para rescatar montañeros... Hasta que su vida dio un giro radical. Se enteró de que su invento se iba a utilizar en el Mundial. ¿Quién era el creador para la Fifa? Es fabricado por la empresa argentina Fair Play 9.15 Limit. Y se considera el autor intelectual al periodista Pablo Silva. Crónica lo ubica.

-¿Cómo se le ocurre?

-La idea surge jugando un partido entre amigos en Buenos Aires.

-¿Cuándo?

-En 2002.

-¿Sabe que hay una patente registrada antes por un español?

-Soy el verdadero inventor. Las patentes las tenemos en la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual).

-Usted ha reconocido que lo patentó más tarde...

-Hacele la nota a él... [sube la voz, furibundo]. No me interesan las polémicas.

Cuelga.

«La espuma evanescente en aerosol 9.15, inventada, creada y producida en Argentina, fue presentada en la B Nacional de la Argentina (Chacarita-Rafaela) en 2008», escribió el diario bonaerense Clarín cuando se supo que se había aprobado el invento para su uso. El titular: «Un invento argentino que jugará su primer Mundial».

¿Cómo sucedió? Las fechas en que presenta su invento Francisco están certificadas con documentos. El relojero que va en silla de ruedas escribe en el césped: «Plagio».

Pablo Silva, que ya ha vendido más de 150.000 botes, asegura que «Grondona fue una pieza vital en el proyecto y lo fui a ver por esto. Enseguida se dio cuenta de que era una cosa que iba a funcionar». Grondona es presidente de la Asociación del Fútbol Argentino y vicepresidente Senior de la FIFA. ¿Y Walter Gagg? Trabajan estrechamente. Ha ascendido en estos años. Es un alto directivo de la FIFA y la mano derecha de Joseph Blatter, el todopoderoso presidente.

Gagg, el hombre que desechó la idea de Francisco, es citado por el periodista de investigación escocés Andrew Jennings, en su texto Conozca a los jefes de la mafia de la Fifa. En manos de este hombre estuvo el invento de Francisco.

El caso del relojero-inventor lo lleva Antonio Checa Gómez de la Cruz, experto en propiedad intelectual y quien ha defendido a gigantes como Warner. Está convencido de que ganarán el caso. «A él le he dado todos los justificantes», afirma Francisco, el relojero que trabajaba las mejores marcas: Longiness, Omega, Seiko, Certina, Cartier. Padre de cuatro hijos, le queda el consuelo del reconocimiento del más pequeño que con rabia colocó en Facebook: «"Un español ha conseguido llevar su invento a un Mundial de Fútbol". Eso ha puesto, sí», dice orgulloso Francisco.

La polémica es más grande pues otro brasileño reclama la autoría de un spray que cuesta cuatro euros el bote y que se usó en el campeonato profesional brasileño en agosto de 2001. El letrado Checa añade: «Multipliquen por los 25.000 partidos que como mínimo se juegan profesionalmente cada semana. Hay muchos millones en juego». Y más considerando que la idea es que cada árbitro lleve uno.

Francisco espera que la FIFA reconozca lo que con documentos puede probar. Sale del estadio en una silla de ruedas que aún no domina. Continuará...

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