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¿Por qué Rajoy no se echa a un lado?

El Economista El Economista 23/02/2016
Mariano Rajoy. © EFE Mariano Rajoy.

"Si el 50% de mis electores pensara que yo soy el problema, me lo plantearía", dijo este lunes Albert Rivera tras conocerse el último sondeo publicado, esta vez por el diario El Mundo, según el cual el 48% de los votantes del PP no quiere que Mariano Rajoy repita como candidato y más del 75%, sin definir ideologías, tampoco.

Mediodía de lunes. Rajoy interviene en el Comité Ejecutivo del Partido Popular y, con comodidad (defiende a capa y espada sus 122 escaños, su superioridad frente al PSOE y sus diferencias programáticas) y sin contestación, anuncia su intención de presentarse a la tercera investidura a la Presidencia del Gobierno en el caso de que Sánchez pierda las dos primeras y de que el Rey entienda que ha llegado el momento del político popular.

El máximo mandatario del PP aprovechó el acto para reivindicar su papel de adalid contra la corrupción en el mismo día en el que Alfonso Grau era detenido por la Guardia Civil en su propio domicilio, en el que Juan Carlos Vera sigue señalado por los favores económicos de la Gürtel, y la encuesta de El Mundo matizaba que, la principal razón de la pérdida de votos de los populares es y continúa siendo esencialmente la corrupción. Para el cálculo matemático, el domingo el sondeo de este diario traducía la desafección en número de escaños. Y el PP era (119), junto a Podemos (60), el más perjudicado frente a PSOE (93) y Ciudadanos (50), a los que parecen premiar los electores por su voluntad de entendimiento.

Aunque no haya reconocimiento explícito, sin sondeos oficiales y oficiosos en la mano, en el PP también se estudia esta tendencia. Un anticipo electoral no beneficiaría a los intereses de Mariano Rajoy en el caso de que se obstinara a seguir como candidato, ahora que crecen rumores de alianzas electorales previas entre el PSOE y Ciudadanos.

Ajeno a la demoscopia, Rajoy ha adelantado a su grey que "no piensa actuar motivado por la histeria", hablando de corrupción, y olvidando que Barberá continúa aforada por su condición de miembro de la Diputación Permanente del Senado, pese a que muchos dirigentes del PP piden que se le retire esta prebenda política.

Hartazgo en el PP

Pero en el Partido Popular se empiezan a mover cosas. Hablan los dirigentes en los pasillos, dejan caer opiniones en tertulias políticas, filtran comentarios, hipótesis, deseos. Ayer, sin ir más lejos, ABC retrataba la convicción que se hace extensible en Génova de que habrá nuevas elecciones el 26 de junio y de que si concurren por separado -es decir, si no se presentan en alianza con Ciudadanos- persistirá el actual bloqueo. Y no son cualquier voz. ABC habla de pesos pesados del Gobierno y del Partido Popular. Voces, que por cierto ayer estuvieron calladas mientras su líder se dirigía a ellos y valoraba las setenta y tantas medidas contra la corrupción, y la importancia de mantener un no a Pedro Sánchez y de no hacer quimeras con una abstención a un posible Gobierno formado por PSOE y Ciudadanos.

El relato político de este fin de semana del popular presidente de Vizcaya, Antón Damborenea ("estamos hasta los cojones de leer todos los días gente del PP pringada"), o el hartazgo de María del Mar Blanco de este lunes, y de "una inmensa mayoría" de integrantes de esta formación contra los corruptos que "se lo llevan calentito", difieren con la pólvora seca de la que habla José María Carrascal, quien pondera la paciencia de Rajoy, mientras en su partido más de uno se tira de los pelos ante la inacción de su jefe de filas.

El doble bloqueo entre Sánchez y Rajoy, y entre Rajoy y Sánchez desespera a propios y extraños. Ciudadanos quiere que el PSOE se defina y elija novia, Podemos juega a a reventar a Sánchez y a dejarle un hueco en la celebración de la boda, y Rajoy, sencillamente espera que los tiempos se dilaten y que llegue el momento en el que todo cambie, porque todo, quién sabe -debe pensar el presidente-, puede cambiar.

La salvación del PP sin Rajoy

Aislado en el Congreso de los Diputados, asolado por la corrupción y el desafecto creciente entre militantes y dirigentes de su partido, presionado por medios y empresarios, sonado por su mismidad y alentado dos horas al día por la genuflexión de su parroquia ejecutiva, la idea que ronda en la cabeza de algunos líderes populares para salvar algún que otro mueble en el partido consistiría en el ofrecimiento a Rajoy, a cambio de la abstención del PP en una votación de investidura que tendría lugar antes del 3 de mayo, de un Gobierno en que se incluyeran algunos independientes negociados a tres bandas: PSOE, PP y Ciudadanos.

Es decir, un Ejecutivo con mayoría de ministros socialistas, con la participación de Ciudadanos y la incorporación de personas no adscritas al PP pero que sí contarían con su visto bueno. Este ha sido un futurible expresado por Casimiro García-Abadillo en las páginas de El Mundo, quien además plantea este otro interrogante: "¿Y si el PP aceptase ese planteamiento pero incluyendo en la negociación que el presidente del Gobierno fuera también de consenso?... "Tras el 5 de mayo -rubrica Gª-Abadillo- esta fórmula estará sobre la mesa. Y es muy probable que salga adelante". Entonces los sondeos ya no servirán para nada.

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